Mejores amigos…como hermanos
Liam
—Estoy muerto —se quejó Liam, dejándose caer sobre la banca frente a la pista de hielo. Estiró las piernas y reclinó la cabeza hacia atrás—. No siento los pies y mi espalda me está matando. No se como lo hace Tiana.
—Se llama disciplina. Tal vez si hubieras escuchado más a tus entrenadores en vez de hacerte el chico rebelde, no estarías llorando ahora. —respondió John con tono burlón, sin apartar la vista de la pista—. ¡Extiende esa pierna, Tati! ¡Más! —gritó después, alzando la voz.
Liam observó con cierta admiración a Tiana, quien seguía patinando como si nada, ajena al cansancio. La había visto llegar desde primera hora al edificio, como si tuviera una batería imposible de agotar, y ahí estaba él, sintiéndose como un viejo.
—Yo no estoy llorando —refunfuñó Liam, aunque sabía que su cara de sufrimiento lo delataba.
El dolor en su espalda palpitaba con cada movimiento, pero trataba de disimularlo. Lo último que quería era parecer débil delante de Tiana.
Habían conseguido coordinarse: levantarla, girar con ella en brazos, incluso patinar espalda contra espalda sin mirar la pista. El último reto había sido brutal: él debía flexionar las piernas como si estuviera sentado en el aire, y ella, erguida sobre sus muslos, debía seguir el recorrido. Al principio lo hacían con Tiana apoyada de rodillas, pero John ya planeaba que pronto se parara de pie sobre él.
Le dolía todo el cuerpo, sí, pero había algo más fuerte que el cansancio: la sensación de satisfacción cada vez que lograban algo juntos. Y aunque intentaba no admitirlo, la compañía de Tiana lo mantenía motivado de una manera peligrosa.
Ella giraba, saltaba, caía con precisión, y él se descubría siguiéndola con los ojos sin poder apartar la vista. Había algo magnético en la manera en que se movía. Y lo peor era que lo sabía. Tiana no necesitaba mirarlo para notar cómo la observaba; la ligera sonrisa en sus labios, apenas contenida, lo delataba todo.
Liam carraspeó, intentando apartar la mirada cuando ella se detuvo para beber agua frente a él.
—¿Sabes qué es lo peor? —dijo, lo bastante alto para que lo oyera.
Tiana arqueó una ceja, curiosa.
—Sorpréndeme.
—Que haces ver fácil algo que está a punto de matarme. —Se llevó la mano al pecho, teatral—. Creo que no voy a sobrevivir a esto.
Ella rodó los ojos, pero una risa se le escapó.
—Dramático. Solo te falta caerte al suelo y pedir una ambulancia.
—No lo descartes. —Él sonrió con picardía, bajando la voz—. Pero si me muero aquí mismo, quiero que quede claro que fue culpa tuya.
Tatiana se cruzó de brazos, fingiendo molestia.
—Perfecto, así me haces quedar como una asesina.
—¿Qué pasa, capi? —la voz de Frankie lo sacó de sus pensamientos.
Liam levantó la mirada desde la banca y vio a tres de sus compañeros de hockey acercarse con sonrisas de complicidad.
—Ah, Frankie, Klaus, Nathaniel —los saludó, sin muchas ganas de moverse, todavía con el cuerpo ardiendo del entrenamiento.
—¿Ahora eres bailarín o qué? —murmuró Klaus, arqueando una ceja, claramente disfrutando de la escena.
—Algo así. Doble talento, ¿sabes?—contestó Liam, recostándose hacia atrás.
—Bueno, hostia, esa chica es impresionante —comentó Nathaniel, cruzado de brazos, mientras miraba a Tiana patinando con la misma naturalidad con la que alguien respira. En ese momento, ella se inclinaba sobre un pie, el otro extendido hacia atrás, su falda agitada por la velocidad—. Yo ni en mis sueños más locos podría hacer eso.
Liam se incorporó, un tanto a regañadientes, porque cada músculo le estaba pasando factura. Jamás pensó que diría algo así, pero lo cierto es que ese entrenamiento lo estaba dejando más muerto que cualquier práctica de hockey.
—Créeme, ninguno en el equipo podría hacer ni la mitad de lo que ella hace —dijo, con un hilo de orgullo en la voz, sin apartar la vista de Tiana.
Sus compañeros lo miraron de inmediato, alzando las cejas con sonrisas de mierda. Liam ni siquiera se dio cuenta de la trampa en la que acababa de caer; estaba demasiado concentrado viendo a Tiana ejecutar un triple axel perfecto, aterrizando ligera como si no pesara nada.
—Bueno, bueno… —canturreó Frankie, con una sonrisa cargada de picardía—. ¿Por fin tendremos el honor de decirle “novia de capi”?
—¿Qué? —Liam se tensó, parpadeando, y negó enseguida—. No, no se atrevan. Ella no es mi…
Demasiado tarde.
Los tres ya habían salido disparados hacia la baranda, juntándose con Malik y Apolo, que estaban entretenidísimos grabando cada movimiento de Tiana.
—¡Hey, novia de capi! —gritó Nathan, con un tono tan burlón que retumbó en toda la pista.
Tiana casi se fue de espaldas al escuchar el grito. Patinaba hacia atrás con soltura, pero la sorpresa la hizo trastabillar. Recuperó el equilibrio por pura inercia. John, desde la distancia, los observaba con los brazos cruzados. Al principio pareció incrédulo, pero acabó riéndose al ver el espectáculo.
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Editado: 11.03.2026