Tatiana
12 años después
Tatiana parpadeó varias veces, incapaz de creer lo que veía en sus manos.
Dos rayitas.
Había dos rayitas.
Oh, Dios… había dos rayitas.
Pero ¿por qué carajos estaba reaccionando como si acabara de enterarse de un embarazo adolescente y no de uno con treinta años, estabilidad económica y una vida más o menos ordenada?
Soltó una carcajada nerviosa, pero casi de inmediato las lágrimas le saltaron a los ojos.
¡Estaba embarazada!
Y no, no lo estaba esperando. Aunque la ausencia de su regla había sido un pequeño guiño, se había negado a ilusionarse como otras veces. Llevaban dos años intentándolo: pruebas negativas, frustración, lágrimas y esa voz interna que no paraba de repetirle:
¿Y si nunca tengo hijos? ¿Y si no soy apta? ¿Y si el universo me está diciendo que no sería buena madre?
Pero claramente eso no era verdad. Porque después de tanto… ahora sí lo estaba. Estaba embarazada.
Salió del baño todavía incrédula, con la prueba en la mano, y con dedos temblorosos escribió un mensaje en el grupo de las chicas (Gala, Thalia y Nur… aunque Nur casi nunca contestaba).
Tatiana
Emergencia. Las necesito ya.
Bueno, quizás había sido un poco exagerada, pero se sentía eufórica y necesitaba contárselo a alguien. Liam regresaba esa noche de Ottawa —habían ganado y volvían a casa por carretera— y quería organizarle una sorpresa. Necesitaba a las chicas para eso.
Gala
¡¡En diez estamos ahí!!
Bueno… yo. Thalia está haciendo de entrenadora hoy
Thalia
Quiero saber cuál es la emergencia. Ya.
A Tatiana le temblaban tanto las manos que ni siquiera pudo desayunar. Seguía en camiseta oversized de Liam y bragas, el pelo negro y rizado hecho un desastre. Se quedó parada junto a la puerta como niña pequeña esperando apoyo.
Gala entró radiante como siempre: pelo rubio recogido en una coleta alta, ropa deportiva, una caja de donas en una mano y un café extra en la otra. Sonreía… hasta que vio la cara de Tatiana. La sonrisa se le borró lentamente. Dejó todo en la isla de la cocina.
—¿Estás bien? —preguntó con cautela—. No es muy tú estar despierta a las once de la mañana y no haber ido al gimnasio todavía.
—Estoy embarazada —soltó Tatiana de golpe.
Gala dio un grito que seguramente despertó a los vecinos de tres calles. Saltó y la abrazó tan fuerte que casi la parte en dos.
— ¡La fábrica de bebés empezó a funcionar! ¡Vamos, útero, tú puedes, campeón!
Pero entonces sintió las lágrimas en el hombro y se congeló.
—Espera, espera, espera. ¿Por qué lloramos? ¿Es de felicidad o de “ay no, ahora sí la cagué”? Dime ya porque estoy a punto de googlear “clínicas abortivas cerca de mí” y llevarte en brazos si hace falta.
Tatiana soltó una carcajada mojada.
—Estoy feliz, idiota. Solo… feliz.
Gala se llevó las manos al pecho con una gran sonrisa.
—¡Ayyy, mi niña va a ser mamá! ¡Voy a ser la tía más cool, la que le enseña a decir groserías en tres idiomas antes de los cinco años! ¿Puedo ser la madrina? Di que sí o me pongo a llorar más feo que tú.
Se sentaron en la isla y atacaron las donas como si no hubiera un mañana.
—No sé casi nada de embarazos, solo que duelen muchísimo… y que no quiero embarazarme nunca, en serio. Pero creo que no puedes tomar café —dijo Gala cuando Tatiana casi se llevaba la boquilla a la boca.
Tatiana la miró horrorizada.
—¿No puedo?
—No me hagas mucho caso, solo estoy siendo paranoica. —Gala se encogió de hombros—. ¿Ya se lo dijiste a Liam?
—Está en carretera desde Ottawa.
—Ah, claro. Hockey y hombres… —Gala levantó el puño con dramatismo y Tatiana soltó una risa.
Gala era como Apolo, pero en versión mujer y lesbiana.
—Quiero hacerle una sorpresa.
—¡Claro que se la haremos! —Gala aplaudió—. Venga, ve a bañarte y ponte presentable. Tenemos que comprar cosas. ¿Tienes la cosa donde measte?
—La prueba.
—Exacto. Eso también se lo ponemos. No la tires.
—Creo que no va a ser problema… —Tatiana apartó el trapo que cubría las cuatro pruebas que se había hecho: desde la más cara hasta la más barata, solo para estar segura.
Gala abrió mucho los ojos.
—Esto es… excesivo.
—Quería estar segura.
—¿Cómo measte tanto?
—Las puse todas en un vaso —sonrió Tatiana, un poco avergonzada.
Gala agarró una prueba y la miró.
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Editado: 11.03.2026