Venganza
Tatiana
Cuando Tatiana despertó, lo primero que sintió fue un dolor sordo en la pierna, como si alguien hubiera colocado una losa pesada sobre su rodilla. Parpadeó varias veces, intentando orientarse, y entonces lo vio. Liam estaba allí, sentado junto a la cama, con la cabeza apoyada en su estómago. Su mano aferraba la suya con firmeza, y aunque parecía estar profundamente dormido, el ceño ligeramente fruncido le daba un aire de preocupación que no desaparecía ni en sueños. El cabello rubio le caía desordenado sobre la frente, y una sombra de cansancio marcaba su rostro como si no hubiera dormido bien en días.
Tatiana tragó con dificultad; la garganta le ardía, reseca, y su lengua parecía papel de lija. Parpadeó contra la luz suave que se filtraba por la ventana y miró alrededor, confundida, hasta que el recuerdo golpeó con fuerza: la cirugía. Su rodilla, finalmente destrozada después de tanto esfuerzo, la había llevado hasta allí.
Un nudo de ansiedad se instaló en su pecho. Podía imaginarse el caos en redes sociales: videos de su caída, fotos tomadas desde todos los ángulos posibles, rumores y comentarios que probablemente ya circulaban. Tatiana cerró los ojos un instante. No quería ver nada de eso. No hasta estar en casa. Casa… Bueno, técnicamente, la casa de Lana.
Y ahora, pensó con un ligero suspiro, sería una carga más para su familia.
Pero solo por poco tiempo, se prometió. En cuanto pudiera, pagaría con esfuerzo cada centavo que habían invertido en ella, devolvería cada gesto de cuidado y atención. No podía permitirse sentirse inútil ni depender de algo que no le pertenecía.
Desvió la mirada hacia la mesita de noche y notó un vaso de agua rodeado de pequeños ramos de flores. Margaritas y tulipanes en colores vivos alegraban el espacio, delicados y frescos. Cada uno con su nota: un osito vestido de azul de Louis, un globo en forma de corazón con un “¡Recupérate pronto!” de John, flores de Malik y Apolo, otro ramo de Gala y Thalia, uno más de Landon y Nur, y un ramo colectivo de los chicos del hockey acompañado de una caja de chocolates. Tatiana no pudo evitar sonreír ante la multitud de pequeños gestos, aunque sus ojos inevitablemente volvieron hacia Liam.
Los ojos de Tatiana se llenaron de lágrimas al ver todos esos gestos de cariño. Con cuidado de no despertar a Liam, tomó el vaso de agua y dio un sorbo. El líquido frío alivió su garganta, pero no logró calmar la avalancha de recuerdos que se filtraba en su mente.
Liam.
Su rostro. Su risa. La manera en que la había mirado con incredulidad y diversión mientras ella… oh, no.
El calor subió de golpe por sus mejillas. Recordó lo que había dicho. Mucho. Y no precisamente cosas normales. “Necesito que seas mío”.
¡Oh, Dios!
Quiso hundirse bajo las sábanas y desaparecer. Ni en mil años habría tenido el valor de decir algo así estando cuerda.
En ese instante, Liam se movió. Levantó la cabeza y abrió los ojos, todavía adormilado, y al verla, una sonrisa apareció al instante, iluminando su rostro.
—Buenos días, dormilona —dijo con voz suave, divertida, como si ya supiera todo lo que rondaba por su cabeza.
Tatiana tragó saliva. No era difícil de adivinar.
—¿Qué tal te sientes? ¿Te duele algo? —preguntó él, inclinándose ligeramente hacia ella, observándola con esa intensidad que siempre lograba hacerla sentir vulnerable.
—Eh… mejor, creo —murmuró Tatiana, con la voz apenas audible, mientras un rubor involuntario le teñía las mejillas. Intentó desviar la mirada, pero sabía que era inútil.
Fingir demencia. Ese era el plan. Si no lo mencionaba, tal vez él tampoco lo haría.
Pero, por supuesto, era Liam. Y Liam nunca la dejaba escapar tan fácilmente.
—¿Recuerdas algo de anoche? —preguntó, casual, estirando los brazos y arqueando la espalda, pero sin apartar la mirada de ella.
El corazón de Tatiana dio un vuelco. Por un segundo, sintió que le faltaba el aire.
—¿Anoche? ¿Ya es otro día? —preguntó, forzando una expresión confusa, como si nada tuviera sentido.
—Sí, anoche. Y sí, ya es otro día —respondió Liam, cruzándose de brazos, evaluándola con la mirada como quien contempla una obra de arte en plena creación—. Hubo momentos… interesantes.
Un flash de recuerdos atravesó la mente de Tatiana: ella pidiéndole que formalizaran algo. Quiso gritar, enterrarse bajo la almohada y desaparecer.
—Creo que estaba muy… anestesiada para recordar algo.
Liam ladeó la cabeza, sonriendo de forma divertida y un poco traviesa.
—Claro… anestesiada —repitió, dejando caer su tono con un énfasis que hizo que a Tatiana se le enredara la garganta.
Ella deseó, por un segundo, que el suelo se abriera y la tragara. Pero no lo hizo. Y Liam tampoco la dejaba escapar.
—No empieces con eso… —susurró Tatiana, tratando de sonar firme, aunque su voz temblaba un poco.
—¿Con qué? —preguntó Liam, fingiendo inocencia mientras la observaba con una sonrisa cargada de paciencia y desafío.
—Con… todo.
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Editado: 11.03.2026