Valentina descubrió algo importante aquella noche.
Dormir era completamente imposible después de besar a Adrián Beaumont.
Completamente.
Absolutamente.
Ridículamente imposible.
Llevaba más de una hora acostada mirando el techo de su habitación.
Intentando dormir.
Intentando pensar en otra cosa.
Intentando comportarse como una persona emocionalmente estable.
Fracaso absoluto.
Porque cada vez que cerraba los ojos volvía al mismo momento.
El muelle.
El atardecer.
La mano de Adrián apartando aquel mechón de cabello de su rostro.
La forma en que la había mirado.
Como si estuviera viendo algo precioso.
Algo importante.
Algo suyo.
Y después aquel beso.
Dios.
Aquel beso.
Valentina enterró el rostro contra la almohada.
Porque cuanto más lo recordaba más sonreía.
Y aquello era preocupante.
Muchísimo.
Mientras tanto…
Al otro lado de la ciudad.
Adrián tampoco dormía.
Lo cual era aún más preocupante.
Porque Adrián Beaumont era un hombre que funcionaba con horarios.
Con disciplina.
Con control.
Y sin embargo llevaba casi dos horas sentado frente a la ventana de su habitación.
Observando la ciudad.
Pensando en Valentina.
Otra vez.
Siempre Valentina.
La recordaba sonriendo.
La recordaba riendo.
La recordaba en el muelle.
La recordaba besándolo.
Y cada vez que pensaba en ello algo cálido se instalaba dentro de su pecho.
Algo que llevaba demasiado tiempo intentando ignorar.
Ya no podía hacerlo.
Porque aquella noche había dejado algo muy claro.
Ya no estaba enamorándose.
Ya estaba enamorado.
Y aquella verdad resultaba tan aterradora como maravillosa.
El celular vibró sobre la mesa.
Adrián observó la pantalla.
Y una sonrisa apareció antes de que pudiera evitarlo.
Valentina.
Perfecto.
Ahora ambos estaban despiertos.
¿Estás durmiendo?
Adrián soltó una pequeña risa.
Y respondió inmediatamente.
Claramente no.
Los tres puntitos aparecieron.
Desaparecieron.
Volvieron a aparecer.
Y por alguna razón aquello le provocó una felicidad absurda.
Bien. Pensé que yo era la única.
La sonrisa creció.
¿Por qué no puedes dormir?
La respuesta tardó apenas unos segundos.
Porque sigo pensando en algo.
Boom.
Directo al corazón.
Porque ambos sabían exactamente en qué estaba pensando.
Y ninguno necesitaba decirlo.
Valentina sonrió frente a la pantalla.
Porque incluso por mensajes Adrián conseguía ponerla nerviosa.
Aquello era ridículo.
Pero también maravilloso.
Y por primera vez en mucho tiempo…
Se permitió simplemente disfrutarlo.
Sin pensar en Isabella.
Sin pensar en el futuro.
Sin pensar en todo lo que podía salir mal.
Solo disfrutándolo.
Aquella conversación duró hasta las tres de la madrugada.
Hablando de todo.
Y de nada.
Como si ambos estuvieran descubriendo una nueva versión de su relación.
Una más ligera.
Más íntima.
Más real.
Y cuando finalmente se quedaron dormidos…
Los dos tenían la misma sonrisa.
A la mañana siguiente.
Camila supo inmediatamente que algo había ocurrido.
No necesitó explicaciones.
No necesitó pistas.
No necesitó investigación.
Porque Valentina entró a la cafetería con una expresión imposible de ocultar.
—Oh Dios mío.
Valentina dejó el bolso sobre una silla.
—Buenos días.
—Oh. Dios. Mío.
—Camila…
—Ya se besaron.
Silencio.
Valentina parpadeó.
—¿Qué?
—Ya se besaron.
—¿Cómo sabes eso?
Camila cruzó los brazos.
—Porque tienes cara de mujer que acaba de besar al amor de su vida.
Boom.
Directo a la dignidad.
—No puedo creer que tengas razón.
Camila abrió los ojos.
—¿Tengo razón?
—Sí.
—¡Tengo razón!
La celebración fue completamente innecesaria.
Pero imposible de detener.
Dos horas después.
Adrián apareció.
Como siempre.
Y el momento exacto en que sus miradas se encontraron…
Todo cambió.
Porque ahora ambos sabían.
Sabían lo que se sentía.
Sabían cómo era besarse.
Sabían que ya no existía distancia entre ellos.
Y aquello volvió el simple acto de mirarse algo peligrosamente íntimo.
—Hola.
La voz de Adrián sonó más suave de lo habitual.
Valentina sonrió inmediatamente.
—Hola.
Y durante unos segundos ninguno dijo nada.
Porque sinceramente…
No sabían cómo comportarse.
Aquello era nuevo para ambos.
Y extrañamente adorable.
Camila observó la escena.
Y tomó una decisión.
—Voy a desaparecer.
—Camila…
—No.
—Ni siquiera hice nada.
—Exacto.
Y desapareció.
Otra vez.
—¿Qué vas a hacer hoy?
La pregunta de Adrián sorprendió a Valentina.
—Trabajar.
—Además de eso.
Ella sonrió.
—No lo sé.
—Perfecto.
—Eso no respondió mi pregunta.
La sonrisa apareció lentamente en el rostro de Adrián.
Y aquello hizo tropezar el corazón de Valentina.
—Porque tengo una idea.
Tres horas después estaban caminando por una librería enorme.
Y sinceramente…
Valentina jamás habría imaginado una cita así.
—¿Me trajiste a comprar libros?
—Sí.
—Eres oficialmente el hombre más extraño que conozco.
Adrián parecía orgulloso.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo tomaré como uno.
Ella soltó una carcajada.
Y otra vez aquella sensación cálida apareció dentro de él.
La misma de siempre.
La que parecía crecer cada día.
Mientras tanto…
A varios kilómetros de allí.
#1009 en Novela contemporánea
#3219 en Novela romántica
#1016 en Chick lit
diferencias sociales, romance #superacion#autoestima, celos intensos
Editado: 19.06.2026