Corazones en Silencio

Capítulo 5: Primeras Miradas, Últimas Palabras

Frase: “Miradas que se cruzan, palabras que seducen, un sentir creciente, aunque algo lo presiente.”

Las clases de la mañana terminaban con el timbre estridente, pero las miradas entre Roy y Pool duraban más, como si el tiempo se estirara solo para ellos. "Nos vemos después", decía Roy al final del día, su voz casual pero sus ojos deteniéndose en los de Pool un segundo extra, y este asentía, guardando esas palabras como un tesoro en su memoria. Eran miradas cargadas de complicidad, de promesas no dichas que flotaban en el aire cargado del salón. Pool, con su timidez natural, siempre apartaba la vista primero, pero no antes de captar el brillo juguetón en los ojos de Roy, como si compartieran un secreto que ni siquiera ellos entendían del todo.

Una vez, en la biblioteca polvorienta del colegio —un refugio de estanterías altas y silencio reverente—, se encontraron por casualidad revisando libros para un trabajo. Pool hojeaba un volumen de poesía romántica, sus dedos rozando las páginas amarillentas, cuando Roy se sentó a su lado. Sus ojos se cruzaron sobre el libro abierto, y el mundo pareció detenerse. "Esto es cursi", murmuró Roy, señalando un verso sobre amores eternos, pero no apartó la vista, su rodilla rozando accidentalmente la de Pool bajo la mesa. El contacto fue eléctrico, un pulso que aceleró el corazón de Pool, quien solo pudo responder con una risa nerviosa: "Tal vez, pero hay verdad en lo cursi". Hablaron durante minutos que parecieron horas, discutiendo poemas como si fueran mapas de sus propias emociones confusas, y al salir, Roy repitió: "Últimas palabras: no cambies, Pool. Eres único".

Esas interacciones se multiplicaban en los días siguientes: una mirada en el pasillo que hacía que Pool tropezara con sus propios pies, o un comentario al azar que Roy lanzaba solo para él durante la clase. Pool las coleccionaba en su mente, reviviéndolas por las noches en su habitación, preguntándose si Roy sentía lo mismo. Las últimas palabras del día —"Cuídate", "Mañana más"— se convertían en anclas, recordatorios de que, en medio del caos del colegio, había un hilo invisible que los unía. Pero con cada mirada, Pool sentía crecer una inquietud, como si esas conexiones fueran el preludio de algo más profundo y potencialmente doloroso.




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