Corazón en la meta

Capítulo 7: Es una orden

Kilian

El helicóptero de Velmont aterriza y este baja rápido, lo hago detrás de él y miro el lugar en el que estamos alzando una ceja, es la azotea de uno de los mejores hospitales de este país y uno en el que Velmont es socio. Al verlo caminar lo sigo y no entiendo por qué me trae aquí sabiendo que mañana tenemos la carrera y que debo estar listo porque ya vamos a empezar sextos y eso no es bueno, yo hago silencio y lo sigo, en el ascensor Velmont pasa una mano por su cabello y lo veo arreglar su traje, es raro, pero parece nervioso y cuando las puertas del ascensor se abren él sale y hay alguien que lo espera, una bonita enfermera que tiene una rosa en su mano y se la entrega, Velmont solo da las gracias y sigue caminando.

—¿Vas a decirme ya que hacemos aquí? —sonríe.

—¿Conociste alguna vez a la hermanita menor de Eliza? —respiro hondo.

—Si —digo simple.

—Ya cumplió los 19 —expresa y se detiene en la entrada de un cuarto de esos que solo usan las personas importantes.

—¿Qué hace ella aquí? —Lucas me mira.

—Tiene cáncer Kilian —dice como si nada —y Eliza aceptó trabajar para mí porqué a cambio su hermana tiene el mejor tratamiento, los mejores médicos y el mejor hospital —hago silencio —si Eliza acaba nuestro contrato su hermana pierde los privilegios, ¿ahora lo entiendes? Yo la necesito para ganar y recuperar todo lo que he invertido, pero Eliza necesita salvar la vida de su hermana menor —Lucas empuja la puerta y entra, yo me quedo ahí de pie observando a la chica que cuando lo ve sus ojos brillan y salta de la cama, es hermosa como su hermana, pero su piel es pálida y es bastante delgada, además, en su cabeza lleva un simple gorro y diría que ya no hay ningún cabello adornando esta.

—¡Lucas! —lo llama por su nombre y se lanza a los brazos de este con una enorme sonrisa y una mirada brillosa dejando claro que se llevan más que bien, cuando el abrazo culmina Lucas le entrega la rosa y ella se pierde en sus ojos mirándolo, pero no lo mira como a un padre, ni como a un amigo, su mirada es diferente y sin decir absolutamente nada me alejo de ahí.

—¿Hablarás con tus padres? —cuestiona Velmont mientras vamos en el helicóptero y miro sus ojos.

—¿Sabe Eliza la relación que tienes con su hermana menor? —su ceño se frunce —tiene edad para ser tu hija.

—Y así la veo —rio, una risa sin humor.

—Claro, se nota —Lucas deja de mirarme y solo suspiro sabiendo que la conversación acaba aquí y que no volverá a salir.

Camino hacia la sala de reuniones sintiendo como mi corazón se acelera más y más con cada segundo que pasa, la carrera es hoy y necesito estar en el podio, no es solo por mí esta vez, necesito sentir el orgullo de mis hijos, borrar la sonrisa de Julián y hacer que Eliza también deje de ver a este como un maldito campeón. Solo que me detengo a unos metros cuando la veo a ella fuera de la sala y no está sola, está acompañada del piloto #2 y quien se supone es mi compañero de equipo, pero para mí es otro rival más y ella le muestra cosas en su tableta mientras le habla, tardan poco tiempo y entonces el piloto entra a la sala de reuniones, yo apresuro el paso para alcanzarla antes de que ella entre.

—¿Qué tanto hablabas con el piloto número 2 si no están reunidos? —detengo sus pasos y me mira.

—Debo hablar con todos Vance —aprieto los dientes odiando que no diga mi nombre.

—Kilian —mascullo.

—Debo hablar con todos —sigue ignorando mi petición —también contigo

—Pero yo soy el padre de tus hijos, es diferente —Eliza suspira.

—Le daba instrucciones

—¿Fuera del briefing? —alzo una ceja —¿Acaso le dabas una estrategia distinta a la que me darás? ¿Qué quieres? ¿Que gane la carrera él y no yo?

—No sería tan malo —escucharla me hace apretar los puños —Somos el mismo equipo

—Soy el número uno Eliza —doy un paso hacia ella —el uno, lo que vayas a hablar con el piloto dos lo haces en el briefing frente a todos y no apartados susurrando.

—No estábamos

—Ya bastante tengo con que te relaciones con la escudería rival —gruño sin dejarla hablar.

—¿Qué demonios te pasa? —me mira incrédula.

—Pasa que no confío en ti —la señalo —y estas así —hago un pequeño gesto con mis dedos —de salir de aquí —su boca se abre, pero solo paso por su lado y entro a la sala de reuniones en donde ya todos están aquí, suspiro tomando asiento sintiendo el olor a café recién hecho, el director del equipo está en la cabecera y Eliza entra ganándose la mirada de todos.

—Cada punto vale oro —habla Wyatt —pero esta vez es diferente, esta temporada solo tiene 16 fechas, va a ser la más corta en una década y necesitamos ganar —él mira hacia ella —Eliza —esta asiente y se pone de pie frente a la pantalla táctil gigante que muestra el mapa del circuito de Miami plagado de líneas de telemetría.

​—Bien, caballeros —empieza Eliza, deslizando un dedo por la pantalla para mostrar el desgaste de los neumáticos —El asfalto de Miami está a 52 °C. No es una sugerencia, es un hecho: si empujamos en el primer sector, no llegaremos a la vuelta 15 con el compuesto medio. —suelto una risa seca interrumpiendo y gano miradas incluida la suya cargada de rabia.

​—El sector uno es donde se ganan las posiciones, ingeniera —digo haciendo lo mismo que ella al evitar llamarme por mi nombre —Si no ataco ahí, me quedaré atrapado en el tráfico de los McLaren todo el día. —la veo tomar aire conteniendo su rabia.

​—Si atacas ahí, Kilian, destruirás la goma delantera izquierda —ruedo los ojos —Mi estrategia es clara: gestión de neumáticos hasta la vuelta 12, undercut al Mercedes en la 13 y aire limpio para el resto de la carrera —sonríe con una sonrisa perfecta —Esa es la ruta al podio y

​—Tu ruta parece un paseo de domingo —replico interrumpiéndola nuevamente logrando hacer que se tense —Yo soy un piloto, no un contable de neumáticos —bostezo —Necesito agresividad.

​—Y yo necesito un piloto que llegue a la meta —explota alzando la voz y sonrío —no uno que termine en la grúa porque decidió que sabía más que los sensores —la voz de Eliza es como un bisturí —Kilian, has estado fuera mucho tiempo —me recuerda y me tenso —El coche ha cambiado, los neumáticos han cambiado. Escucha mi voz por el radio y haz exactamente lo que te pida. —la sala se llena de un silencio tenso y asfixiante, los otros ingenieros bajan la vista a sus portátiles y el director carraspea incómodo.




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