Contrato de Venganza

Capítulo 2 - Nikolai

Tengo la invitación en mi mano.

La boda de Marcus y su prometida… Elena.

Paso los dedos por el borde del papel sin apartar la mirada de su nombre. Como si al repetirlo en mi cabeza pudiera acostumbrarme a él. Pero no funciona. Nunca funciona.

Elena.

Exhalo lento, apoyándome contra el respaldo de la silla.

Dios.

Esa mujer me vuelve loco.

Su cabello oscuro, siempre impecable. Sus ojos, demasiado atentos a todo lo que la rodea. Y sus labios… carnosos, suaves, como si no encajaran del todo en un mundo tan frío como el suyo.

Y aun así… pertenece a Marcus.

Suelto una risa sin humor.

Marcus y yo somos enemigos desde hace años. Negocios, poder, control… todo se convirtió en una guerra silenciosa entre nosotros. Y, sin embargo, tuvo la brillante idea de invitarme a su boda.

O es arrogancia.

O es estupidez.

O quiere demostrar algo.

Dejo la invitación sobre la mesa y me paso una mano por la mandíbula, pensativo. La imagen de Elena aparece en mi mente sin permiso, como siempre.

La forma en que se mueve.
La forma en que intenta sonreír aunque no siempre lo logra.
La forma en que mira a Marcus… como si no entendiera del todo lo que él es.

Me inclino hacia adelante.

Marcus no la merece.

La idea me cruza la mente con una claridad peligrosa.

Frío.

Definitiva.

Me levanto y camino hacia la ventana. La ciudad está iluminada, viva, ajena a todo lo que realmente importa. Pero yo no la miro.

Sigo viendo a Elena.

Y por primera vez en mucho tiempo, no es solo deseo lo que siento.

Es una decisión.

Marcus cometió un error.

Y aún no lo sabe.

Pero cuando llegue el día de la boda…

va a perder algo más que una empresa.

La música retumba en el club como un latido enfermo. Luces rojas, cuerpos moviéndose sin control, alcohol, poder… todo lo que normalmente ignoro.

Hoy no.

Entro con calma, sin prisa, como si el lugar me perteneciera. Y en cierto modo, lo hace.

Uno de mis hombres me abre paso entre la multitud. No necesito buscar demasiado.

Los veo.

Marcus.

Y Tina.

Me detengo.

Él la tiene contra la pared, una mano en su cintura, la otra en su cuello, besándola con una intensidad que no encaja con un hombre que en una semana se va a casar.

Con Elena.

Mis dedos se cierran lentamente dentro del bolsillo del saco.

Interesante.

Doy un paso más cerca, sin que me noten todavía. Tina ríe contra sus labios, como si no hubiera un mundo fuera de ese beso. Marcus no se aparta. No duda. No piensa.

Solo la besa.

Mi mirada se afila.

Así que esto es lo que pasa cuando el novio perfecto se queda solo.

Desprecio.

No por moral.

Por idiotez.

Marcus se separa apenas unos centímetros de ella, sus frentes aún juntas. Dice algo que no alcanzo a escuchar, pero Tina sonríe como si ya lo supiera todo.

Como si esto no fuera nuevo.

Como si fuera costumbre.

Mi mandíbula se tensa.

Elena.

Su imagen cruza mi mente como un golpe seco.

Ella en su vestido de novia.
Ella intentando entenderlo.
Ella durmiendo sola mientras él está aquí… con otra mujer.

Mis manos se relajan lentamente.

No siento rabia.

Siento algo peor.

Claridad.

Marcus no solo es un enemigo.

Es un error.

Y los errores… se corrigen.

Saco el teléfono sin apartar la mirada de ellos y marco un número.

—Quiero todo lo que tengas sobre Tina —digo en voz baja.

Pausa.

—Y sobre Marcus. Todo.

Corto la llamada.

Vuelvo a mirar la escena.

Marcus vuelve a besarla.

Y esta vez… sonrío apenas.

Porque ahora sé exactamente por dónde empezar a destruirlo.

Marcus tarda un poco en verme.

Pero cuando lo hace, todo en él cambia.

Su cuerpo se tensa. Sus manos se separan de Tina como si hubiera tocado fuego. Sus ojos buscan salida en el club, pero ya es tarde.

Lo tengo frente a mí en segundos.

—Nikolai… —dice, forzando una sonrisa que no le sale.

No respondo de inmediato. Solo lo miro.

El silencio entre nosotros pesa más que la música del lugar.

Marcus traga saliva.

—No es lo que parece —dice rápido, acercándose un poco—. Esto… no significa nada.

Levanto una ceja.

—No significa nada —repito, despacio.

Tina se queda detrás de él, quieta ahora, incómoda, como si recién entendiera que no está en control de nada.

Marcus baja la voz.

—Escúchame… —dice—. No le digas esto a nadie. A nadie, Nikolai.

Por fin lo miro directamente.

Sus ojos están nerviosos. Sudor en la sien. Respira más rápido de lo normal.

Cobarde.

Doy un paso hacia él, apenas uno. No necesito más.

—¿Quieres que guarde el secreto? —pregunto en voz baja.

Asiente de inmediato.

—Sí. Por favor.

Suelto una risa corta, sin humor.

—Interesante.

El rostro de Marcus se endurece.

—No lo entiendes… esto no es lo que parece con Elena. Es complicado.

Ahí sí me detengo.

Elena.

Su nombre en su boca suena sucio.

Lo miro con más atención.

—¿Complicado? —repito—. Estás besando a otra mujer a días de casarte.

Marcus aprieta la mandíbula.

—No tienes idea de lo que pasa entre nosotros.

Eso me hace sonreír, pero esta vez no hay diversión.

Me acerco un poco más. Lo suficiente para que entienda que no está hablando con un socio, ni con un rival cualquiera.

Está hablando conmigo.

—Te voy a hacer una pregunta, Marcus —digo, frío—. Y quiero que la respondas con honestidad.

Silencio.

Él asiente.

Mis ojos se afilan.

—¿Por qué le haces esto a tu mujer?

El aire parece detenerse.

Marcus parpadea, confundido.

—¿Qué?

Doy otro paso.

—Elena —digo, firme—. Ella no se merece esto.

La expresión de Marcus cambia. Molestia. Incomodidad. Orgullo herido.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.