Corazones Congelados

Epílogo

Tatiana

Dos años después.

Tatiana apoyó la frente contra el metal frío de su casillero y soltó un suspiro largo.

—Parece que alguien no está teniendo un buen día —dijo una voz familiar detrás de ella.

Giró la cabeza y lo vio apoyado contra la pared, con la chaqueta roja y blanca del equipo universitario, el logo de Los Titanes del Hielo bordado en el pecho. Apolo tenía las manos en los bolsillos, el cabello despeinado y esa sonrisa fácil que parecía venir de fábrica.

—Solo estoy nerviosa.

—Mierda… —dijo él, abriendo los ojos—. ¿Hoy vienen los reclutadores de Europa?

Tatiana asintió, ajustándose la correa de su bolsa deportiva.

—Sí. Y no sé si estoy lista.

—Por favor, princesa. Si tú no estás lista, el resto de nosotros deberíamos retirarnos y dedicarnos al ajedrez. —Apolo se separó de la pared y la señaló con el stick que llevaba al hombro—. Eres la mejor del equipo, y lo sabes.

—¿No deberías estar en clases, motivador profesional? —replicó ella con una sonrisa leve.

—Se supone —respondió, sin una gota de culpa—, pero ya pasé esa materia. Técnicamente, mi presencia es opcional.

—Ajá, claro. Déjame adivinar, estás esperando a los chicos.

—Exacto. Aunque Malik debería salir en cualq…

No terminó la frase. Unos brazos rodearon su cintura por detrás, y su sonrisa se expandió al instante. Malik apoyó la barbilla en su hombro y lo besó con suavidad, como si no hubiera nadie alrededor.

Tatiana no pudo evitar sonreír ante la escena.

—Ugh, es demasiado temprano para tanto amor —refunfuñó Nur, cruzando el pasillo con el stick bajo el brazo y el cabello recogido a medias.

Llevaba la chaqueta morada y gris de Las Cazadoras del Hielo, el equipo femenino de la universidad, y un aire de agotamiento mezclado con desorden adorable.

¿De verdad quién se encarga de nombrar a los equipos? ¿Quién tiene tanta imaginación para eso?

Tatiana la observó mientras intentaba amarrarse el cabello con una mano, sostener la bolsa con la otra y mantener el equilibrio del stick entre el cuello y el hombro.

—Otra vez tarde —comentó Tatiana , alzando una ceja.

—Tarde no, solo apurada —respondió Nur sin perder el ritmo, aunque se le cayó el casco justo después.

—Claro, y yo soy jugadora de hockey—replicó Tatiana con sarcasmo, agachándose para alcanzarle el casco.

Apolo sonrió, viendo la escena.

—No la molestes, Tati. Eliza la vuelve loca, necesita tiempo para recuperarse emocionalmente.

—¡Eso es mentira! —gritó Nur desde el final del pasillo, sin voltear, haciendo que varias personas se giraran a mirarla.

Eliza era la entrenadora del equipo de Nur. Apenas cuatro o cinco años mayor que ella, pero ambas llevaban meses jugando a “nadie sospecha nada”. Lo gracioso era que todos lo sabían, menos la directiva…

—Me pregunto dónde estará mi novio —murmuró Tatiana , ajustando los patines que llevaba colgados del hombro.

—Probablemente llorando otra vez porque recuerda que ya no viven juntos —se burló Apolo, con su habitual sonrisa traviesa.

Malik le apretó la cintura en señal de advertencia.

—Baja el tono, o dormirás solo esta noche —le dijo entre dientes.

—¡Oye! Solo decía la verdad.

—Ja, ja, ja. No es gracioso —interrumpió una voz grave a sus espaldas.

Tiana se giró y su corazón dio un pequeño salto. Liam avanzaba por el pasillo con la chaqueta roja y blanca del equipo colgando abierta sobre la camiseta gris. Llevaba el cabello un poco más largo que de costumbre, despeinado de forma perfectamente intencionada. A su lado caminaba Nathaniel, con la misma calma de siempre.

—Hola, nena —dijo Liam, inclinándose para darle un beso suave, de esos que lograban dejarla sin aire aunque no lo admitiera.

—Hola, drama king —respondió ella, sonriendo contra sus labios.

Cuando se separaron, Tiana le pasó una mano por el cabello, intentando acomodarle un mechón rebelde.

—Definitivamente necesitas un corte —comentó con una sonrisa.

—Y tú definitivamente necesitas volver a casa conmigo—replicó él, con una mirada cargada de intención.

Ella soltó una risa suave, negando con la cabeza.

—No empieces otra vez.

Durante el último año, Tiana había conseguido trabajo en el restaurante del campus. A fuerza de esfuerzo (y de dormir poco), había ahorrado lo suficiente para mudarse a los edificios estudiantiles. Liam nunca estuvo completamente de acuerdo, y aunque pasaba los fines de semana con ella —al punto de tener su propia sección en su armario—, no perdía oportunidad de buscar excusas para traerla de vuelta.

“Louis te extraña.”

“Mamá dice que la casa se siente vacía sin ti.”

“Papá no tiene con quién comentar sobre las noticias.”




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