Contrato de Venganza

Capítulo 9 - Nikolai

Hoy es el cumpleaños de mi abuela Agnes.

Y desde que se enteró de que estoy con Elena… no ha dejado de insistir.

Pero no es curiosidad.

No es formalidad.

Es algo más.

Porque Agnes ya la conoce.

La conoció hace años… cuando Elena y yo éramos algo más que recuerdos mal resueltos.

Recuerdo perfectamente ese día.

Elena estaba nerviosa. Intentando parecer tranquila frente a la única persona que realmente podía intimidarla.

Y mi abuela…

la adoró.

Desde el primer momento.

—Esa mujer es para ti —me dijo después, como si fuera una sentencia—. No la dejes ir.

Sonrío con amargura al recordarlo.

Porque la dejé ir.

Y ahora…

años después…

la vida la puso de vuelta frente a mí.

Como si me diera otra oportunidad.

Mi celular vibra.

Un mensaje de Agnes:

"No me hagas esperar. Quiero ver a mi niña."

Mi niña.

Así la llamaba.

Como si nunca hubiera dejado de ser parte de la familia.

Exhalo lento, apoyándome contra el escritorio.

Esta cena no es cualquier cosa.

No es una presentación.

Es un reencuentro.

Y con Agnes… nada es superficial.

Ella va a ver todo.

Lo que somos.
Lo que fingimos.
Lo que sentimos.

Y Elena…

no es fácil de leer para cualquiera.

Pero para Agnes…

nadie es un misterio.

Tomo mi chaqueta y salgo de la oficina.

Mientras camino hacia el ascensor, solo hay una cosa clara en mi mente:

Mi abuela no solo quiere verla.

Quiere confirmar algo.

Y si la conozco bien…

esta noche va a hacer preguntas que ni Elena ni yo estamos listos para responder.

Pero no importa.

Porque si hay alguien que puede enfrentar a Agnes…

es ella.

Y en el fondo…

quiero verlo.

Quiero ver si Elena…

sigue siendo la mujer que una vez conquistó a toda mi familia.

Incluyéndome a mí.

El auto avanza por la ciudad mientras la veo de reojo.

Elena está tranquila… demasiado tranquila.

Como si esta noche no fuera a cambiar algo.

Como si no fuera a enfrentarse a una parte de mi vida que ya conoce demasiado bien.

—Hoy es el cumpleaños de mi abuela Agnes —le digo finalmente—. Y quiere verte.

Ella gira el rostro hacia mí de inmediato.

Y sonríe.

Pero no es una sonrisa cualquiera.

Es… nostálgica.

—Es verdad… —murmura—. Hoy es su cumpleaños. Nunca lo he olvidado.

La miro un segundo más.

Interesante.

—Ella tampoco te olvidó —respondo.

Elena baja la mirada, pensativa… como si los recuerdos también la estuvieran alcanzando.

—Tengo que pasar por algo antes —dice de pronto.

—¿Qué cosa?

—Un perfume.

Alzo una ceja.

—¿Perfume?

Asiente, ya más decidida.

—Chanel No. 5 —dice—. Ese es su favorito.

La observo unos segundos.

Y no puedo evitar sonreír.

—Sigues recordando todo.

Se encoge de hombros, pero hay algo más en su expresión.

—Hay cosas que no se olvidan.

El silencio cae entre nosotros.

Pero no es incómodo.

Es… significativo.

Giro el volante.

—Entonces vamos por él.

Y mientras conduzco, solo puedo pensar en una cosa:

Mi abuela va a estar más feliz de lo que imagina.

Porque Elena…

nunca dejó de ser parte de este mundo.

Aunque ambos hayamos fingido lo contrario.

Llegamos a la perfumería, un lugar elegante, iluminado con luces cálidas y vitrinas de cristal donde cada fragancia parece una obra de arte.

Elena entra con seguridad, como si ya supiera exactamente a dónde ir. La observo mientras se acerca al mostrador y pide el Chanel No. 5 sin dudar.

La dependienta se lo entrega con una sonrisa, envuelto con cuidado.

Mientras ella está distraída revisando el empaque… yo me alejo un poco.

Camino entre los perfumes.

No necesito pensar demasiado.

Lo recuerdo perfectamente.

Tomo uno.

Su favorito.

Dior J'adore.

Regreso justo cuando ella termina de pagar.

—Listo —dice, sosteniendo la bolsa—. Le va a encantar.

Asiento, pero no respondo de inmediato.

En cambio, dejo la caja frente a ella.

Frunce el ceño.

—¿Qué es esto?

—Ábrelo.

Duda un segundo… pero lo hace.

Cuando ve el perfume, sus ojos se abren apenas.

—Nik…

La miro, tranquilo.

—Sigues usando el mismo —digo—. No ha cambiado.

Ella no dice nada por un momento.

Solo sostiene el frasco.

—Pensé que no lo recordarías —murmura.

Me acerco un poco más.

—Hay cosas que no se olvidan.

Llegamos a la casa de mi abuela.

El lugar está igual que siempre. Elegante, cálido… lleno de recuerdos.

Apago el auto y, antes de bajar, miro a Elena.

Está quieta.

Demasiado.

Sus manos juegan ligeramente con la bolsa del regalo.

—¿Por qué estás nerviosa? —le pregunto.

Ella suelta una pequeña risa.

—Porque no es cualquier cosa, Nikolai.

La observo.

—Todo el mundo te ama.

Niega suavemente.

—Sí… eso fue hace años. Antes de que termináramos —dice, bajando la mirada—. Tal vez ahora me odian.

Suelto una risa baja.

Me inclino un poco hacia ella.

—Elena… nadie podría odiarte.

Levanta la mirada.

Y por un segundo… parece creerme.

Salimos del auto y caminamos hacia la entrada.

No tocamos.

Nunca lo hago.

La puerta se abre antes de que podamos hacerlo.

Y ahí está.

Agnes.

Sus ojos se iluminan en cuanto la ve.

—¡Mi niña! —exclama.

No duda ni un segundo.

Va directo hacia Elena y la abraza con fuerza.

Como si el tiempo no hubiera pasado.

Como si nunca se hubiera ido.

Elena se queda sorprendida un instante… pero luego corresponde el abrazo.

—¡Agnes! —dice, con una sonrisa real, sincera.

Se separan apenas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.