Corazón en la meta

Capítulo 12: Celos enfermos

Kilian

Camino por el pasillo del hotel casi sin levantar los pies del suelo, el aire es pesado y se la razón, mañana es la carrera y debo estar listo, pero solo estoy estresado, los últimos días luego de esa bofetada han sido un infierno, los periodistas no dejan de hacer preguntas, Eliza apenas me habla y las prácticas han sido completos desastres y ahora, aquí estoy, caminando con par de bolsas llenas de juguetes en mis manos para los gemelos, necesitando de una forma u otra ganarme a estos, pero al escuchar risas y voces me detengo antes de doblar por el pasillo y apenas miro un poco, aprieto las bolsas en mis manos con fuerza viendo a Julián ahí, en la puerta de la habitación de hotel donde mis hijos y Eliza se quedan.

—Son unos niños increíbles —lo escucho hablar y aprieto los dientes mientras veo la sonrisa en la cara de Eliza —tienen tu inteligencia —y ahí está, el halago que no puede faltar de su parte y que hace que ella se ruborice —Nos vemos mañana en la pista Eliza y los datos que me enseñaste en el tablet me han servido de mucho —le guiña un ojo y veo cuando se aleja, ella solo se le queda viendo y yo salgo para acercarme con la palabra datos dando vueltas en mi cabeza, Eliza se gira y al verme su sonrisa se esfuma, pero la rabia en mi cuerpo está ahí y está creciendo y no lo entiendo, es algo que sencillamente no puedo controlar, algo que me niego a aceptar pero que a la vez me está matando sin dormir y sin poder dejar de pensar en ella.

—¿Le enseñas datos al enemigo? —me acerco a ella —¿qué le enseñaste? ¿Mi estrategia de mañana? —su mandíbula se tensa.

—Me sigues acusando de espionaje Kilian y es injusto —rio con sus palabras aun mirando sus ojos.

—Injusto es que te hagas la santa frente a Lucas para no perder tu trabajo y me pregunto si también te acuestas con él —la veo apretar los puños, veo el odio en sus ojos, pero el mío es mucho mayor porque siempre que la veo lo recuerdo, ella me abandonó y se fue cuando tuve mi accidente y mis padres dijeron a los medios que no volvería a correr.

—Podría hacerlo —su respuesta me deja sin habla —y no sería tu problema Kilian, con quien me acuesto o dejo de hacerlo, tú y yo no somos nada, somos del mismo equipo, solo eso.

—El problema es que metas al enemigo en tu cama —señalo por donde Julián se fue —y quizás este te convence de hacerme perder —el odio sigue en sus ojos pero también algo más.

—¿Me crees capaz? ¿Crees que soy capaz de sabotearte? ¿Y además de eso, de arriesgar mi trabajo y todo lo que Lucas ha invertido en la escudería?

—Creo que siempre has sabido cómo hacerme daño donde más me duele —suelto de una viendo el dolor en sus ojos —mañana estaré por mi cuenta Eliza, no confío en ti ni en tus datos ni en nada —me acerco más a ella.

—Te estrellarás si me ignoras.

—Ya me estrellé una vez —sonrío —lo hice cuando me enamoré de ti —la veo tensar su mandíbula.

—¿En serio tienes el valor de decir eso? —ella ríe —no era yo quien se acostaba contigo y a la vez con mi ex —mis ojos se entrecierran.

—¿De qué hablas?

—Pregúntale a tu madre Kilian —ella se hace a un lado —ya sabes cuál es el cuarto de los gemelos —agrega para entonces alejarse dejándome solo como las veces que vine porque sí, he estado aquí para cenar con los gemelos, para estar con ellos y ella solo se ha ido dejando claro que hasta compartir el aire conmigo le molesta y lo peor de todo es no poder controlar mis malditos celos que son mayores que el odio que pensé sentía hacia ella.

Decir que pude dormir algo antes de esta carrera es mentira, decir que escuché algo durante el briefing sería exagerar, pero aquí estamos, luchando por el podio en Canadá y lo único que ahora me mantiene la rabia a raya es el potente rugido del motor a mis espaldas y lo intentamos, por supuesto que sí, intentamos fingir ante todos, pero es imposible pensar que ella no tiene nada con Julián cuando vive sonriendo mirando sus ojos o reuniéndose con él, pensar en eso solo me hace apretar el volante mientras repito una y otra vez en mi cabeza que debo controlarme porque una falla aquí podría hacerme perder la vida y aprieto los dientes cuando mi mirada vuelve al espejo y veo ahí el coche de Julián que sigue pegado a mi alerón trasero.

—Kilian, escucha con atención —la voz de Eliza irrumpe en mi casco y suena demasiado tensa —Veo una anomalía en la presión del aceite. Los niveles están cayendo en picado. Tienes que activar el Modo de Seguridad 4 y bajar las revoluciones —aprieto el volante hasta que mis dedos duelen —Ahora —ordena y solo la imagen de Julián junto a ella está en mi cabeza y lo que ordena para mí es imposible, no voy a perder esta carrera.

​—No veo ninguna alarma en mi pantalla, Eliza —respondo con mi respiración agitada empañando ligeramente la visera —El coche tiene potencia pura. ¿Qué pasa? —rio —¿Estás intentando que frene para que tu “amiguito” me pase? —un silencio escalofriante se hace.

​—¡Maldita sea, Kilian! Mi monitor muestra una fuga lenta en el cárter —explica —El sensor de tu volante tiene un retraso de tres segundos, pero yo tengo la telemetría real en el muro. Si no activas el modo de seguridad, el motor va a estallar antes de que llegues a la chicana del Casino.

​—No voy a morder el anzuelo —siseo hundiéndome más en el asiento —Sé lo que estás haciendo. ¿Qué te prometió Julián en su equipo? ¿Un puesto de Directora Técnica si yo quedo fuera de los puntos? —intento hacerla rabiar y lo consigo, pero no como esperé.

​—¡Kilian, activa el maldito modo! ¡Es una orden! —el grito de Eliza casi me rompe el tímpano y hasta podría jurar que escuché preocupación en su voz, pero niego ignorando su voz y con la palabra traición en mi mente lanzo el coche hacia la recta más larga del circuito. 320, 330, 340 km/h. Los muros de Montreal son un borrón gris a mis lados. “Ella me está traicionando”, me repito tratando de acallar el pánico que empieza a subirme por la garganta. Pero entonces, el volante comienza a vibrar de forma antinatural y un humo blanco, fino y letal, empieza a salir de la parte trasera, oscureciendo mi visión del alerón de Julián.




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