Salir de la estación no mejora nada.
La prensa sigue afuera.
Cámaras.
Micrófonos.
Gente gritando preguntas como animales hambrientos.
—¡Elena! ¿Su esposo es culpable?
—¿Van a divorciarse?
—¿Sabía sobre su pasado con las drogas?
Aprieto la mandíbula.
Idiotas.
Nikolai pone una mano en mi espalda y me guía hasta el auto mientras Jacob intenta apartar a los periodistas.
Puedo sentir la tensión en él.
La rabia.
El cansancio.
Y eso me preocupa más que cualquier noticia.
Subimos al auto y nadie habla.
Ni siquiera Jacob.
El silencio es pesado.
Asfixiante.
Miro a Nikolai de reojo.
Está mirando por la ventana, completamente perdido en sus pensamientos.
Frío.
Distante.
Otra vez.
Pero ahora entiendo algo.
No es porque no le importe.
Es porque está intentando no romperse.
Cuando llegamos a la mansión, Jacob se baja primero.
—Mañana hablaré con los inversionistas —dice—. Pero necesitan prepararse… esto va a ponerse feo.
Nikolai asiente apenas.
—Gracias.
Jacob me mira antes de irse.
—No lo dejes solo esta noche.
Y esas palabras…
se quedan conmigo.
Entramos a la casa.
Todo está en silencio.
Demasiado.
Nikolai afloja la corbata y camina directo a su oficina sin decir nada.
Lo veo desaparecer detrás de la puerta.
Y mi pecho se aprieta.
Porque conozco esa versión de él.
La que se encierra.
La que cree que tiene que cargar todo solo.
Paso casi una hora sentada en el sofá.
Esperando.
Pensando.
Pero él no sale.
Y algo dentro de mí empieza a inquietarse.
Me levanto y camino lentamente hacia la cocina por un vaso de agua…
pero me detengo en seco.
Nikolai está ahí.
Solo.
Con una botella de whisky frente a él.
Mi corazón cae.
Él ni siquiera me escucha llegar.
Está mirando una noticia en la televisión.
Su foto aparece en pantalla junto al titular:
"¿El fin del imperio Petrov?"
Trago saliva.
—Nik… —murmuro.
Él levanta la mirada lentamente.
Y juro que nunca lo había visto tan cansado.
—No deberías estar despierta —dice.
Miro la botella.
Intacta.
Pero abierta.
Eso es suficiente para asustarme.
—¿Vas a tomar?
Silencio.
Largo.
Peligroso.
—No lo sé.
Mi pecho se aprieta más.
Me acerco despacio.
Como si cualquier movimiento brusco pudiera romper algo.
—No hagas esto… —susurro.
Él suelta una risa amarga.
—¿Qué se supone que haga, Elena? —pregunta—. Todo se está cayendo.
—No todo.
Levanta la mirada hacia mí.
Y por un segundo…
veo miedo.
Miedo real.
—Tengo ganas de desaparecer otra vez —admite.
La confesión me destruye.
Porque sé exactamente lo que significa.
Me acerco más hasta quedar frente a él.
—Mírame.
Lo hace.
—No pienso perderte contra tus demonios.
Silencio.
Sus ojos se clavan en los míos.
Y lentamente… aparto la botella de whisky.
Le tomo el rostro entre mis manos.
—No estás solo esta vez.
Su respiración se rompe apenas.
Y entonces…
su celular suena.
Nikolai cierra los ojos con frustración.
Pero contesta.
—¿Qué?
Silencio.
Su expresión cambia por completo.
Oscura.
Peligrosa.
—¿Estás seguro? —pregunta.
Mi cuerpo se tensa.
—Bien. Voy para allá.
Cuelga lentamente.
—¿Qué pasó? —pregunto.
Me mira.
Y algo en sus ojos me dice que esto empeoró.
Mucho.
—Jacob encontró quién filtró la información de la empresa.
Mi corazón se acelera.
—¿Quién fue?
Silencio.
Y entonces Nikolai dice unas palabras que hacen que el mundo se me venga abajo.
—Tina.
Por un segundo… creo que escuché mal.
—¿Qué?
Nikolai no aparta la mirada de mí.
—Fue Tina.
Niego inmediatamente.
—No… eso no tiene sentido.
Mi voz sale demasiado rápido.
Demasiado desesperada.
—Ella no podría hacer algo así.
Pero incluso mientras lo digo…
algo dentro de mí empieza a romperse.
Porque sí puede.
Porque ya me traicionó una vez.
Porque la mujer que yo creía conocer… desapareció hace mucho tiempo.
—Jacob encontró transferencias —dice Nikolai—. Dinero entrando a una cuenta a su nombre desde una empresa vinculada a Marcus.
Mi pecho se aprieta.
No.
No, no, no.
Camino hacia atrás lentamente, sintiendo que el aire empieza a faltar.
—Tiene que haber un error…
Pero Nikolai permanece en silencio.
Y eso…
eso me mata.
Porque él nunca habla sin pruebas.
Me llevo una mano a la boca.
Tina.
La niña con la que crecí.
La única persona que me quedó después de la muerte de mi padre.
La mujer que llamé hermana durante años.
Y ahora esto.
Siento lágrimas acumulándose en mis ojos.
—¿Por qué haría algo así? —susurro.
Nikolai me observa unos segundos.
Y responde algo que me destruye todavía más.
—Porque está enamorada de Marcus.
El silencio cae pesado.
Asfixiante.
Y entonces todo encaja.
La boda.
Las mentiras.
La traición.
La forma en que me miraba últimamente.
Dios.
Ella realmente eligió a Marcus sobre mí.
Suelto una pequeña risa rota.
—Qué estúpida fui…
Nikolai se acerca de inmediato.
—No digas eso.
—¡Pero es verdad! —exploto—. Nunca vi nada. Nunca me di cuenta de nada.
Las lágrimas finalmente caen.
Y odio eso.
Odio llorar por ella.
Por alguien que claramente no lloraría por mí.
Nikolai toma mi rostro con cuidado.
—Ey… mírame.
Intento evitarlo.
Pero él insiste.
—Tú no eres culpable de las decisiones de otras personas.