CorazÓn De Lobo 2

CAPÍTULO 18 El despertar del Lobo Plateado

El amanecer llegó cubierto por una espesa niebla.
Todo el bosque parecía guardar un profundo silencio.
No cantaban los pájaros.
No corría el viento.
Era como si cada árbol, cada raíz y cada piedra estuvieran esperando el mismo acontecimiento.
Tomás salió lentamente de la cabaña.
Las heridas seguían doliéndole, pero ya podía caminar.
Aukan lo esperaba junto a Clara y Nahuel.
Sus amigos observaban desde unos metros atrás, sin comprender del todo lo que estaba por suceder.
—¿Es aquí? —preguntó Tomás.
Aukan asintió.
—No.
Aquí solo comienza el camino.
Caminaron durante casi una hora.
Cada vez más profundo.
Hasta llegar a un claro circular donde crecían los árboles más antiguos del bosque.
Sus troncos eran tan inmensos que parecía imposible distinguir dónde terminaban.
Las raíces formaban un enorme círculo natural.
En el centro descansaba una piedra blanca cubierta por antiguos símbolos tallados a mano.
Tomás sintió un escalofrío.
—¿Qué es este lugar?
Aukan apoyó una mano sobre la roca.
—El corazón del bosque.
Aquí nació el primer Guardián.
Y aquí el bosque decide quién merece portar su fuerza.
Clara colocó sobre la piedra hojas de laurel, flores silvestres, agua cristalina del arroyo y un pequeño cuenco con tierra oscura.
Luego se arrodilló.
Aukan hizo lo mismo.
Nahuel inclinó la cabeza.
Tomás, sin saber exactamente qué hacer, los imitó.
El Guardián tomó un puñado de tierra.
—Antes de que existieran los hombres...
antes de las ciudades...
antes incluso de los nombres...
esta tierra ya respiraba.
La Pachamama nos dio refugio.
Nos dio alimento.
Y nos dio vida.
Hoy volvemos a pedirle un regalo.
No para dominar.
No para conquistar.
Sino para proteger.
El bosque entero pareció responder.
Una suave brisa comenzó a recorrer el claro.
Las hojas susurraban entre sí.
Como si una presencia invisible acabara de despertar.
Aukan miró a Tomás.
—Todavía puedes arrepentirte.
El muchacho negó lentamente.
—No vine hasta aquí para volver atrás.
—El bosque no acepta héroes.
Acepta guardianes.
Si en tu corazón hay orgullo...
ambición...
odio...
serás rechazado.
Tomás dio un paso hacia la piedra.
—No busco poder.
Solo quiero salvar a Küyen.
Y proteger el hogar que ella ama.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Entonces Aukan levantó ambas manos hacia el cielo.
Y comenzó a recitar unas antiguas palabras en la lengua de sus ancestros.
Nadie más las entendía.
Pero el bosque sí.
Porque la tierra comenzó a vibrar.
Las raíces emergieron lentamente del suelo.
Sin violencia.
Sin amenaza.
Como si estuvieran vivas.
Rodearon a Tomás formando un círculo.
La luz del amanecer desapareció.
Y miles de pequeñas partículas azuladas comenzaron a flotar alrededor de él.
Parecían luciérnagas.
Pero eran fragmentos de la energía del bosque.
Tomás sintió un dolor profundo.
Como si algo estuviera examinando cada rincón de su alma.
Vio recuerdos.
Su infancia.
Sus padres.
Sus amigos.
El día que escuchó por primera vez la leyenda de los Guardianes.
El instante en que conoció a Küyen.
Su primera sonrisa.
Su primera conversación.
La promesa de conocer ambos mundos.
Y finalmente...
el momento en que la oscuridad se la llevó.
Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
—No...
susurró.
—No voy a abandonarla.
Jamás.
La energía aumentó.
El viento comenzó a girar alrededor del claro.
Las copas de los árboles se inclinaron.
El suelo tembló.
Benja retrocedió asustado.
—¿Esto es normal?
Nahuel respondió sin apartar la vista.
—No.
De pronto, un enorme aullido resonó en todo el bosque.
No provenía de ningún animal.
Parecía surgir de la propia tierra.
Un aullido antiguo.
Poderoso.
Que hizo estremecer hasta las montañas.
Entonces apareció.
Frente a Tomás.
Una inmensa figura formada por luz plateada.
Un lobo gigantesco.
Su pelaje brillaba como la luna llena.
Sus ojos azules parecían contener el cielo entero.
No caminaba.
Flotaba.
Era un espíritu.
El espíritu protector del bosque.
Tomás sintió cómo aquella mirada atravesaba su corazón.
No había palabras.
No hacían falta.
El lobo parecía preguntarle una sola cosa.
¿Estás dispuesto a dar tu vida por este lugar?
Tomás no dudó.
—Sí.
Por Küyen.
Por este bosque.
Y por todos los que viven en él.
Aunque me cueste la vida.
El lobo cerró lentamente los ojos.
Y, por primera vez, inclinó la cabeza.
Aceptándolo.
Una explosión de luz plateada envolvió todo el claro.
Las raíces brillaron.
Los árboles vibraron.
Las hojas comenzaron a caer como una lluvia luminosa.
La energía atravesó el cuerpo de Tomás.
El dolor fue insoportable.
Gritó.
Y luego...
todo quedó en silencio.
Horas más tarde...
El bosque había recuperado su calma.
La brisa volvía a mover las hojas.
Los pájaros cantaban nuevamente.
En medio del claro, Tomás permanecía tendido sobre la piedra ceremonial.
Completamente inmóvil.
Benja respiraba con dificultad.
—¿...Está vivo?
Clara sonrió con serenidad.
—Ahora la decisión ya no es nuestra.
Es del bosque.
Todos permanecieron en silencio.
Un minuto.
Dos.
Cinco.
Nada ocurría.
Hasta que, de repente...
Tomás abrió los ojos de golpe.
Sus pupilas habían desaparecido.
En su lugar brillaban dos intensos ojos de un azul resplandeciente, como si el cielo y la luna se hubieran fundido en su mirada.
Aukan sonrió por primera vez en muchos años.
—Bienvenido...
—...Lobo Plateado.**
Continuará...




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