Corazones en Silencio

Capítulo 20: El Nudo en la Garganta

Frase: “El nudo lo detiene, la palabra no le viene, el silencio es su ley, bajo su propia rey.”

La melodía de "Corazón Partío" resonaba aún en la cabeza de Pool, pero el eco más persistente era el de sus propias palabras, o más bien, la ausencia de ellas. La necesidad de hablar con Roy se había convertido en una obsesión silenciosa, un grito atrapado en lo más profundo de su ser. Intentó abordarlo en numerosas ocasiones: al salir de clase de física, cuando caminaban juntos por el pasillo central; durante el recreo, mientras Roy compartía chistes con el grupo; incluso pensó en enviarle un mensaje de texto largo y confesional una noche. Sin embargo, cada vez que las palabras asomaban a sus labios, un nudo invisible, pero inmensamente poderoso, se apretaba en su garganta, ahogando las sílabas antes de que pudieran formarse. Era como si una mano fantasmal le impidiera respirar, paralizando su voz y sus pensamientos.

Durante el almuerzo, con el banco habitual como testigo mudo de su creciente distancia, Pool forzó una sonrisa y se sentó junto a Roy. Había ensayado un inicio, una pregunta casual que le permitiera introducir el tema delicado. Abrió la boca, el aire entrando y saliendo con dificultad. "Roy, sobre ayer...", empezó, refiriéndose a la velada en la esquina del olvido, el recuerdo aún vívido y doloroso. Pero el nudo se apretó de nuevo, esta vez con una fuerza brutal, convirtiendo las sílabas en un balbuceo incomprensible, un sonido ahogado que solo él pudo escuchar. Roy, con una ceja arqueada y una expresión de genuina preocupación, le preguntó: "¿Qué pasa, Pool? ¿Estás bien? Te veo pálido. Puedes contarme todo, sabes". Pool solo pudo negar con la cabeza, desviando la mirada y cambiando apresuradamente el tema a trivialidades escolares, hablando de la próxima prueba de química o el partido de baloncesto del fin de semana. El nudo, lejos de aflojarse, se hacía más grande y doloroso con cada intento fallido, un símbolo de la verdad que se negaba a ser pronunciada.

Las conversaciones entre ellos, antes tan fluidas y llenas de complicidad, se habían vuelto superficiales, plagadas de pausas incómodas y un subtexto no reconocido. El compañerismo que una vez los unió con tanta fuerza ahora se sentía agrietado, como un cristal fino a punto de romperse. Pool se sentía constantemente al borde de la explosión, con la garganta seca y el pecho oprimido. Practicaba una y otra vez en la soledad de su habitación, ensayando confrontaciones frente al espejo empañado, imaginando las reacciones de Roy, las palabras de Alexis. Se veía a sí mismo como un actor en una obra donde su personaje principal era mudo, incapaz de recitar su monólogo más importante.

La incapacidad de hablar le generaba una frustración inmensa, un torbellino de emociones reprimidas que lo consumían desde dentro. Cada vez que Roy le preguntaba por su estado de ánimo, o le ofrecía un hombro para apoyarse, Pool sentía la ironía. No podía pedir apoyo por lo mismo que estaba ocultando, no podía buscar consuelo sin revelar el doloroso secreto. El drama de su situación se profundizaba con cada día que pasaba, el nudo en la garganta un recordatorio constante de las consecuencias del silencio, de las verdades que, por miedo o por protección, seguía guardando. Y mientras el nudo se apretaba más, Pool se preguntaba si alguna vez lograría liberarse de su prisión silenciosa.




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