Contrato de Venganza

Capítulo 8 - Elena

Hoy vamos a una gala benéfica.

Y sé perfectamente quién estará allí.

Marcus.

Solo pensarlo hace que algo dentro de mí se tense… pero no es dolor.

Es otra cosa.

Más fría.

Más controlada.

Me observo en el espejo por última vez, ajustando mi vestido, asegurándome de que todo esté perfecto. Esta noche no es cualquier noche.

Esta noche… voy a ganar.

Me giro.

Nikolai está terminando de vestirse. Traje oscuro, impecable como siempre… pero frunce ligeramente el ceño frente al espejo.

No puede con el nudo de la corbata.

Sonrío.

Camino hacia él sin pensarlo.

—Nunca fuiste bueno en esto —digo, soltando una pequeña risa mientras me acerco.

Él me mira por el reflejo del espejo.

—¿Ahora te burlas de mí? —responde, sonriendo apenas.

Me coloco frente a él, tomando la corbata entre mis dedos.

—Siempre lo hice —murmuro.

Empiezo a arreglarla con movimientos suaves, precisos. Recuerdo perfectamente cómo hacerlo… porque ya lo hice antes.

Hace años.

El silencio entre nosotros cambia.

Se vuelve más íntimo.

Más cercano.

—Te gusta provocarme —dice en voz baja.

No levanto la mirada.

—Tal vez.

Ajusto el nudo, acercándome un poco más de lo necesario.

Puedo sentir su respiración.

Su presencia.

—Listo —susurro.

Pero no me alejo de inmediato.

Levanto la mirada lentamente… y me encuentro con la suya.

Intensa.

Fija en mí.

Por un segundo… todo se detiene.

La gala.

Marcus.

El mundo.

Todo desaparece.

—Gracias —dice finalmente.

Sonrío apenas.

—De nada.

Doy un paso atrás, rompiendo el momento.

—Vamos —añado—. No podemos llegar tarde… y menos hoy.

Él asiente.

Pero antes de girarse, su mirada recorre mi cuerpo con una intensidad que no pasa desapercibida.

—Esta noche… —dice— nadie va a poder dejar de mirarte.

Sostengo su mirada.

—Esa es la idea.

Y juntos salimos.

Directo al juego.

Subimos al auto en silencio.

Nikolai arranca sin decir nada, concentrado en la carretera… pero no del todo.

Porque su mano termina en mi pierna.

Firme.

Segura.

Como si fuera lo más natural del mundo.

Trago saliva.

Mi cuerpo reacciona antes de que mi mente pueda procesarlo.

Miro hacia la ventana, intentando mantener la calma, pero soy demasiado consciente de su cercanía.

De él.

—Creo que disfrutas mucho esto del matrimonio por venganza —digo, intentando sonar ligera.

Su pulgar se mueve apenas sobre mi pierna.

Y eso no ayuda.

—Tal vez —responde, con una leve sonrisa.

Lo miro de reojo.

—No deberías.

—¿Por qué? —pregunta.

No sé qué responder.

Porque la verdad es que… yo también lo estoy sintiendo.

Y eso es peligroso.

Muy peligroso.

El silencio se instala entre nosotros unos segundos.

Pero no es incómodo.

Es… cargado.

Entonces él habla.

—Muy pronto será real.

Giro el rostro hacia él.

—¿Qué?

Sonríe apenas, sin apartar la vista del camino.

Pero hay algo en su expresión.

Algo más profundo.

Más serio.

Y entonces lo siento.

No lo dice en voz alta…

pero lo pienso.

Quiero recuperarte, Elena.

Mi corazón se acelera.

—O dime que no sientes nada por mí —añade, esta vez en voz baja.

El aire cambia.

Todo cambia.

Las palabras quedan suspendidas entre nosotros.

Esperando.

Exigiendo una respuesta.

Pero no la tengo.

El auto se detiene frente a la gala.

Luces.
Cámaras.
Lujo.

El lugar brilla como si todo fuera perfecto… como si nadie escondiera secretos detrás de sonrisas falsas.

Respiro hondo.

Y entonces los veo.

Marcus.

Y Tina.

De pie en la entrada, como si fueran la pareja perfecta. Como si nada hubiera pasado. Como si no hubieran destruido todo.

Mi mandíbula se tensa.

Pero antes de que pueda reaccionar…

la mano de Nikolai se posa en mi cintura.

Firme.

Segura.

Protectora.

—Recuerda quién eres ahora —murmura cerca de mi oído.

Mi respiración se estabiliza.

Asiento.

Y caminamos.

Directo hacia ellos.

Cada paso es lento. Calculado. Elegante.

Siento las miradas encima de nosotros. Los susurros comienzan incluso antes de llegar.

Porque ya lo saben.

Todos lo saben.

Marcus nos ve.

Su expresión cambia al instante.

Sorpresa.

Rabia.

Celos.

Todo junto.

Tina, en cambio, se queda quieta. Su sonrisa desaparece en cuanto nuestras miradas se cruzan.

Bien.

Nos detenemos justo frente a ellos.

El silencio entre los cuatro es… tenso.

Explosivo.

Pero no digo nada.

No todavía.

Porque esta noche…

no voy a perder el control.

Nikolai ni siquiera se detiene. Solo aprieta ligeramente mi cintura y sigue caminando, ignorándolos como si no existieran.

Y eso…

eso duele más que cualquier palabra.

Entramos.

El salón es impresionante. Candelabros enormes iluminan el lugar, mesas perfectamente decoradas, vestidos elegantes, trajes impecables… todo grita poder y dinero.

Una orquesta toca en vivo al fondo.

Copas de champaña circulan por todo el lugar.

Nos reciben de inmediato.

—Bienvenidos —dice una mujer con una sonrisa profesional, ofreciéndonos dos copas.

Tomo una.

Nikolai también.

—Gracias —respondo.

Doy un pequeño sorbo.

El burbujeo me recorre la garganta… pero no es lo que me hace sentir viva.

Es esto.

El momento.

El juego.

Siento la mano de Nikolai aún en mi cintura, acercándome un poco más a él.

—Míralos —murmura.

No necesito preguntar a quién se refiere.

Miro de reojo.

Marcus no nos quita la vista de encima.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.