Corazones Congelados

Capítulo 16

Culpa

Liam

En el estado en que se encontraba, era evidente que Liam no podía conducir. Tenía las manos temblorosas, los nudillos blancos de tanto apretar los puños, y las piernas le fallaban cada vez que intentaba dar un paso firme. El pecho le ardía; cada respiración era un esfuerzo, como si el aire se negara a entrar. El pánico lo devoraba, sin dejarle pensar con claridad. Solo veía una imagen fija en su mente: Tiana cayendo.

Landon fue quien se ofreció a conducir el jeep, apenas sin pedirlo. Nadie protestó. Todos sabían que si Liam tocaba el volante, acabarían en una zanja.

El motor rugió y el vehículo se lanzó. El camino se hizo eterno. Nadie hablaba. Liam iba en el asiento del copiloto, mirando hacia adelante con el ceño fruncido, mientras atrás, Apolo intentaba romper el silencio con un comentario torpe.

—Bueno… al menos vamos detrás de una ambulancia. Si chocamos, ya estamos en el hospital, ¿no?

Malik lo fulminó con la mirada.

—Apolo… no es el momento.

—Lo siento, sabes que odio los silencios —rezongó él, encogiéndose de hombros.

Liam no los escuchaba. Su mente estaba en otro lugar. Tenía la mirada perdida por la ventana, pero lo único que veía era el momento del impacto. El sonido hueco del golpe. El grito de ella.

Se pasó las manos por el rostro con fuerza, intentando borrar la imagen, pero seguía allí, tatuada en su mente.

Cuando llegaron al hospital, ni siquiera esperó a que el jeep se detuviera por completo. Saltó del asiento, tropezó, y siguió corriendo. Su corazón golpeaba tan fuerte que le costaba distinguir si eran sus pasos o sus latidos los que retumbaban en sus oídos.

—¡Liam, espera! —gritó Landon, corriendo tras él.

El grupo lo siguió hasta el vestíbulo, esquivando enfermeros y visitantes. Gala se adelantó a la recepción.

—Hola, Mandy —saludó con una media sonrisa forzada—. ¿Sabes dónde está mi padre?

La enfermera levantó la vista del computador, reconociéndola enseguida. —Claro, cariño. Está en la habitación 777. ¿Tu amiga es la paciente?

Liam se inclinó sobre el mostrador, con los ojos rojos y la voz rasgada. —¿Está bien? ¿Tiana está bien?

La enfermera dudó un segundo. —Deberías hablar con el doctor —respondió con suavidad.

Eso bastó. Liam sintió cómo el piso se le movía bajo los pies. El ascensor pareció tardar una eternidad en llegar, y cuando por fin lo hizo, él presionó el botón del cuarto piso una y otra vez, como si así pudiera acelerar el tiempo.

—Liam, ya está encendido el número —dijo Nur.

—No entiende la urgencia —respondió él, sin apartar la vista del panel.

Cuando las puertas se abrieron, salió antes que nadie. Doblaron la esquina y los vieron: Johnny y Henry estaban conversando con un hombre alto, de bata blanca y expresión grave. Gala se adelantó.

—Por la gravedad del asunto… —empezó el doctor, girándose hacia Johnny y Henry— ¡Gala! ¿Qué haces aquí? No me digas que es tu amiga. —El hombre frunció el ceño. — Thalia, hola.

—Hola, Manson —respondió ella, cruzándose de brazos,

—¿Está bien? —preguntó Liam.

El doctor suspiró. —Como les estaba informando a los señores, no puedo dar ningún diagnóstico sin la familia presente.

—Papá… —intentó decir Gala, bajando la voz.

Pero Liam ya no podía contenerse.

—¡Soy su novio! —soltó de golpe, con una voz que retumbó en el pasillo.

Todos lo miraron, sorprendidos, incluso el doctor. Liam siguió, con el pecho subiendo y bajando con fuerza

—Johnny es su entrenador, es como si fuera su padre. ¡Y sus padres jamás vendrán!

—Liam, basta, cálmate —intervino Landon, poniéndole una mano en el hombro, pero Liam se zafó bruscamente.

—¡No! Solo quiero saber si está bien —exclamó, la voz quebrada. Sus ojos estaban vidriosos, la respiración entrecortada.

Y justo entonces, las voces de sus padres se escucharon al fondo del pasillo, apurándose hacia ellos.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó su madre, visiblemente alarmada.

El doctor Manson soltó un largo suspiro, frotándose el puente de la nariz.

—Está bien. Solo haré esta excepción porque es amiga de Gala.

Liam se quedó inmóvil, conteniendo el aliento.

—Tiene una luxación rotuliana con ruptura del tendón rotuliano —explicó el médico con voz grave pero calmada—. La rótula se desplazó, y el tendón que la conecta con la tibia se rompió. Necesitará cirugía. No es complicada, ni larga, pero la recuperación será difícil.

Silencio.

La palabra cirugía flotó en el aire como un eco que ninguno quiso escuchar.

Liam apenas pudo procesarlo.

—¿Difícil… qué tan difícil? —preguntó al fin, la garganta seca.

—Dado que es deportista, tiene buena base muscular, eso ayudará. Pero el proceso de recuperación será largo. Cuatro o seis meses, con reposo y fisioterapia —dijo Manson, sin adornos.




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