Valentina descubrió que el internet podía ser cruel antes incluso de terminar su primer café.
Muy cruel.
—No lo abras.
Camila prácticamente le arrebató el celular de las manos.
Demasiado tarde.
Porque Valentina ya había alcanzado a leer el titular principal.
“La nueva obsesión de Adrián Beaumont: una camarera jugando a pertenecer a la élite.”
El pecho se le tensó inmediatamente.
Perfecto.
Maravilloso.
Siguió leyendo igual.
Error gigantesco.
Porque mientras más bajaba…
peor se volvía.
Había fotografías suyas entrando a la cafetería.
Fotos con Adrián.
Comentarios sobre su ropa.
Sobre su trabajo.
Sobre cómo “claramente” estaba aprovechándose de él.
Y entonces encontró el peor.
“Fuentes cercanas aseguran que la relación forma parte de un acuerdo conveniente para ambas partes.”
El aire abandonó lentamente sus pulmones.
Porque eso…
Eso estaba demasiado cerca de la verdad.
Camila observó inmediatamente cómo cambió su expresión.
—Hey.
Valentina dejó lentamente el celular sobre la barra.
Intentando actuar normal.
Spoiler:
no lo estaba logrando.
—Estoy bien.
Mentira horrible.
Porque aquello dolía muchísimo más de lo esperado.
No por ella.
Bueno… sí por ella también.
Pero sobre todo porque ahora todo el mundo estaba convirtiendo algo que ya se sentía real en un espectáculo público.
Y una parte pequeñísima de Valentina comenzó a preguntarse algo terrible:
¿Y si Adrián eventualmente también terminaba avergonzándose de ella?
Dios.
Necesitaba dejar de pensar así.
—Las personas son idiotas —murmuró Camila.
Valentina soltó una pequeña risa sin humor.
—No están diciendo nada completamente falso.
Eso hizo que Camila frunciera el ceño inmediatamente.
—No empieces con eso.
Pero era difícil no hacerlo.
Porque bastaba mirar objetivamente la situación.
Adrián Beaumont podía estar con:
empresarias,
modelos,
mujeres elegantes nacidas en ese mundo.
Y en cambio estaba saliendo en portadas con una camarera que todavía se ponía nerviosa pronunciando nombres franceses en los restaurantes.
La diferencia entre ellos nunca había sido tan evidente como ahora.
La puerta de la cafetería se abrió justo en ese momento.
Y el corazón de Valentina reaccionó automáticamente otra vez.
Maldito órgano traidor.
Adrián entró mirando el celular.
Expresión peligrosa.
Mandíbula tensa.
Pasos rápidos.
Oh.
Oh no.
Camila miró inmediatamente entre ambos.
—Bueno… alguien parece estar a punto de cometer homicidio corporativo.
Valentina tragó saliva lentamente.
Porque ya conocía esa expresión.
Adrián estaba furioso.
Muchísimo.
Él levantó la vista apenas llegó a la barra.
Y el segundo exacto en que vio la cara de Valentina…
algo dentro de él empeoró.
Porque ella ya había leído todo.
Mierda.
Claro que sí.
—¿Desde cuándo sabes? —preguntó él.
La voz salió demasiado controlada.
Y eso normalmente significaba desastre.
—Desde hace veinte minutos.
Adrián cerró los ojos apenas un segundo.
Como si estuviera intentando no destruir algo.
—Voy a arreglarlo.
Y ahí estuvo el problema.
Porque Valentina ya estaba demasiado herida para escuchar eso correctamente.
—¿Arreglar qué exactamente? ¿La parte donde todos creen que soy una interesada o la parte donde descubrieron que soy camarera?
Boom.
Eso lo hizo levantar la mirada inmediatamente.
Porque había dolor real en su voz.
No sarcasmo.
No bromas.
Dolor.
Y Adrián sintió algo oscuro retorcerse dentro del pecho.
No soportaba verla así.
—Valentina…
Ella negó suavemente.
Y por primera vez desde que lo conocía…
retrocedió emocionalmente de él.
Poquito.
Pero Adrián lo sintió igual.
—No pasa nada. Ya sabía que eventualmente esto iba a pasar.
La frase cayó tranquila.
Demasiado tranquila.
Y eso lo desesperó más.
Porque estaba aceptándolo como si mereciera ser humillada públicamente.
Como si creyera que él permitiría algo así.
—No voy a dejar que hablen así de ti.
La respuesta salió inmediata.
Firme.
Protectora.
Pero Valentina soltó una pequeña risa triste.
—Adrián… ni siquiera saben quién soy realmente y ya les doy vergüenza.
Eso sí lo hizo explotar por dentro.
Porque no.
No.
Jamás.
Y el hecho de que ella siquiera pensara eso le provocó una rabia brutal.
Camila observó el ambiente peligrosamente cargado y tomó la decisión más sabia de la historia.
—Voy a… desaparecer antes de presenciar una crisis romántica millonaria.
Y huyó hacia la cocina.
Traidora profesional.
Ahora sí quedaron solos.
El silencio entre ambos se volvió pesadísimo.
Adrián seguía mirándola fijamente.
Y algo dentro de él estaba empezando a romperse de verdad.
Porque Valentina se veía herida.
No furiosa.
No dramática.
Peor.
Triste.
Y él no soportaba eso.
—Mírame.
La voz grave salió baja.
Intensa.
Valentina levantó lentamente la vista.
Y ahí fue cuando Adrián perdió completamente la poca paciencia emocional que le quedaba.
—¿Tú de verdad crees que me importa lo que digan de ti?
Ella tragó saliva apenas.
Porque él sonaba genuinamente ofendido.
—No lo sé, Adrián.
La honestidad en su voz fue un golpe directo al pecho.
Porque claro.
Él nunca le había dado seguridad real.
Solo contradicciones.
Y ahora estaba pagando el precio de eso.
Adrián pasó una mano por su mandíbula frustradamente.
—¿Sabes qué es lo que realmente me molesta de todo esto?
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Editado: 30.05.2026