Contrato de Apariencias

Capítulo 19

—No lo sé.

La respuesta de Adrián siguió resonando en la mente de Valentina incluso después de que la cena terminó.

Porque era la verdad.

Y curiosamente…

La verdad daba más miedo que cualquier mentira.

Durante semanas ella había imaginado todos los escenarios posibles.

Que Adrián le dijera que aquello era temporal.
Que volviera a esconderse detrás del contrato.
Que insistiera en mantener distancia.

Pero no había imaginado esto.

Un Adrián sincero.

Vulnerable.

Confundido igual que ella.

Y eso era peligrosamente esperanzador.

El trayecto de regreso fue tranquilo.

No incómodo.

Simplemente tranquilo.

Como si ambos estuvieran procesando demasiadas cosas al mismo tiempo.

Valentina observaba las luces de la ciudad pasar detrás de la ventana mientras intentaba ordenar sus emociones.

Misión imposible.

Porque el problema con Adrián era que siempre terminaba rompiendo todas sus certezas.

Cuando ella estaba convencida de que él iba a alejarse…

Se acercaba.

Cuando estaba segura de que sentía algo…

Huía.

Y ahora que finalmente parecía quedarse…

El miedo volvía.

Dios.

Enamorarse era agotador.

—¿En qué piensas?

La voz de Adrián rompió el silencio.

Valentina sonrió apenas.

—En que eres complicado.

Eso le arrancó una pequeña risa.

—Lo sé.

—No, no lo sabes.

—Créeme. Lo sé.

Y por alguna razón…

Aquella conversación sencilla hizo que ambos se relajaran un poco.

Porque durante semanas habían hablado de sentimientos como si fueran bombas.

Con cuidado.
Con miedo.

Pero ahora empezaban a hacerlo con honestidad.

Y eso era nuevo.

El automóvil se detuvo frente al edificio de Valentina.

Y por primera vez desde que comenzó todo…

Ninguno de los dos pareció apresurarse a terminar la noche.

Mala señal.

Muy mala señal.

Porque significaba que ambos estaban empezando a disfrutar demasiado simplemente estar juntos.

Adrián apoyó un brazo sobre el volante.

Observándola.

Y ahí estaba otra vez esa mirada.

La que últimamente aparecía cada vez más seguido.

Como si estuviera descubriendo algo.

O peor.

Como si estuviera intentando memorizarla.

—¿Qué?

La pregunta escapó antes de que pudiera evitarlo.

Adrián tardó unos segundos en responder.

—Nada.

—Mentiroso.

Eso hizo aparecer una sonrisa pequeña.

—Solo estaba pensando.

—Eso nunca termina bien.

—Acabo de decir exactamente lo mismo hace una hora.

—Porque soy una influencia excelente.

La sonrisa de Adrián creció apenas.

Y Dios.

Valentina sintió el corazón apretarse.

Porque cada vez le gustaba más verlo así.

Relajado.

Humano.

Feliz.

—Buenas noches, Valentina.

La forma en que dijo su nombre fue diferente.

Más suave.

Más personal.

Y eso hizo que algo dentro de ella se agitara inmediatamente.

Porque durante semanas había intentado no pensar demasiado en cómo Adrián pronunciaba su nombre.

Fracaso absoluto.

—Buenas noches, Adrián.

Ella abrió la puerta.

Y entonces ocurrió algo inesperado.

—Espera.

Valentina se giró inmediatamente.

El corazón acelerándose.

Porque había algo extraño en la voz de Adrián.

Algo vulnerable.

Él bajó la mirada apenas un segundo antes de volver a observarla.

Como si estuviera peleando consigo mismo.

Otra vez.

—¿Sí?

Silencio.

Y después…

—Me gustó esta noche.

Boom.

Directo al corazón.

Porque sonó tan sincero.

Tan simple.

Tan real.

Nada de grandes discursos.

Nada de frases perfectas.

Solo la verdad.

Y curiosamente…

Eso significó más que cualquier otra cosa.

Valentina sonrió despacio.

—A mí también.

Y por primera vez…

Ninguno de los dos sintió necesidad de esconderlo.

Aquella noche Adrián no durmió bien.

Otra vez.

Pero esta vez fue diferente.

No estaba luchando contra sus sentimientos.

No estaba intentando convencerse de que aquello era una mala idea.

No estaba huyendo.

Simplemente…

Pensaba en ella.

Y eso resultaba casi más peligroso.

Porque cada vez que cerraba los ojos aparecía la misma imagen.

Valentina riéndose en el restaurante.

Valentina haciendo bromas.

Valentina observándolo como si todavía creyera que había algo bueno en él.

Dios.

Ya era demasiado tarde.

Completamente demasiado tarde.

A la mañana siguiente.

Valentina llegó a la cafetería con una sensación extraña.

Una mezcla de felicidad y miedo.

Porque por primera vez desde que conoció a Adrián…

No sentía que estuviera perdiéndolo.

Y eso debería haber sido maravilloso.

¿Verdad?

Entonces, ¿por qué seguía teniendo tanto miedo?

—Tienes cara de mujer enamorada.

Camila apareció mágicamente a su lado.

Valentina cerró los ojos.

—Buenos días para ti también.

—¿Salieron?

—Sí.

—¿Se besaron?

—No.

—Qué decepción.

Valentina soltó una risa.

Y fue exactamente en ese momento cuando la puerta se abrió.

Otra vez.

Y otra vez su corazón reaccionó automáticamente.

Ridículo.

Completamente ridículo.

Pero esta vez no era Adrián.

Era Clara.

La hermana de Adrián.

Elegante como siempre.

Perfecta como siempre.

Y sonriendo demasiado.

Eso jamás era buena señal.

—Hola.

Valentina sonrió.

—Hola.

Clara apoyó ambos brazos sobre la barra.

—Necesito hablar contigo.

Oh no.

Definitivamente oh no.

Media hora después estaban sentadas en una cafetería cercana.

Y Valentina seguía sin entender qué estaba pasando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.