Corazones Congelados

Capítulo 9

Sentencia de muerte

Liam

—¡¿Dónde están mis estrellas que no los veo en el hielo?! —el grito de Johnny retumbó en la pista, cortando de golpe las risas del equipo.

Los chicos de hockey ya estaban cambiados y sentados en la banca, comentando cualquier tontería mientras miraban la pista. Tiana estaba con ellos, riendo más que hablando, su mano entrelazada con la de Liam como si fuera lo más normal del mundo.

Todo había empezado por culpa de Nathaniel, que, con su sonrisa burlona, había señalado que parecían una “pareja de bajo voltaje” y que podían agarrarse de la mano sin vergüenza. Liam, con toda la calma del mundo, le había cerrado la boca enlazando los dedos con los de Tiana, y ninguno de los dos se había molestado en soltarse.

—¡Vamos, mocosos, muevan esas piernas! —insistió Johnny.

Liam y Tiana se levantaron de golpe y corrieron torpemente con los protectores, esquivando a medias a los jugadores que se les cruzaban. Malik cayó de lado cuando Liam lo empujó sin querer, y Apolo tuvo que agarrarse de Klaus para no irse de cara.

—Genial, ahora también tenemos un club de fans —soltó Johnny, al ver que medio equipo se había levantado para seguirlos con la mirada.

Liam y Tiana ya estaban dentro, patinando en círculos para calentar. Ella parecía ligera, concentrada y divertida; él, más tenso, aunque no podía evitar sonreír al verla.

—Bien, atención —dijo Johnny, cruzándose de brazos con la expresión de un verdugo—. Quiero que repitan la rutina, pero vamos a subir el nivel. La competencia viene fuerte esta temporada, y no vamos a quedarnos atrás. Necesitamos más acrobacias.

Las chicas intercambiaron miradas preocupadas; ninguna parecía muy convencida, pero todas asintieron.

—Hoy probaremos algo distinto —continuó Johnny—. Liam, te toca. Vamos a trabajar los giros: el Attitude, el Broken Leg, el Haircutter y el Illusion.

Liam se quedó congelado en su lugar, con cara de haber escuchado el nombre de cuatro instrumentos de tortura medieval.

—Perdón, ¿qué? —murmuró, incrédulo.

Tiana, al verlo tan pálido, no pudo contener la risa. Se dobló hacia adelante, sosteniéndose las rodillas mientras trataba de recuperar el aire.

—Tu cara, Liam… no puedo… —jadeó entre carcajadas.

Él la miró con media sonrisa resignada, aunque por dentro quería desaparecer.

—Me alegra que disfrutes con mi sufrimiento —replicó con sarcasmo.

—Más de lo que imaginas —respondió ella, aún riendo.

En la banca, Nathaniel frunció el ceño y se giró hacia Valentino.

—¿Qué carajos es un “Broken Leg”?

—Hermano, háblame de pases no de esta mierda —respondió Valentino, con la misma confusión.

—¿Y uno de “Ilusión”? —insistió Apolo, ladeando la cabeza.

—Supongo que ahí es donde finges que no te partiste la cabeza en el hielo —dijo Klaus, provocando que todos estallaran en risas.

Johnny chasqueó los dedos, llamando la atención otra vez.

—Silencio, que esto es serio. Liam, ponte las pilas. Tati te va a enseñar el Attitude, y quiero que lo repitas hasta que salga perfecto.

Liam suspiró, mirando a Tiana de reojo.

—Si me rompo algo, vas a cargar con la culpa.

Ella arqueó una ceja, con esa sonrisa que siempre lo desarmaba.

—Tranquilo, capi. Prometo atraparte si te caes.

Antes de que Liam pudiera reaccionar, Johnny le lanzó los protectores de muslos como si fueran un par de ladrillos.

Liam los atrapó de milagro, tambaleándose hacia atrás.

—Genial, gracias por casi romperme la cara —gruñó mientras se los colocaba a toda prisa.

—¡Comiencen, vamos, muévanse! —ordenó Johnny, agitando su lápiz para la tablet como si fuera un látigo—. Voy a ir anotando las partes donde habrá cambios y luego les digo. Hay que darles un buen show a su club de fans.

—Dirás que vas a garabatear dibujitos en esa tablet—intervino Apolo, con una sonrisita que ya prometía problemas.

Johnny se puso rojo al instante, escondiendo la pantalla contra el pecho.

—Cómo me caen mal, de verdad.

—No, no lo haces —respondió Apolo, inclinando la cabeza hacia un lado.

El resto del equipo soltó carcajadas.

Tiana ya estaba en posición, esperándolo en el centro de la pista con una sonrisa tranquila. Liam tragó saliva. Su parte racional sabía que debía concentrarse en los movimientos, pero su parte irracional solo podía enfocarse en cómo se le iluminaban los ojos cada vez que lo retaba.

—¿Listo, capitán? —preguntó ella, con una ceja arqueada.

—Más o menos —admitió, ajustándose los protectores—. Tengo la ligera sospecha de que vas a disfrutar viéndome sufrir.

—¿Ligera? —replicó Tiana, divertida—. Creo que es bastante obvio.

Nathaniel se llevó las manos a la boca como si sostuviera un megáfono improvisado.




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