Pasos pequeñitos
Liam
Cuatro semanas habían pasado desde aquel partido y, aunque los entrenamientos seguían siendo extenuantes, Liam sentía que cada minuto valía la pena. Habían tenido varios encuentros: ganaron dos, perdieron uno, pero nada de eso le importaba tanto como ver a Tiana allí, siempre apoyándolos, con esa mezcla de orgullo y cariño que solo ella sabía transmitir.
Durante los descansos, era casi imposible no fijarse en ella. Allí estaba, con Johnny a su lado, guiando a Louis, corrigiendo sus pasos y animándolo a darlo todo. Liam podía leer cada gesto de Tiana: ese deseo contenido de ponerse los patines, de unirse a Louis y mostrarle sus propios trucos.
Louis ya había brillado en sus primeras competencias como solista, llevándose el primer lugar en ambas. Su hermanita tenía la misma ambición de siempre y, según Johnny, cuando creciera le asignarían pareja… algo que Louis había rechazado con firmeza.
Hoy era un día especial.
La primera cita de Tiana con el fisioterapeuta. Liam no podía evitar sentir un nudo en el estómago, mezcla de nervios y emoción. Sabía que le quitarían la inmovilización y que, finalmente, ella podría dar pasos por sí misma. Él sabía lo mucho que deseaba moverse libremente otra vez, sentir la ligereza de sus propios pies.
Tiana estaba sentada en la camilla, concentrada, mientras Karim, su fisioterapeuta, preparaba todo para los ejercicios.
—Lo primero será trabajar en la movilidad de tu pierna —explicó Karim con suavidad, ajustando la pierna de Tiana—. No hay prisa; solo queremos que empieces a sentir confianza en tus movimientos.
Liam observaba cada gesto de ella, notando cómo su respiración se aceleraba un poco, cómo fruncía ligeramente el ceño al concentrarse. Él sentía más tensión que ella, como si cada estiramiento fuera un desafío personal para su propio corazón.
—Vamos a empezar con algunos movimientos suaves —continuó Karim, guiando la pierna de Tiana—. Flexiona la rodilla hacia tu pecho… despacio, sin forzar.
Tiana obedeció, respirando hondo. Liam deseó poder decirle a Karim y decir:
“Cuidado con ella, es lo más importante para mí”.
Pero se limitó a observar, con las manos apretadas sobre su regazo.
—Muy bien. Ahora rotación suave —agregó Karim—. Esto ayudará a recuperar fuerza y flexibilidad sin dolor.
A medida que avanzaba con los ejercicios, Liam no podía ocultar la emoción que le subía al pecho. Cada movimiento de Tiana, cada flexión, cada pequeño avance lo hacía sonreír como un tonto. Su pierna empezaba a recuperar algo de flexibilidad, y él sentía que con cada gesto, ella se acercaba un poco más a la libertad que ambos deseaban.
Luego pasaron a los ejercicios de equilibrio. Karim la ayudó a colocar ambas manos en las barras de apoyo, indicándole cómo sostenerse firmemente mientras trabajaba sobre una sola pierna. Liam se inclinó un poco hacia adelante, como si solo su cercanía pudiera darle confianza extra.
—Excelente, Tati. Ahora, ¿te gustaría intentar caminar con las muletas? —preguntó Karim, acercándose con un par de muletas.
Los ojos de Tati se agrandaron y Liam contuvo el aliento, notando la mezcla de sorpresa y emoción que brillaba en ellos.
—¿Muletas? ¿Ya no voy a necesitar más la silla de ruedas? —preguntó, incrédula,.
—Sí, y nada de inmovilización tampoco —respondió Karim, dándole las muletas—. Ahora vamos a empezar con ellas. Despacio, sin forzar. Escucha a tu cuerpo, y vamos paso a paso.
Tati tomó las muletas con cuidado. Sus primeros pasos fueron vacilantes, torpes incluso, pero Liam sintió que cada pequeño avance era una victoria gigantesca.
Al final del recorrido, Tati soltó una de las muletas y rodeo a Liam, abrazándolo con fuerza. El calor de su cuerpo, la suavidad de su cabello rozando su mejilla, le dio un vuelco al corazón. Karim rió por lo bajo, recogiendo la muleta que había caído al suelo, pero Liam apenas lo notó.
—Estoy tan orgullosa de ti —susurró Liam, Tiana apoyó la frente contra su pecho, y él sintió que el mundo entero se reducía a ese momento.
Las siguientes sesiones fueron un desfile de pequeños logros. Ocho citas más, constantes, cuidadosas, pero llenas de avances. Johnny estuvo ahí, observando cada movimiento, pero Liam se dio cuenta de que, aunque él ayudaba, lo que realmente empujaba a Tati hacia adelante era la determinación que llevaba por volver a patinar.
En la novena sesión, después de varios ejercicios de movilidad y equilibrio, Tiana hizo una pausa, respirando hondo, las mejillas sonrojadas por el esfuerzo. Se inclinó un poco hacia Karim y le preguntó:
—¿Crees que podría intentar algo? —dijo Tatiana, mordiéndose el labio—. Quiero ver si todavía puedo hacer un triple axel. No con los patines, claro… pero quiero saber si mi cuerpo todavía lo recuerda. Girar, saltar…
Liam contuvo la respiración. Aquella chispa de emoción mezclada con determinación en sus ojos lo hizo sentirse vivo. Si Karim decía que sí y fallaba, Tatiana se frustraría; pero si lo lograba, su impulso la haría avanzar más rápido de lo que Liam imaginaba.
—Tatiana… —dijo Karim, con calma y cautela—. Es una excelente idea para evaluar tu flexibilidad y coordinación, pero puede ser fuerte para tu cuerpo ahora. Podrías sentir incomodidad o cansancio.
#5144 en Novela romántica
#1321 en Novela contemporánea
amigos verdaderos y un sueño por cumplir, amorverdadero amorcomplicado, romancedeportivo
Editado: 11.03.2026