Frase: “Gestos llenos de calor, sembrando dulce temor, en el alma hay confusión, gran incertidumbre y pasión.”
Los gestos entre Roy y Pool se multiplicaban como flores en primavera: una nota garabateada en el pupitre con un chiste interno, un high-five que duraba un segundo extra al celebrar una buena nota, o Roy reservando el último asiento en el autobús para Pool. Cada uno era pequeño, insignificante para un observador casual, pero para Pool, acumulaban un peso emocional que lo mantenía despierto por las noches. "Eres increíble, ¿sabes?", le dijo Roy una vez, pasándole una galleta de su almuerzo, y Pool sintió que el mundo se iluminaba. Pero con esos gestos venían grandes dudas, nubes oscuras en su mente: ¿Era solo amistad, o había algo más? ¿Roy sentía lo mismo, o era Pool quien proyectaba sus anhelos?
Una tarde, después de clases, Roy lo invitó a estudiar en su casa —un gesto inusual, ya que solían reunirse en lugares neutrales—. En la habitación de Roy, rodeados de posters de bandas y trofeos de fútbol, los gestos se intensificaron: Roy le revolvió el cabello riendo, y Pool respondió con un empujón juguetón que los dejó cerca, demasiado cerca. El silencio que siguió fue cargado, pero Roy cambió de tema, hablando de la tarea. Pool salió de allí confundido, las dudas royendo su interior como un ácido lento. En su diario esa noche, escribió páginas enteras sobre esos momentos, cuestionando cada mirada, cada toque. Los pequeños gestos alimentaban su esperanza, pero las dudas lo anclaban a la realidad, recordándole que el amor incipiente es un terreno minado de interpretaciones erróneas.