Contrato de Apariencias

Capítulo 14

La mano de Adrián seguía extendida frente a ella.

Y el verdadero problema era que Valentina todavía quería tomarla.

Incluso después de todo.

Después de las conversaciones incómodas.
Después de las reglas.
Después de los intentos torpes de distancia emocional.

Todavía quería acercarse a él.

Qué humillante.

El salón seguía lleno de personas elegantes moviéndose lentamente al ritmo de la música suave, pero por un instante Valentina sintió que todo desaparecía un poco.

Solo existían:
la mano de Adrián,
su mirada fija,
y esa tensión rara que parecía crecer cada vez que estaban demasiado cerca.

—Voy a pisarte —murmuró finalmente.

Eso hizo aparecer una pequeña sonrisa en él.

Real.
Pequeña.
Peligrosamente bonita.

—Sobreviviré.

Y ahí estuvo otra vez el problema.

Porque Adrián seguía haciéndola sentir especial incluso cuando intentaba no hacerlo.

Valentina colocó lentamente su mano sobre la de él.

Y el cuerpo completo de Adrián reaccionó inmediatamente.

Calor recorriéndole el pecho.

Mierda.

Ya ni siquiera podía tocarla sin sentir cosas demasiado intensas.

Eso definitivamente estaba saliendo mal.

La acercó suavemente hacia la pista.

No demasiado.
Solo lo necesario.

Y aun así el perfume suave de Valentina volvió a golpearlo inmediatamente.

Vainilla.
Algo floral.
Algo peligrosamente asociado ya a tranquilidad en su cabeza.

Eso era gravísimo.

Porque Adrián Beaumont llevaba años sintiéndose cómodo únicamente solo.

Y ahora una mujer estaba empezando a parecerse demasiado a hogar.

—Relájate —murmuró él apenas colocó una mano en su cintura.

Grave error.

Porque el cerebro de Valentina dejó de funcionar automáticamente.

Otra vez.

Dios santo.

La mano de Adrián sobre ella seguía sintiéndose demasiado íntima.

Demasiado consciente.

Como si incluso intentando mantener distancia…
él no pudiera evitar tocarla con cuidado.

La música suave llenó el espacio entre ambos mientras empezaban a moverse lentamente.

Y para empeorar todavía más la situación…

Adrián sí sabía bailar.

Perfectamente.

—Mentiroso —susurró ella.

Él bajó apenas la mirada hacia ella.

—¿Qué hice ahora?

—Dijiste que no sabías bailar.

Eso hizo que una pequeña curva apareciera en sus labios.

—Técnicamente dije que no sabía bailar cosas elegantes.

—Esto es literalmente elegante.

—Entonces claramente mentí.

Valentina soltó una risa pequeña.

Y el sonido golpeó directo algo dentro de Adrián.

Otra vez.

Siempre ella haciéndole cosas extrañas al pecho.

Mala señal.

Muy mala señal.

Porque el problema ya no era físico.

Sí, Valentina era hermosa.
Muchísimo.

Pero eso no era lo que realmente lo estaba destruyendo.

Era:
cómo se preocupaba por otros,
cómo hacía bromas cuando estaba nerviosa,
cómo parecía iluminar cualquier espacio donde entraba.

Y sobre todo…

La forma en que lo miraba.

Como si todavía viera algo bueno en él.

Eso sí era peligroso.

Valentina intentaba concentrarse en la música.

Spoiler:
imposible.

Porque Adrián estaba demasiado cerca.

La mano firme sobre su cintura.
El calor de su cuerpo.
La manera en que la miraba cuando creía que ella no lo notaba.

Dios.

¿Cómo se suponía que sobreviviera emocionalmente a eso?

—Estás pensando demasiado otra vez —murmuró él.

Ella levantó apenas la vista.

Y cometió un error enorme.

Mirarlo directamente.

Porque Adrián ya estaba observándola con esa intensidad silenciosa que parecía arrancarle lentamente todas las defensas.

—Es tu culpa.

Eso le arrancó una pequeña sonrisa.

—Interesante teoría.

—Es científica.

Él soltó aire divertido por la nariz.

Y Valentina sintió el pecho apretarse un poco.

Porque hacía rato no lo veía así de relajado.

Desde antes de la conversación en el restaurante.

Desde antes de que él empezara a recordarse constantemente que debía mantener distancia.

Y el verdadero problema…

Era que esta noche parecía estar olvidándolo otra vez.

Del otro lado del salón, Clara observaba la escena con expresión cada vez más divertida.

Leonardo apareció junto a ella sosteniendo una copa.

—Tiene cara de hombre emocionalmente condenado.

Clara soltó una risa inmediata.

—Oh, completamente.

Ambos observaron a Adrián.

Él seguía bailando lentamente con Valentina.

Y el problema era evidente.

La estaba mirando demasiado.

No como alguien fingiendo.
No como un hombre jugando.

La miraba como si estuviera intentando memorizarla.

—¿Cuánto falta para que admita que está enamorado? —preguntó Clara.

Leonardo suspiró.

—Entre tres días y una crisis emocional.

Eso la hizo reír otra vez.

—Nunca había visto a Adrián tan perdido por alguien.

—Él tampoco.

Y precisamente ahí estaba el desastre.

Porque Adrián Beaumont era un hombre acostumbrado a controlar absolutamente todo.

Empresas.
Negocios.
Personas.
Situaciones.

Pero Valentina…

Valentina lo estaba desordenando completo sin siquiera intentarlo.

—¿Por qué me miras así?

La pregunta tomó desprevenido a Adrián.

Volvió la atención inmediatamente hacia Valentina.

Ella seguía moviéndose lentamente con él mientras lo observaba con una mezcla peligrosa de nervios y honestidad.

—¿Así cómo?

—Como si quisieras decir algo y no supieras cómo.

Mierda.

Porque era exactamente eso.

Adrián tragó saliva lentamente.

El problema era que había demasiadas cosas que quería decirle últimamente.

Cosas completamente equivocadas.




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