Frase: “Llega Alexis, carismático, un lazo sistemático, Pool observa con recelo, guardando su propio anhelo.”
Alexis era como una sombra para Roy: siempre presente, siempre leal, moviéndose con una gracia natural que lo hacía indispensable en su vida. Llegaba al colegio en su bicicleta roja, con el viento revolviéndole el cabello negro y una sonrisa que iluminaba incluso los días nublados. "Hermanos para siempre", le decía a Roy cada mañana al saludarlo con un abrazo rápido, y este asentía con una calidez que Pool envidiaba en silencio. Alexis, con sus 18 años y una estatura similar a la de Roy, era el alfa del grupo: carismático, con ojos oscuros que parecían leer las mentes y un sentido del humor que desarmaba cualquier tensión. Pool los observaba desde lejos durante los recreos, notando cómo Alexis tocaba el hombro de Roy con familiaridad, un gesto que parecía inocente pero que cargaba con años de historia compartida.
Una tarde lluviosa, Alexis se unió a ellos en el patio cubierto, sacudiéndose las gotas de la chaqueta. "Chicos, ¿qué tal si salimos este fin de semana? Hay un festival en el centro, con música y comida callejera", propuso, su entusiasmo contagioso. Roy aceptó de inmediato, planeando detalles con él, mientras Pool asentía, aunque sentía una punzada de celos inexplicable en el pecho. ¿Por qué Alexis siempre parecía tan integrado, como si fuera una extensión de Roy? Recordaba las veces que Roy mencionaba anécdotas de su infancia con Alexis: acampadas en el bosque, travesuras en la escuela primaria, promesas de lealtad eterna. Para Pool, Alexis era un enigma, el omega en su amistad con Roy —el que completaba el círculo—, pero también una amenaza sutil a su propio lugar.
Durante la clase de educación física, mientras corrían vueltas en la pista mojada, Alexis corrió al lado de Roy, susurrándole algo que lo hizo reír a carcajadas. Pool, un poco atrás, sintió el peso de esa exclusividad. Más tarde, en el vestuario, Alexis se acercó a Pool por primera vez con una palmada en la espalda: "Oye, Pool, eres el pegamento que mantiene a este loco cuerdo. Gracias por eso". Las palabras fueron amables, pero Pool solo pudo sonreír tensamente, preguntándose si Alexis notaba la distancia que él mismo creaba. Al final del día, mientras caminaban hacia la salida, Roy los unió con un brazo alrededor de cada hombro: "Somos invencibles los tres". Pool quiso creerlo, pero la sombra de Alexis se extendía, recordándole que las amistades profundas a veces ocultan secretos que cambian todo.