Frase: “En el patio, bajo el sol, crece el lazo de control, compañeros en la vida, amistad bien tejida.”
En el recreo, cuando el sol del mediodía calentaba el patio empedrado del colegio, Roy y Pool se sentaban en su rincón favorito: un banco viejo bajo un árbol de jacarandas que en primavera se cubría de flores moradas. Compartían un sándwich de jamón y queso que Pool había preparado esa mañana, hablando de todo y nada con la facilidad de quienes se conocen de memoria. "Eres el único que me aguanta, Pool", decía Roy, dándole un empujón amistoso que lo hacía tambalearse ligeramente, su risa resonando como un eco alegre. Pool sentía un calor en el pecho ante esas palabras; su compañerismo era lo más cercano a una familia que tenía en ese mundo de horarios rígidos y expectativas altas. Juntos, planeaban escapadas al río después de clases, donde el agua fresca y cristalina borraba las preocupaciones del colegio, y se tumbaban en la orilla contando nubes o lanzando piedras para ver quién llegaba más lejos.
Un día soleado, durante el recreo, decidieron jugar un fútbol improvisado con una pelota desinflada que alguien había dejado olvidada. Roy, con su agilidad natural, driblaba imaginarios defensores, gritando instrucciones a Pool como si fueran un equipo profesional. "¡Pásala, pásala!", exclamaba, y Pool obedecía, su corazón latiendo no solo por el esfuerzo físico sino por la alegría pura de ese momento compartido. Pero entonces, Roy tropezó con una raíz expuesta y cayó de bruces en la hierba, riendo a carcajadas hasta que le dolía el estómago. Pool se acercó corriendo, extendiendo la mano para ayudarlo a levantarse. Sus dedos se entrelazaron por un segundo más de lo necesario, el contacto cálido y breve enviando una corriente eléctrica por el brazo de Pool. Roy se incorporó, sacudiéndose la tierra de la camisa, y le dio una palmada en la espalda: "Gracias, socio. Sin ti, estaría perdido". Ninguno dijo nada sobre ese roce accidental, pero el aire se cargó de algo indefinido, un silencio cómodo que hablaba más que las palabras.
Mientras el recreo llegaba a su fin y los estudiantes regresaban a clases arrastrando los pies, Pool reflexionaba sobre su amistad con Roy. Habían pasado por exámenes estresantes, suspensiones injustas y confidencias nocturnas por teléfono, siempre saliendo más fuertes. Roy era el optimista, el que veía el lado positivo en todo; Pool, el reflexivo, el que analizaba cada detalle. Juntos, formaban un equilibrio perfecto, un compañerismo que hacía que los días en el colegio parecieran menos monótonos. Pero en lo profundo de su mente, Pool se preguntaba si ese lazo era solo amistad o si ocultaba capas más profundas, esperando ser descubiertas. El timbre sonó, rompiendo el hechizo, y se dirigieron al salón codo a codo, listos para enfrentar lo que viniera.