Corazón en la meta

Capítulo 10: Día de medios

Eliza

Observo mi tableta mientras vamos en el avión y solo puedo pensar en los gemelos, hubiera deseado que estuvieran aquí junto a mí, pero sé que estarán bien con mamá, miro por la ventanilla dando un suspiro sintiendo el agotamiento de este trabajo y es que cuando lleguemos, descansar es un lujo, tendremos que montar todo otra vez, será una nueva pista, un lugar nuevo y una carrera que necesitamos ganar, todo se repite y luego de una semana volverá a pasar lo mismo y volveremos a viajar a otro país y no, no me gusta esta vida aunque amo mi trabajo porque si no tuviera a los gemelos fuera distinto, pero con ellos en mi vida me niego a esto y cuando mi hermana esté bien pienso parar, asentarme y tener esa bonita casa en la que ambas vivamos junto a mamá y junto a mis pequeños como debe ser.

—¿Pensando en el trabajo? —miro a la chica que se sienta frente a mí —¿O en alguien especial? —sonríe.

—En mis hijos Anabelle —se tensa un poco, sé que ella lo sabe, es imposible que no lo haga cuando su padre si sabe que mis hijos son de Kilian.

—Debe ser difícil criar a dos hijos sin padre —comenta como si nada —y encima los tienes en este trabajo Eliza —niega con la cabeza —sinceramente no siento que seas la mejor de las madres —aprieto la tableta en mis manos con ganas de pegarle con esta en la cabeza. ¡Dios!

—Es divertido que hables así cuando no tienes ni la mínima idea de lo que es ser madre —suspiro —y Anabelle cuando quieras serlo, trata de elegir mejor que yo al padre —sonrío cuando su mandíbula se tensa.

—Trabajas junto a Kilian, pero solo eso —me señala —mantén el trabajo sin cruzar la línea Eliza, Kilian es mi novio, lo ha sido siempre y siempre volverá a mí —se inclina un poco hacia mí.

—Tu novio —rio —disculpa, es que la frase causa vergüenza ajena —sigue tensa.

—Sé que por dentro lloras —alzo una ceja —en el pasado Kilian me eligió a mi Eliza, contigo solo se divertía, pero a mí me buscaba —sus palabras me hacen recordar el pasado, las fotos de la madre de Kilian, esas que dejó frente a mí —y ahora también me busca, digamos que ayer dejó claro que su mayor trofeo luego de la carrera era volver a mí y tenerme con él —ella sonríe, no sé si lo hace por sus palabras o por lo que ve en mis ojos, pero se pone de pie y se aleja dejándome ahí y solo niego porque me he quedado como estúpida pensando en un pasado que ya debería de estar enterrado y así lo creía hasta que volví a verlo a él. Bajo la mirada a mis manos y cierro los ojos necesitando unos segundos para calmar mi agitado y traicionero corazón.

—¿Todo bien? —miro a Velmont cuando se sienta frente a mí.

—Tienes un Jet —me mira confundido —¿qué haces aquí? —él ríe y mira a mi espalda.

—No hagas caso a sus palabras Eliza —sé que mira a Anabelle —Está celosa y tiene envidia porque tienes un lazo con Kilian que jamás va a romperse, dos hijos y eso a ella le afecta.

—No me interesa.

—Además, Kilian y ella no están

—No me interesa dije —interrumpo sus palabras mirando sus ojos —nada de lo que tenga que ver con Kilian lo hace —miro mi tableta —solo el trabajo, solo eso y nada más —termino apretando fuerte la tableta intentando controlar mi rabia —es que —sigo sin poder parar —¿a quién puede importarle alguien como él que pasa de lo más importante? Ayer debía cenar con los gemelos —ruedo los ojos —y simplemente se olvidó de estos porque

—Eliza —detiene mis palabras —Kilian no se olvidó de los gemelos —bufo —yo no le dejé salir de la fiesta —miro sus ojos frunciendo el ceño —le di a elegir y créeme, eligió muy bien —sus palabras me hacen reír.

—Elegir bien es cuando eliges a tus hijos Lucas —sonríe un poco.

—También cuando eliges hacer algo para que la madre de tus hijos no pierda su trabajo —me tenso considerablemente y abro la boca, pero él se adelanta —habla con Kilian, hablen como personas civilizadas Eliza porque en Canadá quiero que volvamos a estar en el podio —se pone de pie y simplemente se aleja, yo respiro hondo sabiendo que quizás juzgué mal a Kilian y sé que si se entera de que Julián cenó con nosotros no habrá quien pueda controlar su genio.

Al aterrizar en Montreal, la humedad del río San Lorenzo nos recibe como un recordatorio de que el circo de la Fórmula 1 no da tregua. El Circuito Gilles Villeneuve, ubicado en una isla, tiene una energía distinta a la de Miami. Aquí no hay palmeras ni falsos puertos deportivos; hay muros de hormigón que parecen cerrarse sobre ti y una lluvia que amenaza con convertir la pista en un espejo negro en cualquier segundo.

​Sonrío mirando hacia el cielo cuando una gota de lluvia cae en mi rostro y respiro hondo. Hemos pasado del calor sofocante de Florida a este ambiente gris, frío y eléctrico. Realmente, esto me gusta. El frío de Canadá me obliga a estar alerta, a recordar que en este deporte, el asfalto es el único que dice la verdad.

​Los días pasan realmente rápido cuando te sumerges día y noche en el setup del coche. Apenas Kilian y yo hemos intercambiado un par de palabras en los briefings técnicos; y decir eso es exagerar, porque ni siquiera cruzamos miradas. Su actitud ha pasado de la arrogancia al silencio absoluto, un vacío que logra asustarme más que sus gritos porque se nota que me evita a toda costa.

​Hoy es jueves, el día de medios. La tensión en el hospitality de Velmont se puede cortar con un bisturí. Tomo asiento a su lado en la mesa de la Rueda de Prensa Oficial de la FIA y, al instante, siento que la presión atmosférica aumenta. Los tiburones de la prensa han olido sangre desde Miami.

​La primera pregunta llega para el Jefe de Equipo, luego la segunda para Lucas, nuestro patrocinador principal. Veo a Lucas dar un paso hacia nosotros desde la zona VIP. Como patrocinador principal, su rostro es una máscara de horror y es que cada palabra que sale de la boca de Kilian está devaluando la marca que él representa. El jefe de equipo le niega con la cabeza, temiendo que si el patrocinador interviene, el escándalo sea irreversible. Entonces, llega el golpe final.




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