Llamada borracho
Liam
¿Qué hora era?
Liam no tenía ni idea. Primero, porque había dejado su reloj digital en casa. Segundo, porque su mente borracha estaba demasiado ocupada enredándose sola como para fijarse en algo tan banal como la hora.
La fiesta en casa de Nathaniel estaba en su punto máximo. La mansión de tres pisos, en los barrios ricos, con columnas blancas y un jardín ridículamente iluminado, vibraba con música a todo volumen. Los bajos retumbaban en el suelo, mezclados con risas, gritos y el chapoteo de la piscina, donde un montón de adolescentes se lanzaban sin preocuparse de si sabían nadar o no. Había besos por cada esquina, alcohol por cada mesa y olor a cloro y perfume barato en el aire.
Liam estaba hundido en un sofá, con un vaso rojo en la mano. Había agarrado lo primero que encontró al llegar: una cuba libre. No le gustaba el ron, sabía a gasolina rebajada, pero era eso o nada. A su lado, Malik estaba sentado con cara de funeral, como si todo aquello fuera una pérdida de tiempo, mientras Apolo se movía al ritmo de la música con una chica del equipo femenino. Sabrina, pensó. O tal vez Serena. Qué más daba.
Pero él no estaba en la fiesta. Ni siquiera en ese sofá. Seguía atrapado en su propia cabeza.
¿Cómo estaría Tatiana ahora mismo? ¿Maya le estaría buscando pelea, como siempre?
¿Todavía estaría furiosa con él? ¿Lo mandaría al infierno el lunes en el entrenamiento?
Y la peor de todas: ¿qué demonios podía hacer para que lo perdonara?
Un grito lo sacó de su espiral.
—¡Capi, buen partido! —chilló una voz femenina desde algún punto de la sala.
Las luces estroboscópicas le impidieron ver quién era. Aun así, levantó su vaso y respondió con un "¡gracias!" demasiado alto, demasiado borracho, demasiado falso.
La sala estaba a reventar de caras conocidas y desconocidas. Compañeros del equipo, jugadoras del femenino, y un ejército de colados que nadie sabía de dónde habían salido. Liam ya había perdido la cuenta de quién bailaba con quién, o cuánto tiempo llevaba la fiesta en marcha.
Sabía que Nur había estado bailando con Landon cuando llegaron. Luego la vio con sus amigas. Y ahora… ahora estaba demasiado cerca de una chica de pelo morado que se movía como si lo conociera de toda la vida. Malik no se había dado cuenta, porque tenia sus ojos fijos en la chica con la que bailaba Apolo, pero Liam sí. Y lo había visto todo en cámara lenta, porque él llevaba horas clavado en ese sofá, inmóvil, como si estuviera pegado con pegamento.
La cuba libre se le hacía agua en la boca, pero lo que de verdad se le pegaba era esa sensación espesa en el pecho, como una mezcla de celos, rabia y vacío. Ni siquiera sabía cómo llamarlo. Solo sabía que no le gustaba.
—Creo que debemos llamar a Landon para irnos —murmuró Malik, con el ceño fruncido y los brazos cruzados, justo cuando Apolo apareció tambaleando, el descaro personificado. Tenía la botella en una mano y una sonrisa torcida que no prometía nada bueno.
—¿Irnos? ¡Ni de broma! —balbuceó, arrastrando las palabras como si pesaran toneladas—. ¡Ven, Malikito, baila conmigo!
—Ni un jodido baile. Vas a sentarte y a beber agua —replicó Malik, con esa calma tensa que usaba justo antes de perder la paciencia. Le estiró la mano para arrebatarle la botella.
Pero Apolo, sorprendentemente rápido para el desastre que era, se giró y la apartó.
—Hoy no. Hoy déjame… déjame desahogarme con el alcohol.
—¿Qué demonios te pasa ahora? —preguntó Malik, sin rodeos.
Apolo apretó la mandíbula, dio un trago largo y, cuando bajó la botella, su sonrisa desapareció.
—Mamá iba a venir. Papá también. Dijeron que iban a venir a verme. ¿Sabes desde cuándo no los veo? —Su voz se quebró, pero él no paró—. Seis meses. Seis putos meses. Y no aparecieron. Ni una llamada, ni un mensaje. ¿Y qué recibí? —alzó la botella como si fuera la prueba de un crimen—. Un correo de su maldita secretaria diciendo que estaban “ocupados”.
—Apolo… —intentó Malik, con un tono menos duro.
—No quiero lástima —lo cortó enseguida, con los ojos vidriosos pero firmes—. No la quiero.
Se dio otro trago y se alejó tambaleando hacia la multitud, tragándose su rabia con alcohol.
—Voy por él —dijo Malik, poniéndose de pie como si cargara el peso de todos. Se giró hacia Liam y le dio un manotazo en el brazo—. ¡Y tú, despierta! Llama a Landon, necesitamos largarnos.
Liam tardó un segundo en reaccionar. Parpadeó, como si el golpe lo hubiera sacudido del trance en el que estaba hundido.
—Otro borracho más… —masculló Malik mientras se alejaba tras Apolo—. ¡Llama a Landon!
—¡Ya voy, ya voy! —gruñó Liam, con voz ronca.
Se echó el vaso al cuello de un trago, la quemazón del ron bajando como fuego líquido, y sacó el teléfono. La pantalla parpadeaba en colores confusos, las letras bailaban frente a sus ojos.
Y, por alguna razón que ni él entendía, se echó a reír. Una carcajada breve, seca, que no tenía nada de gracioso
Buscó el número de Landon, pero antes de marcar, alguien se dejó caer en el sofá a su lado.
#5144 en Novela romántica
#1321 en Novela contemporánea
amigos verdaderos y un sueño por cumplir, amorverdadero amorcomplicado, romancedeportivo
Editado: 11.03.2026