Frase: “El café, triste sabor, de un amargo amor, observando la felicidad, con profunda soledad.”
Un sábado gris y lluvioso, de esos que invitan a la melancolía y a la introspección, Pool decidió aceptar la invitación de un grupo de amigos para ir a un café cercano al colegio. Buscaba desesperadamente un respiro de la sofocante soledad de su habitación, un intento de arañar un poco de esa normalidad que tan bien fingía. El aroma a café recién molido y a pastas dulces llenaba el aire del acogedor local, prometiendo un refugio temporal. Se sentó en una mesa apartada, observando a la gente pasar por la ventana empañada, mientras sorbía lentamente un espresso que, para su paladar, sabía inesperadamente amargo, casi metálico, un reflejo perfecto de su estado de ánimo.
De repente, la campanilla de la puerta tintineó, anunciando nuevas llegadas. Pool levantó la vista, y el tiempo pareció detenerse, el ambiente cálido y burbujeante del café se congeló a su alrededor. Roy y Alexis entraron juntos, sus figuras recortadas contra la luz tenue de la calle. Venían riendo, hombro con hombro, compartiendo un paraguas que apenas los cubría, un tableau de intimidad que golpeó a Pool con la fuerza de una bofetada helada. La naturalidad de sus gestos, la forma en que sus ojos se buscaban, la complicidad inherente en su andar, todo gritaba la verdad que Pool había estado enterrando. Se sentaron en una mesa cercana a la suya, tan cerca que Pool podía escuchar el suave murmullo de sus voces y el tintineo de las cucharillas contra las tazas.
El café se volvió insoportablemente amargo, cada sorbo un recordatorio brutal de su aislamiento autoimpuesto y de la barrera invisible que lo separaba de la felicidad de sus amigos. Podía ver sus manos rozarse casualmente al pasar el azucarero, las sonrisas que solo ellos entendían, las miradas que duraban un segundo extra, conteniendo un universo de secretos compartidos. Era un puñal directo al corazón de Pool, que se sentía expuesto y vulnerable, a pesar de estar escondido a plena vista. Intentó unirse a la charla de su propio grupo de amigos, forzando comentarios sobre la lluvia o las notas de un examen, pero sus palabras salían