Gorilas del hockey
Liam
Landon lo llevaba casi colgado del brazo, arrastrando medio cuerpo de su gemelo borracho mientras Liam hacía un esfuerzo patético por mover las piernas sin enredarse. Malik lidiaba con Apolo en el otro extremo, que parecía encantado con la vida, riendo como si lo estuvieran sacando de un festival. Nur, más suelta que todos ellos, daba pequeños saltitos y giraba sobre sí misma, como si todavía estuviera en la pista de baile.
—Nur está demasiado feliz —rió Apolo, dejándose caer contra el hombro de Malik.
—Y tú demasiado pesado —masculló Malik, empujándolo para que caminara derecho.
—¡Lo estoy, sí lo estoy! —gritó Nur, girando de nuevo, aunque perdió el equilibrio y casi aterriza de espaldas en el suelo.
Malik la sujetó justo a tiempo y soltó un gruñido de puro agotamiento.
—Por el amor de Dios, ¡paren ya! Necesito llegar con ustedes enteros, no con fracturas.
—¡Aburrido! —gritaron Apolo y Nur al unísono, antes de explotar en risas tan fuertes que rebotaban por el estacionamiento subterráneo.
Landon negó con la cabeza, arrastrando a Liam hacia el ascensor.
—Mañana vas a llorar sangre, L1.
Liam levantó apenas la cabeza, con los ojos brillosos y una sonrisa boba.
—No me importa. Me voy a casar con ella, L2.
—Ajá, claro… —resopló Landon, aunque se le escapó una sonrisa.
—No, en serio —Liam tambaleó los pasos, pero su voz sonó con una convicción que rozaba lo infantil—. Y tú vas a ser mi padrino de bodas.
—Bueno, es lo mínimo, siendo tu gemelo.
—¡Oye, pensé que yo iba a ser el padrino! —saltó Apolo, indignado, tropezando contra Malik.
—Los tres lo van a ser —balbuceó Liam, arrastrando las palabras.
Llegaron tambaleándose hasta el lobby del edificio. Malik, resignado a ser el único adulto funcional, apretó el botón del ascensor con un bufido. El sonido metálico del timbre del elevador hizo eco, y en ese mismo instante Liam frenó en seco. Plantó los pies en el suelo con tozudez, obligando a Landon a detenerse también.
—Camina, Liam —gruñó su hermano, ya con el rostro cansado—. Quiero meterme en la cama y olvidarme de que somos la niñera del equipo esta noche.
Pero Liam lo miró con una seriedad que contrastaba con su estado ebrio, como si lo que iba a decir fuese vital.
—Quiero verla otra vez… —murmuró, con un nudo en la garganta.
Landon lo apretó más fuerte del brazo, chasqueando la lengua.
—Hermano, ya la viste. Te abrazó, te soportó, hasta te prometió que hablarán el lunes. Agradece que no te pateó las pelotas delante de todos.
Liam bajó la mirada, sus labios temblando apenas, y musitó con una sonrisa triste:
—Oye, L2…
Landon cerró los ojos con un suspiro resignado.
—Oh, Dios… no me digas que vas a empezar con un discurso filosófico y a llorar.
—Lo siento si he estado un poco… lejos de ti.
Landon se quedó callado un segundo, sorprendido por el tono, y al final sonrió de lado, más suave de lo normal.
—Lo entiendo.
—No, yo no… —Liam bajó la cabeza, arrastrando las palabras—. De pequeños éramos inseparables.
—Sí, pero crecimos —suspiró Landon, cansado pero sin dureza—. Tú tienes el hockey, yo la uni… Es normal que haya distancia.
Liam apretó los labios, como si esa explicación no le convenciera.
—No quiero perderte, hermanito —murmuró antes de lanzarse a abrazarlo con torpeza.
Landon tambaleó, casi cayéndose hacia atrás, pero lo sostuvo y le devolvió el abrazo, dándole unas palmadas en la espalda.
—No me vas a perder, ¿sí? Siempre seremos tú y yo. Siempre.
Liam se separó apenas, lo miró con los ojos entrecerrados y un gesto casi infantil.
—¿Siempre?
—Sí, siempre, Liam —repitió Landon, y luego lo empujó suavemente hacia adelante—. Ahora camina antes de que te deje tirado en la Jeep. Y, por el amor de Dios, no vuelvas a beber tanto.
Liam soltó una risa ronca, todavía colgado de su brazo como si no supiera andar solo. El silencio apenas duró un par de segundos antes de que Liam soltara, con la voz arrastrada y los ojos pesados:
—¿Tú crees que Tiana me perdone?
Landon lo miró de reojo y resopló.
—¿Tu princesa? Tal vez… si sobrevives a la resaca. Deberías llevarle flores, a las chicas les gusta eso. Y más después de lo que le hiciste pasar hoy.
Los ojos de Liam se abrieron de golpe, como si hubiera escuchado la idea más brillante del mundo.
—¡Yo también lo pensé!
Landon, en cambio, soltó una risa cansada y añadió: —Y deberías hablar con papá.
Liam frunció el ceño, confundido.
—¿No debería hablar con mamá?
#5144 en Novela romántica
#1321 en Novela contemporánea
amigos verdaderos y un sueño por cumplir, amorverdadero amorcomplicado, romancedeportivo
Editado: 11.03.2026