Contrato de Venganza

Capítulo 6 - Elena

Estoy en mi apartamento… demasiado tranquila.

Es extraño.

Después de todo lo que pasó, debería estar llorando, gritando, rompiendo algo.

Pero no.

Estoy sentada en la cocina, comiéndome unos huevos con pan tostado, como si nada hubiera cambiado.

Como si mi vida no se hubiera incendiado hace unas horas.

Tomo otro bocado, masticando despacio.

Silencio.

Paz.

Hasta que la puerta se abre.

El sonido es seco.

Fuerte.

Invasivo.

Levanto la mirada de inmediato.

Y lo veo.

Marcus.

El tenedor cae contra el plato.

—¿Quién carajos te dejó entrar? —le grito, levantándome de golpe.

Él ni siquiera se inmuta. Camina dentro del apartamento como si todavía le perteneciera.

—También vivo aquí —responde, seco.

Suelto una risa sin humor.

—Corrección —digo, cruzándome de brazos—. Vivías aquí.

Sus ojos se clavan en los míos.

Hay rabia.

Pero también desesperación.

—Elena… —empieza.

—No —lo corto—. No digas mi nombre como si no hubieras arruinado todo.

Aprieta la mandíbula.

—No sabes lo que estás haciendo —dice—. Casarte con Nikolai… eso fue un error.

—¿Un error? —repito—. ¿Como acostarte con mi hermanastra?

Silencio.

No responde.

Porque no puede.

Doy un paso hacia él.

—No te atrevas a venir aquí a darme lecciones —le digo—. No después de lo que hiciste.

—Escúchame —insiste, acercándose un poco—. Nikolai no es lo que tú crees. Ese hombre no hace nada sin un motivo.

Suelto una risa amarga.

—¿Y tú sí? ¿Tú eras sincero conmigo?

Marcus pasa una mano por su cabello, frustrado.

—Eso fue diferente.

—Claro —respondo—. Siempre lo es cuando se trata de ti.

Silencio.

Pesado.

Tenso.

Entonces me mira fijamente.

—Nikolai te está usando, Elena —dice—. Para algo. Para vengarse de mí, para negocios, para lo que sea… pero no creo que esté enamorado de ti.

Sus palabras se quedan en el aire.

Intentando hacer daño.

Intentando sembrar duda.

Por un segundo… lo logra.

Pero solo por un segundo.

Me acerco más.

Lo suficiente para que entienda que ya no soy la misma.

—Tal vez —digo, encogiéndome de hombros—. Pero al menos él no me traicionó en mi propia boda.

El golpe lo deja en silencio.

Sus ojos se oscurecen.

—Esto no se ha terminado —murmura.

Sonrío.

Frío.

—Para mí sí.

Se queda ahí unos segundos más.

Esperando algo.

Lo que sea.

Pero no se lo doy.

—Sal de mi casa, Marcus —digo finalmente.

Se queda quieto.

—Sal de mi casa, Marcus —repito, firme.

Pero no se mueve.

Se queda ahí, mirándome como si todavía tuviera algún derecho sobre mí.

Como si esto no hubiera terminado.

El silencio entre nosotros se vuelve insoportable… hasta que el timbre suena.

Ambos giramos la mirada hacia la puerta.

Frunzo el ceño.

—¿Esperas a alguien? —pregunta Marcus.

No respondo.

Simplemente camino hacia la puerta y la abro.

Y ahí está.

Nikolai.

Impecable como siempre, con una bolsa de desayuno en la mano, como si esto fuera una mañana cualquiera y no el caos en el que se ha convertido mi vida.

Por un segundo, algo en mi pecho se calma.

—Buenos días, esposa —dice, con una leve sonrisa.

No puedo evitarlo.

Una pequeña curva aparece en mis labios.

Pero entonces su mirada se desliza por encima de mi hombro…

Y lo ve.

Marcus.

La sonrisa desaparece.

Sus ojos se vuelven fríos.

Peligrosos.

Da un paso al frente, entrando sin pedir permiso.

—Largo de aquí —dice, directo.

Marcus suelta una risa sarcástica.

—¿Y tú quién eres para decirme eso?

Nikolai deja la bolsa sobre la mesa con calma, como si no tuviera prisa.

—El hombre que ahora vive aquí —responde—. Y el que se casó con ella.

El ambiente se tensa de inmediato.

Marcus aprieta los puños.

—Esto no es real —dice—. Fue un espectáculo, una locura. No significa nada.

Nikolai lo mira como si fuera insignificante.

—Firmamos —dice, encogiéndose ligeramente de hombros—. Para mí eso es suficiente.

—La estás usando —insiste Marcus, señalándolo—. Siempre haces lo mismo. Todo es un juego para ti.

Nikolai da un paso hacia él.

Y el aire cambia.

—Ten cuidado con lo que dices —murmura.

—¿O qué? —responde Marcus, desafiante—. ¿Vas a hacer lo mismo que hiciste en el pasado? ¿Mentirle también?

El golpe es directo.

Silencio.

Mi mirada va de uno a otro.

Algo en la expresión de Nikolai se endurece.

Pero no pierde el control.

Nunca lo hace.

—Al menos yo no me metí con su hermanastra —responde, frío.

Marcus se queda en silencio un segundo.

Golpeado.

Otra vez.

Nikolai se acerca más, lo suficiente para que no haya espacio entre ellos.

—Ya terminaste de hacer el ridículo en la iglesia —añade—. No vengas a hacerlo aquí también.

Marcus respira con dificultad.

Pero ya no tiene el control.

Lo perdió.

—Esto no se queda así —dice, mirando primero a Nikolai, luego a mí.

—Ya se quedó así —responde Nikolai, sin dudar.

Silencio.

Pesado.

Definitivo.

Y entonces, con total calma, añade:

—Ahora lárgate.

Marcus no se mueve.

Nikolai ladea ligeramente la cabeza, como si estuviera perdiendo la paciencia.

—Lo único que quiero… —dice, mirando la bolsa sobre la mesa— es desayunar con mi esposa.

La palabra cae fuerte.

Esposa.

Marcus la escucha.

Y esta vez… no tiene nada que decir.

Solo se queda ahí unos segundos más.

Luego se gira.

Y se va.

La puerta se cierra con un golpe seco.

El silencio regresa.

Pero ahora es distinto.

Más ligero.

Más… nuestro.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.