Copito de Amor

Capítulo 1

La noche envolvía la ciudad como un manto de acero y luces, un paisaje de sombras y destellos que solo pertenecía a aquellos lo suficientemente despiertos o lo suficientemente desesperados para habitarlo. En el piso 42 del *Torre Hamilton*, donde el aire era más delgado y las decisiones más frías, Lucas Hamilton respiraba el silencio como si fuera veneno.

Su oficina, un santuario de cristal y madera oscura, olía a café frío y a ambición marchita. Sobre el escritorio, entre contratos millonarios y proyectos que habían redefinido industrias, descansaba un informe médico. Tres palabras lo condenaban: **Infertilidad irreversible**.

No era una sentencia cualquiera. No para él.

Lucas apretó el papel hasta que los nudillos palidecieron, como si pudiera exprimirle una mentira, un error, un milagro. Pero el diagnóstico no tembló. Era exacto. Implacable. Como todo en su vida.

—¿Seguro que no hay error? —repitió por tercera vez, su voz un filo apenas contenido.

Al otro lado de la línea, el médico dudó antes de responder. Lucas conocía ese silencio. Era el mismo que precedía a las malas noticias en las salas de juntas, a los despidos, a los finales.

—Los resultados son concluyentes —murmuró al fin.

No hubo más que decir. Lucas colgó. No rompió el teléfono contra la pared. No arrojó el informe a la papelera. Solo se quedó inmóvil, observando el horizonte de la ciudad, donde los rascacielos se alzaban como tumbas de cristal bajo la luna.

Él, que había esculpido su imperio con manos de hierro. Él, que negociaba con países, que doblegaba mercados, que compraba voluntades como quien compra café. Él, que lo tenía todo… no podía tener lo único que el dinero no conseguía.

Un heredero. Un legado. Algo que lo sobreviviera.

Algo se quebró dentro de Lucas esa noche.

El día transcurría como cualquier otro en la oficina de Lucas Hamilton. Entre reuniones, informes y llamadas interminables, apenas tenía tiempo para respirar. Sin embargo, el destino tenía otros planes para esa tarde.

De pronto, la puerta de su despacho se abrió sin previo aviso. Su secretaria, con una mezcla de sorpresa y nerviosismo, anunció:

—Señor Hamilton, lo espera la señorita Sabrina en la sala de recepción. Dice que es urgente.

Lucas alzó una ceja, intrigado. Sabrina no solía aparecer sin avisar, menos aún en pleno horario laboral.

—Dígale que en unos minutos estoy allí —respondió, intentando mantener la calma mientras su mente repasaba posibles motivos para su visita.

— Así mismo le diré, señor —asintió la secretaria antes de retirarse.

Lucas se ajustó el nudo de la corbata y tomó un respiro profundo. Sabrina era impredecible, y eso era parte de lo que la hacía tan fascinante. ¿Habría tomado una decisión sobre la fecha de su compromiso? ¿O acaso venía a discutir algún otro asunto importante?

Al salir de su oficina, notó las miradas curiosas de sus empleados. Sabrina tenía esa presencia que iluminaba cualquier lugar, y hoy no era la excepción. Vestida con un elegante vestido que acentuaba su figura, llevaba en sus ojos esa chispa de determinación que tanto lo atraía.

— ¿A qué debo el honor de esta visita?—preguntó Lucas con una sonrisa, intentando disimular su nerviosismo.

Sabrina lo miró fijamente, sosteniendo entre sus manos una carpeta.

—Necesitamos hablar. Y no podía esperar —respondió, con un tono que dejaba claro que el tema era serio.

El corazón de Lucas latió con fuerza. Sabía que, fuera lo que fuese, esa conversación cambiaría todo.

Lucas cerró la puerta de la sala de reuniones tras de sí, aislándolos del murmullo de la oficina. El aire entre ellos vibraba con una tensión eléctrica, como si algo importante estuviera a punto de suceder.

Sabrina no perdió tiempo. Con un movimiento seguro, abrió la carpeta que llevaba y sacó un calendario marcado con círculos y anotaciones.

— He estado pensando mucho en la fecha de nuestro compromiso —dijo, deslizando el papel hacia él—. Y creo que deberíamos adelantarlo.

Lucas parpadeó, sorprendido.

— ¿Adelantarlo? Pensé que querías esperar hasta la primavera.

Ella sostuvo su mirada, seria pero con un brillo de emoción en sus ojos.

—Sí, pero luego me di cuenta de que no tiene sentido esperar. Si ya estamos seguros de esto, ¿por qué perder más tiempo?.

Un silencio cargado de significado se extendió entre ellos. Lucas estudió las fechas que ella había marcado: todas eran en las próximos dos meses.

— ¿Tan segura estás? —preguntó, buscando confirmación en su rostro.

Sabrina sonrió, esa sonrisa suya que siempre lo desarmaba.

— Más que nunca. A menos que tú…

— No —interrumpió él, acercándose—. No hay nada que yo quiera más.

Ella dejó escapar una risa suave, aliviada.

— Entonces, ¿lo decidimos? ¿La última semana de este mes?

Lucas tomó el calendario que Sabrina le extendía, pero en lugar de entusiasmo, un nudo de inquietud se apretó en su pecho. Las fechas marcadas parecían clavarse en su mente como recordatorios de una decisión que, en realidad, no estaba seguro de querer tomar.




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