Una Tiana terca
Liam
Liam no podía creer todo lo que había pasado en menos de veinticuatro horas.
Tatiana con su lesión que la había dejado casi inmóvil, Malik y Nur enfrentándose a sus padres y huyendo de casa, y ahora un nuevo entrenador en el equipo… Todo parecía surrealista, como si el mundo hubiera decidido girar al doble de velocidad, y él no pudiera alcanzarlo.
Apolo no había soltado a Malik en toda la noche. Lo abrazaba con firmeza mientras dormían, temiendo que él volviera a quebrarse en cualquier momento. Sin embargo, Liam sabía que Malik era demasiado fuerte para dejarse vencer. Siempre encontraba la manera de salir adelante, aunque doliera.
Nur y Landon también se habían refugiado en su habitación, cerrando la puerta tras ellos. Cuando eso sucedió, Liam sintió cómo la presión en su pecho, esa opresión que lo había acompañado desde que escuchó los gritos en el auto, comenzaba a disiparse. Pensó en Landon, en cómo había soportado todo el peso para sostener a Nur en medio del caos. Tal vez Landon había sentido esa misma presión cuando Liam estaba preocupado por Tiana.
Tiana, por su parte, estaba extendida en la cama, la pierna apoyada en la almohada ortopédica. No podía moverse, ni abrazarse, ni cambiar de posición sin dolor. Lo único que podía hacer era respirar hondo y tratar de ignorar la incomodidad.
Liam la observaba con el ceño fruncido. Sabía que no estaba contenta; esa mueca de desagrado no había desaparecido en toda la noche. Se inclinó y apoyó suavemente la cabeza sobre su abdomen, dejando que ella jugara con su cabello. Tiana, con movimientos lentos y cuidadosos, pasaba los dedos por su pelo, intentando calmarlo a él mientras él intentaba calmarla a ella.
—Maldita sea… —susurró Liam, más para sí que para ella—. Ojalá pudiera hacer algo más.
Tatiana soltó un pequeño suspiro, apenas audible, y murmuró con voz ronca:
—Haces más de lo que crees… solo con estar aquí.
Él le dio un leve apretón a su mano, y ella sonrió un poco, aunque sus ojos todavía reflejaban incomodidad y cansancio. Liam cerró los ojos, dejando que ese pequeño momento los anclará en medio de todo el caos. Porque fuera lo que fuera que viniera después, ahora tenían un respiro.
—Prométeme algo —dijo Tiana, con un hilo de voz—. Que no me dejarás sola… ni siquiera cuando todo se vuelva imposible.
—Nunca te dejaré sola —respondió Liam, con la firmeza que le costaba mantener en medio de tanto miedo—. Ni aunque el mundo entero se venga abajo.
Tatiana apretó su mano, y por un segundo, los dos pudieron olvidarse del dolor, del caos, de todo lo que había pasado… aunque solo fuera un instante.
❄️⛸️
La alarma sonó a las cinco y media. Liam bajó a correr durante una hora y, al volver, encontró a Malik saliendo del baño, ya vestido con su ropa deportiva del equipo. Apolo, con los ojos visiblemente cansados, se colocaba su uniforme, tratando de desperezarse.
Liam apenas se quitaba los zapatos cuando se cruzaron. Se saludaron con un beso rápido en los labios, lo que hizo que Liam alzara una ceja, observándolos con mezcla de diversión y sorpresa. Malik y Apolo se pusieron rojos de inmediato y salieron de la habitación como dos adolescentes pillados en el acto. Liam no pudo evitar una sonrisa burlona.
Después de un baño rápido, Liam se vistió y notó que Tatiana se había despertado por todo el movimiento a su alrededor. Se inclinó hacia ella suavemente.
—¿Todo bien?
Tatiana le sonrió con los ojos entrecerrados, adormilada, pero irradiando una ternura que le arrancó un latido acelerado al corazón de Liam.
—Ahora que estás aquí, sí —respondió, la voz ronca por el sueño.
Liam se quedó mirándola un momento, como si estuviera viendo algo demasiado frágil y hermoso para existir. Sus ojos aún brillaban con esa calidez que hacía que Liam se sintiera completamente despierto. Lo sabía: estaba enamorado.
Tatiana notó su mirada y soltó una risa suave, ladeando la cabeza.
—¿Qué pasa?
—Acabo de ver a Malik y Apolo besándose —dijo Liam, frunciendo un poco el ceño—. Es raro… los conocemos desde los seis años y ahora… están saliendo.
Tatiana rodó los ojos, pero una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro.
—Acostúmbrate, porque van a ser mucho más expresivos ahora. Y además… déjame ir contigo.
Liam negó rápido, como si fuera un reflejo automático.
—Ni pensarlo. Necesitas reposo.
Ella frunció el ceño, claramente frustrada.
—¡Pero no quiero quedarme aquí sola! Puedo manejarlo, Liam. Solo quiero ir.
—No, Tiana. No voy a arriesgarte. Además… ¿qué harías ahí? ¿Mirar desde un rincón mientras todos entrenamos? —su tono era firme, pero con un toque de humor que apenas disimulaba su preocupación.
Tatiana bufó y cruzó los brazos, mostrando toda su molestia.
—Sabes que odio quedarme quieta. Puedo sentarme en la banca como una niña buena y ver el entrenamiento… ¡me muero por saber quién es el nuevo entrenador!
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Editado: 11.03.2026