Frase: “La distancia sin par, su vida va a marcar, un abismo profundo, en el triste mundo.”
La distancia entre Pool y Roy ya no era solo un silencio aturdidor o un fragmento de verdad filtrado; se había convertido en un abismo tangible, una brecha que se ensanchaba con cada día que pasaba, devorando los restos de su amistad como una grieta en la tierra que se expande inexorablemente. Los mensajes de texto, que antes fluían como un río constante de chistes internos, memes compartidos y planes improvisados, ahora se espaciaban hasta volverse esporádicos, un "Hola, ¿qué tal?" de Roy seguido de un "Bien, ocupado con tareas" de Pool, y luego... nada. El teléfono de Pool, que solía vibrar con notificaciones alegres, ahora permanecía en silencio la mayor parte del día, un recordatorio cruel de la desconexión que él mismo había fomentado, aunque fuera por autopreservación.
En el colegio, esta distancia se manifestaba de maneras sutiles pero devastadoras. Roy, que antes buscaba a Pool instintivamente en los pasillos, ahora tardaba más en encontrarlo, o simplemente no lo hacía, optando por unirse a Alexis y su grupo de amigos más ruidosos. Pool, por su parte, evitaba activamente los lugares comunes: el banco del patio durante el recreo, el pasillo principal después de clases, incluso el autobús escolar donde solían sentarse juntos. Se escabullía a la biblioteca o al baño, pretextando necesidad de estudiar o un malestar repentino, pero en realidad, era un acto de huida de la proximidad que tanto dolía. Una mañana, mientras caminaba solo hacia el salón, vio a Roy desde lejos, riendo con Alexis en una esquina, sus cabezas inclinadas en una conversación íntima. El impulso de unirse fue abrumador, pero la distancia lo paralizó; en su lugar, dio un rodeo, sintiendo el peso de su aislamiento como una mochila invisible que lo hundía con cada paso.
Esta distancia no era solo física; era emocional, un vacío que Pool sentía como un hueco en el pecho, un espacio donde antes latía la calidez de su compañerismo con Roy. Recordaba las tardes pasadas planeando escapadas al río, compartiendo sueños bajo el sol del mediodía, y ahora, esos recuerdos se teñían de amargura, como fotos descoloridas que dolían al mirarlas. Roy intentaba reconectar ocasionalmente —un mensaje de "Ey, ¿jugamos fútbol después?" o un saludo entusiasta en el pasillo—, pero las respuestas de Pool eran evasivas, "Tal vez otro día" o un asentimiento rápido seguido de una excusa para irse. Cada rechazo, aunque necesario para Pool, profundizaba la brecha, haciendo que Roy se alejara más, atraído por la comodidad de su relación con Alexis. Pool observaba cómo Roy pasaba más tiempo con él, sus risas sincronizadas en los recreos, sus salidas planeadas sin incluirlo, y el dolor se volvía un compañero constante, un susurro que lo acompañaba en cada momento de soledad.
El impacto en la rutina diaria de Pool era profundo y multifacético. Sus días, que antes estaban llenos de anticipación por ver a Roy, ahora se arrastraban en una monotonía gris, donde el colegio se sentía como un escenario hostil. En clases, su concentración se desvanecía, el profesor hablando de ecuaciones o historia antigua como un ruido de fondo, mientras su mente divagaba hacia el abismo creciente. El apetito se reducía; almuerzos que antes compartía con entusiasmo ahora se comían en solitario, mordisqueando un sándwich mientras observaba a Roy y Alexis desde lejos, su corazón contrayéndose con cada gesto compartido. Noches enteras las pasaba en vela, el techo de su habitación como un lienzo en blanco donde proyectaba escenarios alternos: ¿y si hubiera confrontado el beso? ¿Y si la distancia no creciera, sino que se cerrara con una verdad liberadora? Pero el miedo lo mantenía encadenado, alimentando el aislamiento que lo consumía.
Pool se aislaba no solo de Roy, sino de todos: amigos del grupo que notaban su ausencia en las salidas, profesores que comentaban su distracción. Se convertía en un fantasma en su propia vida, merodeando los márgenes, el drama de su secreto transformándose en una soledad autoimpuesta que lo ahogaba. En su diario, escribía páginas enteras sobre esta distancia: "Hoy, Roy me sonrió en el pasillo, pero fue como ver un recuerdo. La brecha entre nosotros es un océano ahora, y yo nado solo". Sabía que no podía seguir así; la distancia crecía como una enredadera asfixiante, amenazando con estrangular lo que quedaba de su amistad. Pero romperla significaba enfrentar la verdad, y Pool, atrapado en su espiral, se preguntaba si tendría la fuerza para saltar el abismo antes de que fuera demasiado tarde.