Corazones Congelados

Capítulo 18

Puerta abierta

Tatiana

La salida del hospital se convirtió en una especie de operación militar torpe. Tatiana se sentía como una estatua torpe, atrapada en la silla de ruedas mientras el papeleo, las recomendaciones médicas y las preguntas de todos parecían no tener fin.

Apolo, cómo no, se había adjudicado el mando de la misión. Empujaba su silla de ruedas sin mantenerse callado.

—Esto no es tan complicado, ¿eh?

—Fácil decirlo cuando no eres tú quien carga medio hospital —protestó Gala, con una pila de flores y regalos que amenazaban con derrumbarse.

Apolo chasqueó la lengua, ofendido.

—Por eso mismo llevo yo a Tati. Nadie más tiene la destreza necesaria para esta operación.

Liam soltó una risa nasal. —Sí, claro, “destreza”. Más bien querías lucirte enfrente de todos en el hospital.

—Perdona, pero no todos podemos tener el encanto malhumorado de un tipo que mira como si todo el mundo le debiera dinero —replicó Apolo sin perder el ritmo.

La pequeña protesta sobre quién debía empujar la silla escaló rápido. Liam insistió con tono seco, Apolo se defendió con dramatismo, Liam volvió a intervenir como si estuviera negociando un tratado de paz y Apolo protestó. Tatiana zanjó la discusión dejando que Apolo lo hiciera, porque si no esa discusión iba a escalar a niveles más altos.

El traslado hasta el jeep fue otro episodio de comedia organizada. John la ayudó con cuidado, aunque su paciencia fue puesta a prueba cuando Tatiana insistió en hacerlo por sí sola, su pierna extendida que ahora reclamaba dos asientos como territorio propio. Malik y Gala se encargaron de poner las mochilas y bolsas en el maletero. Apolo, Nur y Gala hicieron malabares para encajar entre mochilas y bolsas en el maletero insistiendo para que Tatiana pudiera descansar.

Liam se giró desde el asiento del conductor y la miró.

—¿Lista? —preguntó, su voz grave, tranquila, como si con una palabra pudiera detener todo el ruido del mundo.

Tatiana sostuvo su mirada un segundo más del necesario. No hacía falta decir que no lo estaba, pero igual asintió.

—Depende… —respondió, con un dejo de picardía—. ¿Tú sabes conducir sin chocar?

Liam arqueó una ceja, una sonrisa ladeada asomando en sus labios. —Te rompiste la pierna, no la lengua. Bien, eso es buena señal.

Ella soltó una risa suave, y por primera vez desde que salió del hospital, respiró sin que doliera.

Cuando arrancaron, el jeep se convirtió en una mezcla caótica entre un karaoke y una discusión grupal sin rumbo.

—Perfecto, necesitamos vibras felices —anunció, conectando su teléfono antes de que alguien protestara.

Un segundo después, la voz de Taylor Swift llenó el auto. Malik soltó un gemido.

—¿Taylor otra vez?

—Es terapéutica. Tiana la necesita —dijo Gala.

Liam, al volante, soltó una pequeña risa. No era frecuente oírlo hacerlo, y eso bastó para que Tatiana girara un poco la cabeza.

—¿Podemos poner algo que no implique corazones rotos? —pidió Malik.

—No —contestaron Gala y Tatiana al mismo tiempo.

La sincronía arrancó carcajadas, incluso de Liam, aunque él lo disimuló fingiendo que ajustaba el espejo retrovisor. Tatiana lo notó, y ese leve gesto le revolvió el estómago más que cualquier curva de la carretera.

La llegada a la casa de Liam fue bautizada por Apolo como “Operación rescate épica”.

—¿De verdad estás grabando esto? —protestó Tatiana cuando vio el teléfono apuntando hacia ella.

—Por supuesto. Esto es material histórico —respondió Apolo—. Servirá para cuando seas famosa y quieras recordar tus días humildes.

—Perfecto, justo lo que necesito —murmuró ella, escondiendo el rostro en el hombro de Liam mientras él la cargaba sin esfuerzo.

Liam ajustó el agarre, con ese modo suyo de hacer que todo pareciera sencillo, aunque el peso del mundo descansara sobre sus brazos. Tatiana intentó no pensar demasiado en lo cerca que estaba su cara de su cuello, en cómo el ritmo de su respiración se mezclaba con el de él.

Landon, caminando detrás, sostenía su pierna inmovilizada con un cuidado exagerado, como si fuera cristal.

—Tranquila, Tati, tengo la extremidad bajo control —dijo con seriedad.

—Gracias, Landon, me siento como una reliquia en proceso de restauración —contestó ella con una sonrisa tensa.

Entrando a la casa, Liam ajustó la posición para no golpear la pierna con la pared.

—¿Te duele? —preguntó él en voz baja.

—No —susurró Tatiana—. Solo… incomoda un poco.

—Ya casi termina.

—Bienvenida a tu hogar temporal —dijo Liam mientras la acomodaba con cuidado sobre la cama. Su voz sonó baja, casi suave, y por un segundo, su sonrisa fue solo para ella—. Luego pasamos por tus cosas, pero hoy te quedas aquí.

No estaba lista para volver con su padre, ni para soportar las frases amables y vacías de Melonny, o el silencio tenso de Maya. Solo de pensarlo, el estómago se le revolvía. Así que sí, quedarse allí —al menos por un rato— sonaba a la mejor decisión que podía tomar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.