Corazón en la meta

Capítulo 6: Vas muy rápido

Kilian

Me detengo al llegar a los boxes y ver a la chica que está a unos metros de mí junto a los mecánicos, claro que la recuerdo, años atrás formó parte del equipo por unos pocos días, hice que la despidieran, era lenta, perdía tiempo importante en el cambio de los neumáticos y ahora aquí está trabajando con los mecánicos y eso me desconcierta así que camino hacia Eliza que parece ya cansada porque lleva ya horas analizando la dirección del viento y viendo que todo esté bien porque hoy debemos ganar una buena posición.

—¿Otra mujer en el equipo? —me detengo cerca de ella que no deja de trabajar —estamos perdidos.

—Eres un machista

—Hice que la despidieran años antes por su maldita lentitud Eliza —gruño.

—Deberías estar ya en el auto.

—¿La trajiste tú? —ignoro sus palabras y ella me mira, aprieto el casco en mi mano —con una mujer ya basta, dos es demasiada inferioridad con respecto a los otros equipos —se pone de pie ya molesta.

—Kilian, te aseguro que una mujer puede hacer el trabajo de varios hombres y hacerlo hasta mejor —río.

—¿Crees eso? Es lenta.

—Verás en la carrera que no, hablas de hace seis años —me acerco más a ella.

—Las mujeres son débiles —la veo apretar sus dientes —y meten sentimientos rápido —sigue tensa —fallará en cualquier momento y hará que pierda.

—No lo hará.

—¿Cuánto apuestas? —sonrío —¿cuántos días le das para que su vida personal se mezcle con el trabajo, se ponga nerviosa y haga mal su trabajo? —miro hacia la hermosa chica.

—No lo hagas —masculla leyendo mis pensamientos y sonrío.

—Si cae ante mis conquistas la despedirás —la señalo —y verás que si lo hará —me alejo de ella ignorando cuando me llama y voy hacia la pista.

Aquí los segundos marcan una gran diferencia y cualquier error por mínimo que sea puede hacernos perder la carrera y hoy he descubierto que las prácticas no son nada, saber que compito por algo tiene mis manos temblando y solo puedo pensar en el pasado, apenas recuerdo esa carrera del accidente, pero está ahí en mi mente como un grave error, uno que me dejó lejos por años y que me quitó demasiado y no hablo solo de ser campeón.

—Kilian —escucho su voz por el radio —el Mercedes acaba de marcar un 1:27.2 —aprieto los dientes —Tienes pista libre —ella habla rápido —Sal ahora, calienta bien las gomas en la vuelta de salida y dalo todo en la curva 17 —hace una pausa —Es nuestra última oportunidad para la Pole —ordena Eliza y su voz tiene la misma emoción de alguien que lleva horas trabajando con este calor.

​—Copiado. Voy a por ese tiempo —respondo simple bajando la visera de mi casco y lanzo el Velmont como un misil. El motor ruge detrás de mi cabeza y voy a todo lo que da sin pensar en nada más que no sea ganar. Sector 1 en púrpura (el más rápido de todos), sonrío, Sector 2 en púrpura, estoy volando justo como soñé hacer en todos los años que estuve fuera, pero en mi mente, la imagen de Julián coqueteando con Eliza la noche anterior actúa como un veneno, quiero humillarlo, quiero sacarle medio segundo, no una milésima y solo pienso en eso.

​—Kilian —siento su voz en mi casco —vas muy rápido, cuida la entrada, no arriesgues el fondo del auto —advierte Eliza que seguro nota en sus pantallas mi agresividad pero bufo.

​—¡Cállate, Eliza! —bramo con rabia —¡Lo tengo! —grito, ignorando la frenada lógica y ataco la curva con una violencia innecesaria, tanto que el coche salta y pierdo el equilibrio por una fracción de segundo y al aterrizar la parte trasera coleó, soy rápido y ágil y para no estrellarme contra el muro, corrijo bruscamente perdiendo toda la inercia y como dije, aquí, los segundos son importantes y los errores cuestan demasiado.

​Cruzo la meta y el tablero se ilumina en naranja: P6. Trago en seco mirándolo, soy sexto, a ocho décimas de Julián que se lleva la Pole y aprieto fuerte el volante soltando una palabrota.

Sexto

​—Maldita sea... ¡Maldición! —golpeo el volante con frustración con el número seis en mi cabeza.

​—Trae el auto a boxes, Kilian —la voz de Eliza ya no es de acero, es hielo puro—No digas ni una palabra más por el radio —expresa y entonces hay silencio, silencio que me hace cerrar los ojos y solo puedo pensar en la estúpida sonrisa de Julián y en Eliza sonriéndole a él.

Pateo la puerta magnética del despacho privado de Eliza en el paddock y esta se cierra detrás de mí. El despacho huele a café y a la electrónica de los servidores. Eliza ni siquiera levanta la vista de las tres pantallas de telemetría donde se repite, una y otra vez el error cometido.

​—Entraste tres km/h por encima del límite físico del auto, Kilian. Te lo advertí por el radio —dice y su voz es un látigo de frialdad —Tiraste la Pole a la basura por no querer escucharme —me mira furiosa —Mañana salimos sextos en un circuito donde es casi imposible adelantar.

​—Lo que hice fue intentar ganar, Eliza —gruño con más rabia que ella —Algo que no se entiende desde una silla —me arranco los guantes y los tiro sobre el escritorio, salpicando gotas de sudor sobre los gráficos— Me hablaste justo cuando iba a entrar —la señalo —Me distrajiste —me mira incrédula con lo que digo —Lo hiciste porque tienes miedo de que pierda el control. —finalmente, mira mis ojos y me pierdo en su mirada.

​—¿Miedo? —suelta una carcajada amarga—No es miedo, es profesionalismo —se pone de pie —Pero claro, el “Gran Lobo Solitario” no puede aceptar que una mujer le diga cuándo frenar —gruñe cada palabra —¿O es que te dolió que Julián tuviera razón? ¿Que eres una “vieja gloria” que ya no sabe medir los riesgos? —doy un paso hacia ella invadiendo su espacio y apuesto a que puede ahora sentir perfectamente el olor a goma quemada y asfalto que desprende mi cuerpo.

​—No lo menciones —gruño rabioso —Y no te atrevas a cuestionar mis reflejos —la señalo —no seguiré tus cálculos de oficina que me hacen perder y mis hijos verán que




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