Silencio
Tatiana
Tatiana se removió entre sueños, buscando instintivamente más calor. Su cuerpo encontró el de Liam, firme y cálido, y se acurrucó sin pensarlo. Murmuró algo entre dientes, y suspiró. El olor a colonia masculina le llenó los pulmones, mezclado con algo que solo podía describirse como… él.
Abrió los ojos despacio, todavía medio dormida, y se topó con la mirada fija de Liam. Estaba despierto. Y la miraba como si acabara de descubrir algo que no debería.
—¿Qué miras? —preguntó ella con voz ronca, arrastrando las palabras.
—A ti —respondió él, con una sonrisa tan descarada que le dieron ganas de golpearlo con la almohada—. Pareces estar teniendo sueños interesantes. Escuché mi nombre… y creo que también un gemido.
Tatiana sintió cómo el calor subía a sus mejillas. No. No iba a admitir nada.
—Debiste imaginarlo —murmuró, girando la cabeza hacia la almohada.
—No parecía imaginación. Si quieres, puedo ayudarte a recordar los detalles… —susurró, acercándose peligrosamente.
Tatiana ni siquiera le dio tiempo a terminar. Lo besó. Así, sin aviso, sin permiso. Solo lo hizo.
Liam se congeló apenas un segundo, lo justo para recuperar el control que inmediatamente perdió. Sus manos la atrajeron con fuerza, y el beso se volvió más intenso, más desesperado. Tatiana se aferró a su nuca, sin pensar, dejándose llevar por la sensación de tenerlo tan cerca, tan suyo por un momento.
Y justo cuando el aire comenzaba a escasear, la puerta se abrió de golpe.
—¡L1! ¡Tati! ¡Los estamos esperando para desayunar! —la voz chillona de Louis rompió el hechizo como un balde de agua fría.
Tatiana pegó un salto y se cubrió bajo las mantas.
Liam, visiblemente rojo, se pasó una mano por el cabello. —¡Louis, fuera! ¡Ahora!
—¿Qué? Solo vine a avisar que…—La niña abrió los ojos como platos al ver la camiseta de Liam tirada en el suelo y algo que claramente no debía ver .--¡Oh, por Dios!
—¡Mamá! —rugió Liam, mirando al techo como si pidiera auxilio divino.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó su madre desde el pasillo, y al asomarse, lo entendió todo con solo una mirada.
El cuarto revuelto, la ropa dispersa, Tiana escondida bajo las mantas, y Liam intentando echar a su hermanita con la cara roja.
—Oh… —dijo simplemente, llevándose una mano a la frente—. Vamos, Louis. Deja que ellos… se organicen.
—¡Pero mamá! ¡Está todo desordenado! Después me regañas a mí por tener mi cuarto así y míralos a ellos…
—Louis, vamos —repitió la madre, arrastrándola fuera del pasillo.
La puerta se cerró. Silencio.
Tatiana se hundió más en las mantas. —Voy a morirme. Literalmente.
Liam, murmuró: —Bueno… al menos ya conocen oficialmente a mi familia.
—No es gracioso. —Su voz salió apagada desde debajo de las sábanas.
—Un poquito sí. —Liam soltó una carcajada, y ella lo golpeó en el pie.
—No te rías. Esto fue un desastre.
—Tienes razón —dijo él, sonriendo—. Pero un desastre adorable.
Tatiana asomó la cabeza, despeinada, con el ceño fruncido. —Deja de sonreír así o juro que te mato.
—¿Antes o después del desayuno? —preguntó él con inocencia fingida.
—Después. Quiero comer antes de enfrentar la humillación.
Liam no pudo evitar reír otra vez. Se inclinó y le dio un beso rápido en la mejilla.
—Trato hecho, leona.
Tatiana lo fulminó con la mirada, aunque la comisura de sus labios temblaba intentando no sonreír.
—Eres insoportable.
—Y tú hablas dormida —replicó él, divertido.
Ella frunció el ceño, incorporándose un poco. —¿Qué?
—Sí. Dijiste algo sobre “ganar siempre” y luego balbuceaste algo que sonó como “maldito Liam”. —Su sonrisa se amplió—. No sabía que incluso dormida pensabas en mí.
Tatiana se llevó una mano a la cara, riendo entre dientes. —Dios, qué vergüenza…
—Tranquila —dijo él, girándose hacia ella—. Si sirve de consuelo, tú dormida ronroneas.
—¿Qué? ¡Eso no me da consuelo! —gritó, lanzándole una almohada directo al pecho.
Él la atrapó sin esfuerzo, riéndose. — Fue adorable.
—¡No ronroneo! —replicó, tratando de sonar indignada, aunque la sonrisa la delataba.
—Claro que sí. Parecías un gato satisfecho.
—Entonces debe ser porque dormí bien —contraatacó, cruzándose de brazos con fingida inocencia.
Liam levantó una ceja. —Demasiado bien, diría yo.
—Cállate —dijo entre risas, lanzándole otra almohada, esta vez más suave.
Tiana se levantó despacio, con las sábanas resbalando por su piel hasta su cintura. Recorrió la habitación con la vista, buscando su ropa esparcida por el suelo. Un suspiro escapó de sus labios cuando vio el caos.
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Editado: 11.03.2026