Eliza
Días agotantes, en eso se resumen los pocos días que llevamos aquí, trabajo constante que nos tiene a todos estresados y definitivamente puedo decir que los días de montaje fueron los más fáciles, difíciles han sido las prácticas en donde Kilian siempre hace lo que quiere y me ignora, en las reuniones ni siquiera se sienta y observa desde lejos ignorando todas las estrategias que doy, me quito los auriculares y sobo mis sienes habiendo dado por terminada la práctica que ha sido un fracaso.
—El coche no funciona bien —gruñe Kilian que pasa por mi lado y resoplo.
—Eres tú quien no funciona bien —mis palabras lo detienen de golpe y me mira apretando fuerte el casco en su mano, todos los del equipo se quedan quietos mirándome.
—¿Qué acabas de decir? —masculla acercándose —tu maldito coche es el que
—No sigues órdenes Kilian, vas por tu cuenta y has olvidado que estuviste seis años fuera, nada es igual que antes —lo veo apretar los dientes y se acerca más a mí.
—No confío en tus órdenes.
—Si quieres ganar tendrás que hacerlo, mañana es la clasificación y el domingo es la carrera —también doy un paso hacia él —si quieres estar en el podio tendrás que seguir mis órdenes —sigue apretando sus dientes y pienso que en cualquier momento alguno se romperá.
—Iré a ducharme —dice simple —en este lugar el calor es asfixiante.
—No olvides que en la noche es el briefing de pilotos y tienes que estar presente —Kilian ríe sosteniendo su casco con ambas manos.
—Claro, veré de cerca al ídolo de mis hijos —sonrío.
—Tus hijos —murmuro —hijos a los que no has vuelto a ver y luego te quejas del trato que te dan —paso por su lado, pero él toma mi brazo y me tenso, todos nos miran y yo a él.
—Iré a cenar con estos luego de que gane un puesto en el podio —sonrío con rabia.
—Suéltame —y lo hace lentamente aun mirando mis ojos, soy rápida en alejarme de él cerrando los ojos con fuerza unos segundos, maldita sea.
—Hola mis amores —digo al entrar a la habitación del hotel y ambos me miran sonriendo, pero vuelven rápido la mirada a la televisión y suspiro sentándome a su lado, este trabajo me roba demasiado tiempo, pero es importante y tengo que hacerlo, todos nos sacrificamos por una razón y espero que estar lejos de mis hijos tanto tiempo tenga resultados.
—¿Kilian ganó hoy? —cuestiona Jax sin mirarme y lo miro asombrada.
—Podrías llamarlo papá —bufa mientras siguen mirando la televisión en donde se habla de Kilian y su regreso constantemente.
—¿Ganó o sigue siendo un fracasado? —cuestiona mi pequeña y respiro hondo.
—Estamos de práctica —les explico y ambos me miran —mañana es la clasificación, buscaremos una buena posición para poder el domingo salir de primeros —ellos dejan de mirarme.
—Julián es muy bueno —comenta Mila cuando presentan a este hablando en televisión y bufo mirando mi reloj sabiendo que ya debo irme.
—Volveré en la noche —me pongo de pie —duerman temprano —beso a ambos —los amo —dicen lo mismo y salgo rápido.
Paso por el restaurante a paso veloz, pero entonces le veo, Kilian está ahí como si nada en la barra, como si no tuviéramos ahora el briefing de pilotos y entonces me acerco con lentitud, sé que no debería, que es una mala idea luego de tanta tensión en la práctica, pero a unos pasos él levanta la mirada y me observa como si hubiera adivinado que era yo quien se acercaba.
—No bebas mucho —lo recrimino viendo el vaso en su mano —debemos ahora ir al briefing de pilotos —le recuerdo y suspira —por cierto —dudo aún de pie —Los datos del simulador no coinciden con tus tiempos en el tercer sector —Él levanta la vista, recorre mi rostro con su mirada y luego sonríe como si nada.
—Siempre el trabajo, Eliza. ¿Nunca descansas? —Kilian señala el taburete vacío —Siéntate. No hay cámaras aquí, ni jefes de equipo, ni mecánicos. —suelto un suspiro pesado y sigo de pie.
—No tengo tiempo para esto —murmuro — Los niños preguntaron por ti —Kilian me mira al decir eso —Querían saber si habías ganado hoy —sonrío —Les dije que las prácticas no se ganan y esperan una victoria mañana —lo veo apretar el vaso en su mano.
—¿Les hablas de mí? —mira mis ojos —Mi madre dijo que te habías ido para olvidarte de que yo existía. —suelto una carcajada seca y carente de alegría y miro directamente a sus ojos, esos ojos azules que mis hijos han heredado.
—Tu madre dice muchas cosas, Kilian, pero en todos estos años que has estado lejos, yo estaba trabajando duro para darles lo mejor a dos niños que tienen tu misma mirada desafiante —me inclino hacia él —No estoy aquí por tu dinero, ni por la fama de Velmont —él bufa sin creerme —Estoy aquí porque soy la mejor en lo que hago y porque alguien tiene que asegurarse de que vuelvas a casa el domingo. —se tensa.
—¿Por qué? ¿Por ellos o por ti? —su mirada es intensa y su pregunta me descoloca.
—Por ellos —suelto segura, aunque mi pulso se acelera cuando él se levanta y queda demasiado cerca de mí. —Mañana, cuando estés en la recta principal, recuerda que no eres un lobo solitario —miro atenta sus ojos —Eres un padre. Y si no respetas mi voz por el radio, respeta la vida que te espera fuera de este circo.
—Eliza
—Y mañana es el briefing de estrategia, a las 10 am —me doy la vuelta y me alejo rápido de él sabiendo que solo he perdido mi tiempo.
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KILIAN
Observo a Eliza alejarse y respiro hondo mirando mi vaso, bebo todo el contenido de este, es la mujer que mi madre asegura que me abandonó y que mintió al decir que había abortado, pero ahora es la mujer que pide que confíe en ella para que no vuele por los aires. Me pongo de pie y salgo del hotel a pesar de odiar ir a las reuniones, menos si en esta tendré que ver a todos los pilotos incluido el tal Julián, ídolo de mis hijos.
La sala de conferencias de la FIA es un búnker de alta tecnología, gélido y lleno de una testosterona que se puede cortar con un cuchillo. Yo tomo asiento en la segunda fila, con el cansancio de las prácticas libres en los hombros todavía y odiando estar aquí.