Gabriel le dio unos suaves golpecitos en el hombro a Nikolais cuando el avión aterrizó en el aeropuerto internacional de Dinamarca.
Era apenas la segunda vez que el príncipe llegaba a su país utilizando un vuelo comercial. Normalmente aterrizaba en el aeropuerto privado de la familia real, donde solo operaban los dos enormes aviones oficiales del reino.
Nikolais bostezó y abrió lentamente los ojos.
Lo primero que vio fue el rostro de Gabriel frente al suyo.
—Levántate. Ya aterrizamos.
—¿Estamos en Dinamarca?
Gabriel soltó un suspiro.
—No... en Afganistán.
Nikolais frunció el ceño.
—¿Qué hacemos en Afganistán?
Gabriel terminó riéndose.
—No, Niko... Ya aterrizamos en Dinamarca. Era una broma.
El príncipe parpadeó varias veces.
—Pero tú dijiste...
—Ya sé lo que dije. Solo estaba bromeando. A ver... ¿a qué país dijiste ayer que viajaríamos?
—A Dinamarca.
—Entonces, hombre... ¿todavía sigues aturdido?
Nikolais se llevó una mano a la cabeza.
—Un poco, la verdad. Lo siento... todavía siento que todo me da vueltas.
—Ven, te ayudo.
Gabriel lo sostuvo del brazo mientras ambos se levantaban.
—Las mujeres ya salieron del avión. ¿Crees que habrá fotógrafos afuera?
—No. Solo mi familia sabe que llegábamos hoy... Bueno, eso creo.
Comenzó a caminar lentamente por el pasillo.
—Por cosas como esta prefiero viajar en avión privado.
Gabriel soltó una risa.
—¿Más privado que esto? Es la primera vez que viajo tan lejos sin hacer escalas.
—No sé mucho sobre eso. Nunca he hecho una escala. Cuando llego en avión privado siempre hay alguien esperándome justo al bajar.
—Claro... eres un príncipe.
Nikolais solo sonrió mientras volvía a bostezar.
Al entrar al aeropuerto, todo el grupo comenzó a seguir a Nikolais.
El problema era que el propio Nikolais parecía no saber hacia dónde iba.
El cambio de horario, las pocas horas de sueño y el exceso de cafeína todavía mantenían su mente completamente desorientada.
Alisa cruzó los brazos.
—A mí se me hace que Nikolais no sabe para dónde va.
Gabriel asintió.
Sin decir nada, Alisa sacó su teléfono y comenzó a hablar en danés.
Pocos minutos después aparecieron dos empleados del aeropuerto.
Guiaron al grupo hasta el salón reservado para embajadores.
—Cariño... entiendo muy poco el idioma. Tus padres se van a desanimar conmigo —comentó Gabriel.
—No te preocupes. Habrá un traductor. Siempre hay uno muy leal a Su Alteza Real.
—Eso significa que nadie puede engañarlo hablando otro idioma.
—Exactamente.
Nikolais se dejó caer sobre un sofá.
—Pensé que ya estarían aquí...
Bostezó otra vez.
—Dios... quiero dormir.
El personal les pidió que tomaran asiento.
Todos obedecieron...
Excepto Ángela.
El largo vuelo y el cambio de horario la mantenían demasiado inquieta para sentarse.
Nikolais caminó hasta ella.
La abrazó suavemente por la espalda y apoyó la cabeza sobre uno de sus hombros.
Varias veces estuvo a punto de quedarse dormido de pie.
Cada vez que comenzaba a inclinarse hacia un lado, Ángela lo empujaba ligeramente con el hombro para mantenerlo despierto.
Aquella pequeña escena hizo sonreír discretamente a Gabriel.
Minutos después, varios vehículos oficiales se detuvieron frente al aeropuerto.
Robin entró al salón.
Encontró reunido al grupo completo: las tres adolescentes, la señora Mercedes, Gabriel, Alisa, Nikolais... y Ángela.
—Hola a todos.
Los saludó en español.
Con una seña indicó a varios empleados que trasladaran inmediatamente el equipaje a los vehículos.
Después miró a Ángela.
—¿Qué le pasa?
Ella sonrió.
—Tiene sueño.
Robin abrió mucho los ojos.
Solo entonces recordó que ella había perdido la memoria.
—Lo siento...
Extendió la mano.
—Me presento. Soy Robin, la mano derecha de Su Alteza Real.
Ángela estrechó su mano.
El gorro blanco de lana apenas dejaba ver la cicatriz que todavía conservaba en el lado derecho de la cabeza.
—Sé que no me recuerdas, pero nos conocimos el día de la inauguración.
Aquella palabra...
"Inauguración."
Algo volvió a moverse dentro de la mente de Ángela.
Imágenes borrosas aparecieron durante apenas unos segundos.
Demasiado confusas para comprenderlas.
—Entiendo...
Sonrió con amabilidad.
—Pero ahora estamos aquí para crear nuevos recuerdos.
Nikolais levantó inmediatamente la cabeza.
Aquellas palabras eran prácticamente las mismas que él le había dicho el día anterior.
¿Las estaría repitiendo porque realmente las sentía... o simplemente porque no sabía qué responder?
No era momento para preguntarlo.
Subieron a los vehículos.
Robin abrió personalmente la puerta para Ángela.
Ella descendió primero.
Después lo hizo Nikolais, ninguno dijo una palabra hasta llegar a su destino, al bajar del carro él tomó su mano con naturalidad y juntos caminaron hacia el interior del Palacio de Glücksburg.
Mientras tanto, los otros vehículos fueron llegando detrás de ellos con el resto del grupo.
Al entrar en el gran salón principal, toda la familia real los esperaba.
Las miradas se dirigieron inmediatamente hacia la joven que caminaba tomada de la mano de Nikolais.
Ángela respondió aquellas miradas con una mezcla de timidez y curiosidad.
Sin embargo...
Lo que más llamó su atención fue la imagen del hombre que llevaba una corona sobre la cabeza. Era un antiguo ritual familiar: el rey recibía a sus visitantes con la gran corona puesta, un símbolo de grandeza, autoridad y poder.
Nikolais sonrió.
—Familia... los extrañé.
Joshua fue el primero en acercarse.
—Bienvenido a casa, Nikolais.
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Editado: 16.07.2026