Contrato de Apariencias

Capítulo 13

Valentina pasó toda la entrada del evento intentando convencerse de que no le importaba.

Spoiler:
sí le importaba.

Muchísimo.

Porque Adrián estaba diferente.

No frío.
No cruel.

Peor.

Controlado.

Demasiado consciente de cada palabra, cada mirada y cada segundo cerca de ella.

Como si estuviera construyendo distancia deliberadamente.

Y ella odiaba que eso doliera tanto.

El enorme salón empresarial estaba lleno de empresarios elegantemente vestidos, conversaciones sofisticadas y música instrumental suave.

Todo brillaba.
Todo era perfecto.
Todo parecía diseñado para recordarle que no pertenecía ahí.

Otra vez.

Un fotógrafo se acercó apenas entraron.

—Señor Beaumont, ¿una fotografía?

Adrián asintió automáticamente.

Y entonces ocurrió algo pequeño…
pero horrible para el corazón de Valentina.

Él colocó una mano en su espalda.

Formal.
Suave.
Distante.

No como antes.

Antes la tocaba como si olvidara hacerlo conscientemente.

Ahora parecía recordarse constantemente que no debía acercarse demasiado.

Dios.

Eso fue muchísimo peor.

El flash iluminó el momento.

—Perfecto —dijo el fotógrafo—. Un poco más cerca, por favor.

Valentina sintió automáticamente el cuerpo tensarse.

Porque el problema era que ella sí quería acercarse.

Qué humillante.

Adrián dudó apenas un segundo antes de reducir mínimamente la distancia entre ambos.

Solo lo necesario para la foto.

Y aun así el perfume de él volvió a golpearla inmediatamente.

Malísima idea seguir reaccionando así.

—Gracias —dijo el fotógrafo alejándose.

El momento terminó enseguida.

Adrián apartó la mano suavemente.

Y el vacío pequeño que dejó fue completamente ridículo.

Valentina ya estaba perdiendo la dignidad emocional oficialmente.

—¿Quieres algo de tomar?

Ella levantó la mirada hacia él.

Seguía demasiado elegante.
Demasiado guapo.
Demasiado peligroso para su estabilidad mental.

Y peor aún…

Ahora parecía distante.

Eso solo hacía que quisiera más su atención.

Patético.

—Champagne está bien.

Adrián asintió antes de alejarse hacia la barra.

Y apenas él se fue, Valentina sintió todas las miradas encima otra vez.

Mujeres observándola.
Hombres curiosos.
Personas intentando descifrar qué hacía ella junto a Adrián Beaumont.

La inseguridad apareció inmediatamente.

Porque claro.

Bastaba mirar alrededor para entender la diferencia entre ellos.

Todas las mujeres ahí parecían sacadas de revistas de lujo.

Elegantes.
Perfectas.
Seguras.

Ellas sí encajaban en el mundo de Adrián.

No una camarera que todavía se ponía nerviosa entrando a restaurantes franceses.

—Así que tú eres Valentina.

La voz femenina apareció suavemente a su lado.

Valentina giró apenas encontrándose con una mujer rubia elegantísima.

Hermosa.
Refinada.
Y claramente rica desde el nacimiento.

Perfecto.

—Sí…

La mujer sonrió apenas.

—Clara Beaumont.

Oh Dios.

Oh no.

BEAUMONT.

El cerebro de Valentina dejó de funcionar medio segundo.

—¿Beaumont?

La mujer pareció divertirse inmediatamente.

—Hermana mayor de Adrián.

Perfecto.

Simplemente perfecto.

Valentina sintió ganas inmediatas de lanzarse por la ventana más cercana.

Clara observó discretamente su expresión nerviosa y soltó una pequeña risa.

—Relájate. No muerdo.

—Todavía no estoy segura.

Eso le gustó inmediatamente.

—Ahora entiendo por qué mi hermano parece menos miserable últimamente.

Silencio.

Valentina literalmente dejó de respirar un segundo.

—¿Qué?

Clara tomó una copa de champagne de una bandeja cercana antes de responder.

—Adrián normalmente odia este tipo de eventos.

—Sigue odiándolos.

—Sí, pero ahora al menos mira a alguien más además de las salidas de emergencia.

Eso hizo que el corazón de Valentina tropezara otra vez.

Porque incluso después de todo…
seguía ocurriendo.

La gente seguía notando cómo Adrián la miraba.

Y eso confundía muchísimo más las cosas.

—Creo que exageras.

Clara sonrió apenas.

—Créeme. Llevo treinta y cinco años viendo a mi hermano actuar emocionalmente estreñido. Sé cuándo algo cambia.

Valentina soltó una pequeña risa involuntaria.

Y justo en ese momento Adrián regresó con las copas.

Su expresión cambió apenas al verlas juntas.

—Clara.

—Hermano emocionalmente complicado.

Él literalmente cerró los ojos un segundo.

—¿Qué le estás diciendo?

—La verdad. Alguien tiene que hacerlo.

Valentina tuvo que contener una sonrisa.

Porque por primera vez estaba viendo a Adrián ligeramente incómodo de verdad.

Y era extrañamente adorable.

Mala palabra.

Muy mala palabra para pensar sobre él.

Clara miró entre ambos antes de suspirar dramáticamente.

—Bueno, voy a dejarlos antes de que Adrián me despida emocionalmente.

—Gracias.

—Diviértanse. O al menos intenta no parecer un villano corporativo toda la noche.

Y se alejó.

Valentina observó a Adrián apenas la hermana desapareció entre la multitud.

—Tu hermana es divertida.

Él soltó aire por la nariz.

—Es insoportable.

Pero había una pequeña suavidad en su voz.

Y eso hizo que Valentina lo mirara un segundo más de la cuenta.

Porque le gustaba descubrir esas pequeñas grietas en él.

La versión menos perfecta.
Más humana.

El problema era que mientras más conocía esa parte…
más difícil se volvía no enamorarse completamente.

La noche avanzó lentamente entre conversaciones empresariales y demasiadas personas intentando hablar con Adrián.




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