Crown, Love And A Cup Of Coffee.

63. Aire libre

A la mañana siguiente, todos estaban reunidos alrededor de la mesa desayunando.

Como de costumbre, la señora Mercedes se aseguró de servirle a Ángela su taza de café negro y, para Nikolais, preparó una taza de café con leche.

El joven observó la bebida con cierta desconfianza.

—¿Está segura de que puedo tomarla? —preguntó a la señora Mercedes.

Ella sonrió divertida.

—Sí, adelante.

Nikolais levantó la vista hacia Ángela.

Ella estaba sentada frente a él, al otro lado de la mesa.

Habían dormido en habitaciones separadas la noche anterior y, desde que se encontraron esa mañana, apenas habían intercambiado un tímido "hola". Él llevaba horas buscando la manera de disculparse por lo ocurrido la noche anterior, de explicarle lo que realmente había querido decir, pero cada vez que intentaba acercarse, el ambiente se volvía demasiado pesado.

El silencio entre ambos le resultaba insoportable.

—Hoy vamos a dar un paseo —anunció el rey.

El traductor repitió inmediatamente sus palabras en español.

—Y quiero tener a mi futura nuera caminando a mi derecha.

Ángela sonrió con educación.

—Será un placer caminar a su lado, Alteza.

El rey sonrió complacido.

Luego volvió la mirada hacia Gabriel.

—Y para que no te sientas celoso, te quiero a mi izquierda.

El traductor volvió a intervenir.

Gabriel soltó una sonrisa tan amplia como siempre.

—Eso me alegró el día.

Las risas no tardaron en aparecer alrededor de la mesa.

Después del desayuno, todos pasaron al gran salón principal.

Las niñas salieron al jardín junto a Diego para jugar con los demás adolescentes.

Mientras tanto, Nikolais aprovechaba cualquier oportunidad para acercarse a Ángela.

Pero ella, casi sin que pareciera intencional, terminaba alejándose unos pasos.

Seguía molesta.

La conversación de la noche anterior no dejaba de darle vueltas en la cabeza.

Después de todo el esfuerzo que estaba haciendo por recordar quién era, descubrir que él había dudado de sus sentimientos la había herido profundamente.

Comprendía que la situación tampoco era fácil para él.

Sabía que verla sin recuerdos debía dolerle.

Pero aquello no justificaba que pusiera semejante peso sobre sus hombros.

Ella ya luchaba bastante intentando recuperar su memoria.

No necesitaba sentirse culpable además de todo.

—Vamos.

El rey le ofreció caballerosamente el brazo.

Ángela lo aceptó con una sonrisa.

—Vamos a dar un paseo.

Gabriel ocupó el lado izquierdo del rey y los tres comenzaron a caminar hacia la salida del palacio.

En cuanto las enormes puertas se abrieron, decenas de personas que aguardaban en el exterior comenzaron a acercarse.

Los guardias reales salieron primero para despejar el camino.

Las cámaras empezaron a disparar una fotografía tras otra.

Muchos levantaban sus teléfonos para grabar.

Nikolais caminó unos pasos detrás y, poco después, terminó colocándose al lado de Ángela con ambas manos dentro de los bolsillos.

La observó de reojo.

Ella sonreía mientras conversaba con el rey, aunque apenas comprendía parte de lo que él decía gracias a la traducción.

Verla así le produjo un extraño alivio.

Al menos, pese a todo, seguía sonriendo.

Una joven de unos quince años, rubia y de ojos azules, logró acercarse lo suficiente para hablarle.

—¿Es tu novia?

Nikolais sonrió y asintió.

—Nos casaremos pronto.

Hizo una pequeña pausa antes de añadir con una sonrisa.

—Y eres la primera persona de este país a la que se lo digo.

La muchacha, que seguía grabando con el teléfono, abrió los ojos con emoción.

—¡Felicidades, Alteza Real! ¡Muchas felicidades!

Después miró a Ángela.

Le habló en danés con evidente entusiasmo.

Ángela no entendió una sola palabra.

Sin embargo, respondió con una sonrisa cálida.

Hizo lo mismo con todas las personas que la saludaban durante el recorrido.

Aun sin comprender el idioma, intentaba agradecer cada gesto con una mirada amable.

Aquello conmovió a más de uno.

Después de recorrer varios jardines y saludar a decenas de personas, el grupo regresó finalmente al interior del palacio.

Por la tarde, Nikolais pidió que los trasladaran al Palacio de Holstein.

A diferencia del palacio principal, donde se celebraban reuniones oficiales y asuntos de Estado, Holstein ofrecía mucha más privacidad.

Y eso era exactamente lo que quería para Ángela.

Miguel apareció a su lado mientras ambos observaban el jardín.

Ángela contemplaba a sus hermanas, que reían mientras aprendían una danza tradicional junto a otros adolescentes de la familia.

No podía dejar de sonreír al verlas tan felices.

—Ya casi no hablas con nosotros, hermano.

Miguel siguió la dirección de su mirada.

—Ahora todo tu tiempo lo dedicas a espiarla.

Nikolais sonrió apenas.

—No la estoy espiando... solo la cuido.

Miguel soltó una carcajada.

—¿Con toda la seguridad que hay aquí? No me vengas con ese cuento. Estamos tan lejos de la ciudad que lo único peligroso que puede aparecer es algún zorrito del bosque... y dudo mucho que quiera hacerle daño.

Nikolais no apartó la vista de Ángela.

—No me importa. Igual haré mi parte.

Después cambió de tema.

—¿Cómo has estado?

—Muy bien.

Miguel sonrió.

Luego señaló discretamente a una pareja que caminaba por el jardín.

—¿Quién es la chica que viene con Jonathan?

Nikolais volvió la vista hacia ellos.

—¿No lo sabías? Claro... hace mucho que estás fuera del país.

Miguel sonrió.

—Llevan un tiempo saliendo.

Hizo una pausa antes de bromear.

—No es tan bonita como tu novia... pero también es linda.

Nikolais soltó una pequeña risa.

—¿Y qué tiene que ver Ángela?




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