Frase: “La música como un sello, de un amor tierno y bello, el ritmo al compás del corazón, en cada dulce canción.”
La música era el escape predilecto de Pool, un mundo privado donde las emociones encontraban voz. En su habitación desordenada, con posters de bandas indie en las paredes y una lámpara tenue iluminando su cama, ponía canciones que hablaban de amores imposibles y corazones rotos. "Corazón partío" de Alejandro Sanz resonaba en sus auriculares hasta altas horas de la noche, las letras golpeando como un presagio: "Quién me va a entregar sus emociones...". No sabía que pronto, esa melodía se convertiría en el soundtrack de su vida, marcando cada giro con su ritmo melancólico y apasionado. Pool tarareaba las estrofas mientras hacía la tarea, imaginando escenarios románticos que nunca se atrevería a vivir.
Roy, por su parte, prefería el rock enérgico en el colegio, reproduciendo listas en su teléfono durante los recreos para animar el grupo. Pero una noche, durante una llamada tardía, Pool lo pilló escuchando baladas suaves. "No le digas a nadie, ¿eh? Es mi lado secreto", pidió Roy, riendo para disimular la vulnerabilidad. Ese descubrimiento los unió más, como si compartieran un código musical privado. Al día siguiente, en el patio, Roy compartió sus auriculares con Pool: "Escucha esto, te va a gustar". La canción era una balada sobre amistades que evolucionan, y mientras la melodía fluía, sus hombros se rozaron, creando un silencio cargado de posibilidad.
La banda sonora de su amistad incipiente —o lo que Pool empezaba a sospechar que era más— se tejía en momentos cotidianos: una canción de fondo en la radio del autobús escolar, o Roy canturreando una letra romántica durante una clase aburrida. Pool sentía que la música amplificaba sus emociones confusas, convirtiendo las risas en armonías y las dudas en notas discordantes. Una tarde, solos en el río, Roy puso una playlist en su altavoz portátil, y bailaron torpemente al ritmo de una canción lenta, riendo de su falta de gracia. "Esto es lo mejor del verano que se fue", dijo Roy, y Pool, con el corazón acelerado, solo pudo asentir. La música, con su poder evocador, era el puente hacia un amor que aún no se nombraba, pero que ya latía en silencio.