Crown, Love And A Cup Of Coffee.

67. Amor

Lectores queridos, no soy de escribir párrafos empalagosos Pero les espera algo así hahahaha, así que ya saben. Gracias por mantenerse leyendo esta alocada historia, me agrada saber que hay alguien que sigue aquí todavía. Gracias!!!!!

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Ángela observaba por la ventana de su habitación, contemplando cada detalle de aquel nuevo paisaje. Las regaderas automáticas despertaban para dar vida al césped; el canto de los pájaros se mezclaba con el suave murmullo del viento que hacía danzar las ramas de los árboles. El aire frío de Dinamarca entraba por la ventana entreabierta, mientras el silencio del palacio envolvía todo con una tranquilidad que todavía le resultaba extraña.

No sabía si había tomado la decisión correcta la noche anterior, cuando el rey y la reina le hicieron aquella propuesta. Sin embargo, estaba convencida de que era lo mejor para ella, para su madre, para sus hermanas y, sobre todo, para su matrimonio.

Comprendía que era el precio de comenzar una nueva vida. Vivir lejos de República Dominicana, formar parte de otra nación y renunciar oficialmente a su bandera eran sacrificios enormes. Solo de pensarlo sentía un nudo en la garganta.

¿Valía la pena?

Sí.

Aunque le doliera en lo más profundo del alma, sabía que lo hacía por quienes más amaba. Por su madre, por sus pequeñas hermanas y por los hijos que algún día soñaba tener junto a Nikolais.

—¿Cariño?

—¡Nikolais! —lo llamó sin apartar la vista de la ventana.

Él se levantó de la cama y caminó rápidamente hasta colocarse a su lado.

—¿Qué sucede, mi amor?

Ángela señaló hacia el jardín.

—Mira lo que está haciendo Darleni.

Nikolais siguió la dirección de su dedo y abrió los ojos al descubrir a Darleni besándose con Joshua II.

Sin decir una palabra, se puso un pantalón y una camisa a toda prisa antes de salir por la puerta que comunicaba con el jardín.

—¡Joshua II! ¿Qué estás haciendo? —preguntó frunciendo el ceño cuando llegó hasta ellos—. ¡Explícame, Darleni!

—Tío Nikolais, perdón. No es culpa de ella —respondió el muchacho, colocándose delante de la joven como si quisiera protegerla.

—Los dos tienen responsabilidad. Los vimos desde la ventana; tu hermana también.

Darleni levantó la vista y encontró a Ángela observándola desde arriba, con los brazos cruzados y un gesto serio.

—Ángela está molesta. ¿Crees que hacer sentir mal a tu hermana está bien?

—Lo siento —susurró avergonzada.

—Ve con ella ahora mismo. Escúchala y deja que te aconseje.

Darleni obedeció de inmediato.

Nikolais volvió la mirada hacia Joshua.

—Sé que sienten algo el uno por el otro, pero todavía son muy jóvenes.

—Lo sé, tío... pero nos gustamos.

—¿Y qué creen saber del amor a los quince y dieciséis años?

Joshua bajó la cabeza.

—Entonces... ¿qué debemos hacer?

—Esperar. Darleni tiene quince años y tú dieciséis. Cada etapa tiene su tiempo. Ella no va a desaparecer por esperar un poco más. Pero si empiezan a apresurar las cosas, podrían terminar tomando decisiones de las que luego se arrepientan.

Joshua II asintió con sinceridad.

—Tiene razón. Esperaré el tiempo que sea necesario.

La expresión de Nikolais se suavizó.

—¿De verdad te gusta?

El muchacho sonrió y volvió a asentir.

—Con razón no querías irte del palacio de Holstein. Fue allí donde se conocieron, ¿verdad?

—Sí.

Mientras tanto, Darleni llamó suavemente a la puerta de la habitación antes de entrar.

Ángela permanecía sentada sobre la cama con los brazos cruzados.

—Ángela...

La adolescente caminó despacio hasta ella y tomó asiento a su lado.

—Mi niña, ¿por qué haces eso? Sabes que todavía no es el momento.

—Perdóname.

Ángela la abrazó con cariño.

—No quiero que la gente empiece a hablar mal de ustedes. Solo quiero que te cuides.

—Lo haré. Te lo prometo.

—¿Cómo se llama ese muchacho?

—Josh. Es el hijo del príncipe Joshua. Lo conocí en el otro palacio porque habla español. Nos hicimos amigos... y después me confesó que yo le gustaba. Poco a poco terminó conquistándome.

Ángela soltó una pequeña risa.

—Enamorarse no tiene nada de malo. Lo importante es saber esperar y hacer las cosas correctamente.

—Lo entiendo.

En ese momento, Nikolais entró en la habitación.

—Perdón... ¿interrumpo una conversación entre hermanas?

Ángela sonrió.

—Supongo que le estamos dando el mismo consejo que tú le diste a Josh.

Nikolais tomó asiento junto a Darleni.

—Exactamente. No tienen por qué apresurar nada. Disfruten esta etapa y esperen el momento adecuado.

—Pero cuando ustedes regresen a República Dominicana ya no estaremos cerca...

—Justamente sobre eso quería hablarles —la interrumpió Nikolais—. Si Ángela acepta el título y nos casamos, tendremos que vivir aquí. Regresaremos a República Dominicana, sí, pero solo de visita. Ustedes permanecerán en Dinamarca.

Ángela miró a su hermana.

—Con todo lo que está ocurriendo, creo que será mejor que viajes con nosotros cuando llegue el momento del juicio.

—Ya hablé con Josh —respondió Darleni—. Me dijo que esperará el tiempo necesario.

—Me alegra escucharlo —dijo Nikolais sonriendo—. Mientras nosotros estemos fuera, quiero encargarte algo importante.

La muchacha lo observó con curiosidad.

—Quiero que cuides de Darling y de tus dos cuñadas.

Darleni sonrió con entusiasmo.

Ángela negó con la cabeza entre risas.

—No creo que Darling quiera una niñera.

Los tres rieron.

—¿Y cuándo se van? —preguntó Darleni.

—Todavía no lo sabemos —respondió Nikolais—. Estamos esperando respuesta del último correo.

—Entonces escríbeles otra vez. Ya sabes cómo trabaja esa fiscalía.

—Lo haré.

Darleni salió de la habitación, dejándolos nuevamente solos.




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