La oscuridad seguía expandiéndose.
El cielo había quedado completamente cubierto por nubes negras.
La luz del sol desapareció.
Solo el brillo plateado del Lobo Guardián y el resplandor de los espíritus animales iluminaban la plaza.
Entonces ocurrió.
Los guerreros oscuros dejaron de atacar.
Todos giraron al mismo tiempo hacia Kürümal.
Como si hubieran recibido una orden silenciosa.
El antiguo guerrero levantó lentamente ambos brazos.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Ya jugaron suficiente...
Es hora de terminar con esto.
Uno tras otro, los guerreros comenzaron a deshacerse.
Sus cuerpos se transformaban nuevamente en aquella sustancia negra.
Como ríos de oscuridad, las masas viscosas avanzaron hasta Kürümal.
Y comenzaron a fundirse con él.
Su cuerpo creció.
Sus brazos se volvieron enormes.
Una segunda capa de armadura cubrió su pecho.
Grandes espinas negras nacieron de su espalda.
Su lanza aumentó de tamaño.
Y dos enormes cuernos aparecieron sobre su cabeza.
La energía oscura que desprendía era tan intensa que el pavimento comenzó a resquebrajarse a su alrededor.
Benja tragó saliva.
—Creo que... eso no estaba en nuestros planes.
Kürümal soltó una carcajada.
Su voz retumbó como un trueno.
—Durante siglos soñé con recuperar este poder...
Y ustedes me ayudaron a conseguirlo.
Tomás rugió y se lanzó directamente contra él.
Julieta llegó montando al Tigre.
Emilia apareció entre las sombras.
Lautaro golpeó el suelo con todas sus fuerzas.
Benja descendió desde el cielo envuelto por los vientos del Cóndor.
Los cinco Guardianes atacaron al mismo tiempo.
Pero fue inútil.
Kürümal bloqueó el zarpazo de Tomás con una sola mano.
Con la otra lanzó a Julieta y al Tigre varios metros hacia atrás.
Un golpe de su lanza rompió la defensa de Lautaro.
Benja fue derribado por una onda de energía oscura.
Incluso Emilia apenas logró escapar antes de ser alcanzada.
Los Guardianes comenzaron a levantarse lentamente.
Heridos.
Sorprendidos.
—Es demasiado fuerte...
Murmuró Julieta.
Tomás volvió a intentar acercarse.
Pero Kürümal lo golpeó con tal fuerza que atravesó la fachada de un edificio.
El Lobo Plateado salió entre una lluvia de ladrillos.
Respirando con dificultad.
Küyen corrió inmediatamente hacia él.
—¡Tomás!
Él se incorporó lentamente.
—Estoy bien...
Aunque sabía que no era cierto.
En ese momento, Emilia observó algo extraño.
Uno de los guerreros de oscuridad que todavía seguía luchando fue derrotado por el Tigre de Julieta.
En el mismo instante...
Kürümal retrocedió apenas un paso.
Su armadura perdió parte de su brillo.
Emilia frunció el ceño.
—Esperen...
Benja también lo notó.
—¿Vieron eso?
Lautaro golpeó a otro guerrero.
La criatura se desintegró.
Y nuevamente Kürümal pareció debilitarse.
Muy poco.
Pero ocurrió.
Julieta abrió los ojos.
—¡No está absorbiendo solamente a los guerreros!
—¡Está conectado con ellos! —gritó Emilia.
Todos comprendieron al mismo tiempo.
Cada criatura oscura alimentaba su poder.
Mientras más guerreros quedaran en pie...
más fuerte sería Kürümal.
Tomás apretó los puños.
—Entonces debemos derrotarlos a todos.
—No.
Respondió Emilia.
Mirándolo fijamente.
—Nosotros.
Tomás frunció el ceño.
—¿Qué?
Benja señaló a Kürümal.
—Vos sos el único que puede enfrentarlo de igual a igual.
Julieta asintió.
—Nosotros eliminaremos al ejército.
—No.
Respondió Tomás inmediatamente.
—Es demasiado peligroso.
Lautaro sonrió.
—¿Y cuándo eso nos detuvo?
Tomás negó con la cabeza.
—No voy a arriesgarlos.
Entonces una voz lo interrumpió.
—No vas a pelear solo.
Todos giraron.
Küyen había dado un paso al frente.
Sus ojos brillaban con una intensidad desconocida.
El suelo comenzó a cubrirse de pequeñas flores.
Las raíces cercanas parecían responder a su presencia.
El viento agitó su cabello.
Y una tenue energía verde comenzó a rodearla.
Aukan jamás le había otorgado el título de Guardiana.
Pero Küyen había nacido en el bosque.
Había crecido escuchando su voz.
Y el bosque también la reconocía como una de las suyas.
Tomás la observó sorprendido.
—¿Küyen...?
Ella sonrió.
—Mi padre siempre quiso protegerme.
Por eso nunca entrenó este poder.
Pero siempre estuvo dentro de mí.
Levantó una mano.
Del suelo brotaron varias raíces que atraparon a un guerrero oscuro y lo inmovilizaron.
Con un movimiento más, las raíces lo desintegraron.
Todos quedaron en silencio.
Küyen miró directamente a Tomás.
—No peleás por mí.
Peleamos juntos.
Tomás permaneció inmóvil unos segundos.
Luego recordó el primer día que la vio.
El bosque.
La ciudad.
Las promesas.
Todo lo que habían vivido para llegar hasta allí.
Finalmente sonrió.
Y extendió su mano.
Küyen la tomó sin dudar.
Los dos permanecieron unos segundos mirándose fijamente.
Sin necesidad de decir una palabra más.
Ya sabían exactamente lo que el otro estaba pensando.
Tomás levantó la vista hacia sus amigos.
—¿Están seguros?
Julieta sonrió.
—Siempre.
Benja desplegó nuevamente sus alas.
—Vamos a dejarte el camino libre.
Emilia desapareció entre las sombras.
—Nos encargamos del ejército.
Lautaro golpeó ambos puños.
—Y ustedes dos...
terminen con Kürümal.
Los cinco Guardianes se lanzaron inmediatamente contra los guerreros oscuros.
Mientras tanto...
Tomás y Küyen caminaron juntos hacia Kürümal.
Él con las garras plateadas preparadas.
Ella envuelta por la energía del bosque.
El antiguo guerrero los observó.
Y sonrió.
—Por fin...
Los dos juntos.
Entonces...
vengan.
Muéstrenme si el amor realmente puede derrotar a la oscuridad.
Continuará...
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Editado: 31.07.2026