Contrato de Apariencias

Capítulo 15

El automóvil seguía detenido frente al edificio de Valentina.

Pero ninguno de los dos parecía capaz de moverse.

La confesión de Adrián todavía flotaba entre ellos como algo demasiado grande para ignorarlo.

“Cada vez quiero estar más cerca de ti.”

El corazón de Valentina seguía golpeando demasiado fuerte.

Porque eso…
eso era exactamente lo que llevaba semanas queriendo escuchar.

Y aun así no se sentía tan bonito como imaginó.

Porque el problema nunca había sido que Adrián no sintiera cosas.

El problema era lo que hacía después de sentirlas.

Retroceder.

Siempre retroceder.

Valentina lo observó en silencio unos segundos.

Él seguía mirándola igual.

Intenso.
Honesto.
Peligrosamente vulnerable.

Como si finalmente estuviera cansado de fingir que aquello no le afectaba.

Y Dios.

Eso hacía muchísimo más difícil protegerse emocionalmente.

—Adrián…

La voz le salió suave.

Cansada.

Porque ya no tenía energía para seguir fingiendo que aquello no le dolía.

Él tragó saliva lentamente.

Había algo en la expresión de Valentina que lo puso inmediatamente alerta.

Como si supiera que lo que venía no iba a gustarle.

Y tenía razón.

—El problema no es que quieras acercarte a mí.

Silencio.

El pecho de Adrián empezó a tensarse lentamente.

Porque ya sabía hacia dónde iba esto.

Valentina sostuvo su mirada.

Y esta vez no escondió la tristeza detrás del sarcasmo.

—El problema es que siempre terminas alejándote después.

Boom.

Directo al pecho.

Porque era verdad.

Una verdad brutal.

Y escucharla en voz alta fue muchísimo peor.

Adrián apartó apenas la mirada hacia la ventana.

Como si necesitara un segundo para respirar correctamente.

Porque sí.

Eso era exactamente lo que llevaba haciendo desde el inicio.

Acercarse.
Sentir demasiado.
Asustarse.
Retroceder.

Y el verdadero problema era que ya no sabía cómo detener ese ciclo.

—No quiero lastimarte.

La frase salió bajita.

Honesta.

Pero Valentina soltó una pequeña risa triste inmediatamente.

—Ya lo estás haciendo.

Mierda.

El aire dentro del automóvil se volvió pesado.

Muchísimo.

Porque ella no estaba gritando.
Ni reclamando.
Ni dramatizando.

Y precisamente por eso dolía más.

Porque sonaba cansada.

Como alguien intentando aceptar una realidad que no quería.

Adrián volvió lentamente la mirada hacia ella.

Y verla así le provocó algo horrible en el pecho.

Culpa.

Una culpa real.

No estaba acostumbrado a eso.

Normalmente las relaciones en su vida eran simples.
Superficiales.
Controladas.

Pero Valentina…

Valentina le importaba demasiado ya.

Y eso convertía cada error suyo en algo insoportable.

—No sé hacer esto bien —admitió finalmente.

La honestidad en su voz hizo que algo dentro de Valentina se rompiera un poquito más.

Porque se veía tan genuinamente perdido.

Tan poco acostumbrado a sentir cosas reales.

Dios.

Eso hacía demasiado difícil enojarse con él completamente.

Pero tampoco podía seguir permitiendo que la acercara y la empujara lejos constantemente.

Porque ya estaba enamorándose.

Y eso empezaba a asustarla muchísimo.

—Entonces deja de intentarlo a medias.

Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.

Silencio.

Completo.

Adrián dejó de respirar apenas un segundo.

Porque ella acababa de decir exactamente lo que él llevaba semanas evitando enfrentar.

No podía seguir en el medio.

No podía:

  • besarla como si significara todo,
  • mirarla como si fuera especial,
  • protegerla constantemente,
  • y luego esconderse detrás del contrato.

Eso ya no estaba funcionando.

La mandíbula de Adrián se tensó apenas.

Porque por primera vez en muchísimo tiempo…
alguien estaba obligándolo a mirar directamente algo que llevaba años evitando:

sus propios sentimientos.

—Valentina…

Ella negó suavemente.

—No. Escúchame tú ahora.

Y ahí estuvo otra vez.

Esa honestidad peligrosa de ella.

La forma en que hablaba incluso cuando estaba rota por dentro.

—No necesito promesas —continuó—. Ni finales felices ni discursos románticos.

La voz le tembló apenas al final.

Muy poquito.

Pero Adrián lo notó igual.

Claro que sí.

—Solo necesito saber si voy a seguir sintiéndome importante para ti un día… y un error al siguiente.

Dios.

Eso sí lo destruyó un poco.

Porque jamás quiso hacerla sentir así.

Pero exactamente eso estaba haciendo.

El silencio volvió a llenar el automóvil.

Pesado.
Doloroso.

Hasta que Adrián pasó lentamente una mano por su rostro.

Agotado emocionalmente.

—Te juro que estoy intentando entender qué hacer contigo.

Valentina soltó una pequeña risa sin humor.

—Ese probablemente es el comentario menos romántico de la historia.

Y aun así…

Los dos sonrieron apenas.

Porque eso era muy ellos.

Incluso en medio del desastre emocional…
seguían encontrando pequeños momentos absurdamente humanos.

El problema fue que la sonrisa desapareció rápido.

Porque la realidad seguía ahí.

Y la realidad era que ambos estaban cruzando líneas peligrosísimas.

Adrián la observó en silencio.

El cabello ligeramente despeinado.
El vestido azul.
Los ojos cansados de sentir demasiado.

Y por primera vez…

Tuvo miedo real de perderla.

La realización fue tan fuerte que casi lo dejó sin aire.

Porque Adrián Beaumont jamás había sido un hombre que se quedara.

Las personas entraban y salían de su vida constantemente.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.