Frase: “Entre risas y murmullos, crecen fuertes los orgullos, pasillos llenos de afán, donde los amigos van.”
Los pasillos del colegio San Marcos eran un caos organizado durante los cambios de clase: estudiantes corriendo con mochilas repletas, grupos formándose en las esquinas para chismear, y el eco constante de risas y portazos. Entre ese torbellino, Roy y Pool se abrían paso como un dúo bien coordinado, intercambiando chistes sobre los profesores estrictos y los exámenes imposibles que ya asomaban en el horizonte. "Mira a ese, el de matemáticas parece un vampiro salido de una película de terror", susurraba Roy, señalando disimuladamente al profesor que pasaba con su expresión severa y su maletín raído. Pool se doblaba de risa, cubriéndose la boca para no llamar la atención, mientras imaginaba al hombre con colmillos y una capa negra. Eran amigos desde el primer año de bachillerato, unidos por su amor compartido por las bromas inofensivas y las tardes de fútbol improvisado en el patio trasero del colegio, donde el sol se ponía tiñendo el cielo de naranjas y rosas.
Pero en esos pasillos bulliciosos, también había miradas fugaces que Pool captaba sin querer. Alexis, el mejor amigo de Roy desde la infancia, pasaba a veces con su grupo de admiradores, lanzando un saludo casual que iluminaba el rostro de Roy. Alto y carismático, con cabello negro ondulado y una sonrisa que parecía salida de un anuncio publicitario, Alexis era el alfa indiscutible del grupo, siempre con una historia divertida o un chiste oportuno que hacía reír a todos. Pool lo admiraba en secreto, aunque no podía negar que su presencia lo ponía nervioso, como si Alexis ocupara un espacio que él no podía reclamar del todo. "¡Ey, Roy! ¿Vienes al partido este sábado?", gritaba Alexis desde el otro lado del pasillo, y Roy respondía con un pulgar arriba, su energía contagiosa. Pool observaba cómo Alexis palmeaba el hombro de Roy con familiaridad, un gesto que parecía natural pero que, para él, llevaba un peso inexplicable.
Una mañana, mientras esperaban el inicio de la clase de historia, Roy se volvió hacia Pool con una anécdota del verano: "Imagínate, Alexis y yo nos perdimos en esa excursión a las montañas. Terminamos acampando bajo las estrellas, contando historias hasta el amanecer". Pool escuchaba, asintiendo, pero una punzada de celos —o quizás envidia— se clavaba en su pecho. ¿Por qué Alexis siempre parecía tan integrado en la vida de Roy? Los pasillos seguían su ritmo frenético, con apuntes volando de mano en mano y risas estallando como fuegos artificiales, pero para Pool, ese espacio se convertía en un escenario donde las dinámicas de su amistad comenzaban a revelarse en matices sutiles. Al final del día, mientras salían juntos, Roy le dio un empujón juguetón: "Sin ti, estos pasillos serían aburridos, Pool". Y aunque sonrió, Pool se preguntó si esa complicidad duraría para siempre.