Frase: “Ojos que no vieron bien, un momento que le sienta mal, la verdad, cruel desvelo, un amargo y triste anhelo.”
Pool se escondió detrás del muro, su respiración entrecortada traicionando el pánico que lo invadía, pero no podía apartar la mirada de la escena prohibida. Sus ojos, que no debieron ver ese beso íntimo entre Roy y Alexis, capturaron cada matiz: la forma en que la luz del atardecer delineaba sus siluetas entrelazadas, el leve temblor en los hombros de Roy como si estuviera liberando un peso acumulado, y la ternura en los ojos de Alexis al separarse, murmurando palabras que Pool no alcanzó a oír pero que imaginó dulces y confesionales. El mundo se redujo a esa esquina, el resto del colegio desvaneciéndose en un borrón irrelevante.
Lágrimas nublaron su visión, pero no antes de que el shock se convirtiera en un dolor agudo en el pecho, como si un corazón partío —irónicamente, como la canción que tanto amaba— se rompiera en pedazos irregulares. ¿Cuánto tiempo llevaban así? ¿Era esto lo que explicaba las miradas fugaces, los encuentros "accidentales"? Pool se mordió el labio hasta sangrar, conteniendo un sollozo, mientras su mente gritaba preguntas sin respuesta. Finalmente, se obligó a retroceder, pisando hojas secas que crujieron como acusaciones, y huyó hacia la salida, el peso de lo visto oprimiéndolo como una losa. Esa noche, en la oscuridad de su habitación, revivió la escena una y otra vez, sus ojos —esos ojos que no debieron ver— convirtiéndose en testigos mudos de un secreto que ahora lo consumía desde dentro.