Crown, Love And A Cup Of Coffee.

68. Juicio y boda

Alisa llamó varias veces a la puerta de la habitación de Nikolais.

El joven, que descansaba junto a Ángela abrió lentamente los ojos al escuchar los insistentes golpes. Miró el reloj sobre la mesa de noche y abrió los ojos con sorpresa.

—¡Por Dios! Son las tres de la tarde...

Una sonrisa divertida apareció en su rostro. El tiempo se les había escapado entre conversaciones, risas y planes para el futuro.

Se levantó, acomodó rápidamente su ropa y caminó hasta la puerta.

Al abrir, se encontró con Alisa, que esperaba con los brazos cruzados y una expresión impaciente.

—Les ayudaré a preparar su boda. Quiero hacer algo grande antes de irme a República Dominicana.

Nikolais frunció el ceño.

—¿A qué te refieres? ¿Cuándo te vas?

—El mes que viene.

—Ángela y yo ni siquiera hemos puesto fecha para la boda, Alisa. No puedes irte dejándonos con las invitaciones en las manos.

Su hermana soltó una carcajada.

—¡Tontito! Estoy diciendo que quiero ayudarte a planear la boda. Aunque, pensándolo bien, eso debo hablarlo con Ángela, no contigo. ¿Qué sabes tú de flores, vestidos y decoración?

Nikolais negó entre risas.

—Ya entendí. Perdón. Es que tengo mucha hambre. De todos modos, no vamos a casarnos solo porque tú quieras tener privacidad con tu novio.

—¡Tarado! No es por eso. Recuerda que Gabriel es teniente y dejó la base militar.

—No la dejó sola. Rafael y Diego quedaron a cargo. Además, regresaremos cuando sea el juicio. Gabriel también está trabajando conmigo, así que no tendrá problemas.

Alisa guardó silencio unos segundos antes de hablar con más seriedad.

—¿Y si se casan antes de volver a República Dominicana? Así Ángela deja ese asunto atrás de una vez. ¿De verdad crees que querrán obligar psicológicamente a una princesa a recordar algo tan doloroso?

Nikolais se quedó pensativo.

—¿Crees que eso haría alguna diferencia?

—No se trata de tener piedad. Se trata de respetar a una alteza real. Créeme, pensarán dos veces antes de hacer algo que pueda perjudicarla.

El príncipe asintió lentamente.

—Déjame vestirme. Después hablaré con Gabriel.

—Y dile a Ángela que la espero en el jardín, al lado derecho del palacio.

Nikolais cerró la puerta y regresó a la habitación.

Se sentó al borde de la cama y acarició suavemente el hombro de su prometida.

—Cariño... Alisa te está esperando en el jardín. Quiere empezar a planear la boda.

Ángela abrió los ojos lentamente.

—¿Pero todavía ni siquiera tenemos una fecha?

—Hablaré con Gabriel. Dependiendo del día del juicio, fijaremos la fecha. Quiero casarme contigo antes de regresar a República Dominicana.

Ella lo miró con curiosidad.

—¿Por qué tanta prisa?

Nikolais bajó la mirada unos segundos.

—Porque no quiero que tengas que revivir todo aquello. Sé que harán lo posible para que recuerdes.

—No creo que exista una forma de hacerlo.

—Sí la hay. Existen métodos que pueden despertar recuerdos a través de sueños o asociaciones. No quiero que pases por algo así. Me niego.

Le dio un beso en la mejilla antes de continuar.

—Mira a Diego. A veces parece estar bien, pero luego se encierra y se deprime. Las chicas me contaron que ha tenido varias pesadillas. Desde hace unos días comenzó a visitar al psicólogo real.

Ángela abrió los ojos con preocupación.

—¿Por qué no me lo habías dicho?

—Porque bastante tienes ya con tus propios problemas. Además, sé que saldrá adelante. Es un muchacho fuerte y Alexander está pendiente de él. Creo que lo mejor es que permanezca aquí durante los tres meses de la visa. Estoy seguro de que su madre estará de acuerdo.

Ángela asintió.

—Yo también lo creo.

Nikolais volvió a sentarse junto a ella.

—Sé que quieres saber qué pasó antes del accidente.

Ella respiró profundamente.

—No es exactamente curiosidad... Es un vacío. Siento que olvidé algo muy importante.

Nikolais tomó una de sus manos.

—Y tienes derecho a saberlo. Esa historia te pertenece. Pero no quiero apresurar ese momento. Primero quiero que llegue nuestra boda y que puedas liberarte por completo de Adalia.

Ángela frunció ligeramente el ceño.

—¿Adalia?

Él suspiró.

—La señora Mercedes tenía razón cuando dijo que era una vieja amiga... pero fue una amiga que terminó traicionándote. Muchas de las cosas que sufriste ocurrieron por culpa de ella.

La tristeza apareció en el rostro de Ángela.

Nikolais la abrazó con delicadeza.

—Ojalá nunca tuvieras que recordarla. Pero cuando llegue el momento de contar tu historia, necesitarás conocer toda la verdad.

Ángela apoyó la cabeza sobre su hombro.

—Gracias.

—Y gracias a ti por confiar en mí, incluso sin recordar cómo comenzó nuestra historia.

Le dio un beso en los labios y sonrió.

—Hablaremos de todo eso más adelante.

Mientras él entraba al baño para terminar de arreglarse, Ángela abrió el armario y sacó su vestido azul celeste favorito. Se vistió despacio, observándose unos segundos frente al espejo.

Tal vez aún no recordaba muchas cosas... pero poco a poco estaba aprendiendo a sentirse ella misma otra vez.

Cuando Nikolais salió del baño, ella ya estaba lista.

—Hablamos más tarde.

Él sonrió.

—Te estaré esperando.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.