Corazones en Silencio

Capítulo 28: El Arte de Disimular

Frase: “Disimulo es su arte, rompiendo cada parte, de su alma con dolor, ocultando su temor.”

Pool dominó el arte de disimular con una práctica obsesiva que lo asombraba incluso a sí mismo. Cada mañana, al levantarse, se preparaba mentalmente para la actuación del día, ensayando sonrisas y gestos frente al espejo empañado de su baño. Las risas forzadas en grupo se volvieron su segunda naturaleza, un eco hueco de la alegría que una vez sintió genuinamente. Tenía una excusa para cada ausencia, una respuesta convincente para cada pregunta incómoda, y sus miradas desviadas pasaban por timidez, no por evasión. En el colegio, era el mismo amigo de siempre, el Pool tranquilo y reservado, pero por dentro, el drama se profundizaba, convirtiendo su interior en un torbellino de emociones reprimidas. El disimulo no era solo una estrategia; se había convertido en un escudo inexpugnable contra la inevitable revelación y, lo que era peor, contra su propio dolor.

Aprendió a modular su voz para que sonara casual, a sincronizar sus movimientos con el flujo normal de las interacciones grupales, a fingir que su atención estaba completamente en la conversación de Roy y Alexis, cuando en realidad, cada palabra, cada risa compartida, era un puñal que se le clavaba en el pecho. Sin embargo, el costo de este arte era inmenso. Las noches de insomnio se volvieron la norma, su mente reviviendo cada interacción del día, analizando si su actuación había sido lo suficientemente convincente. El apetito se había perdido, y los días se arrastraban, cada hora una tortura que lo acercaba más al agotamiento total. La energía que gastaba en mantener la fachada era monumental, dejándolo exhausto y vacío al final del día.

El arte de disimular se extendía incluso a sus interacciones con Alexis, quien, a pesar de sus propias reservas sobre la relación con Roy, mantenía una fachada de camaradería con Pool. Pool, por su parte, le ofrecía sonrisas corteses, gestos amigables que ocultaban un resentimiento profundo y una compleja mezcla de celos y admiración. Una vez, durante un trabajo en equipo para la clase de historia, Alexis le pidió a Pool su opinión sobre un tema delicado, buscando una conexión, un momento de la antigua amistad. Pool, con el corazón apretado, le dio una respuesta superficial y desinteresada, su máscara inquebrantable, mientras por dentro, la oportunidad de una verdadera conversación se esfumaba. El drama crecía en ese silencio impuesto, en esa falta de autenticidad que lo separaba cada vez más de ambos. El disimulo, ese maestro cruel, lo aislaba en su propio mundo de secretos, donde la verdad era una prisión y la farsa, su única vía de escape. Pool sentía que se estaba perdiendo a sí mismo en ese laberinto de mentiras, convirtiéndose en un espectador de su propia vida, incapaz de romper el hechizo del silencio que lo había atrapado.




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