Crown, Love And A Cup Of Coffee.

69. Nuevamente a la realidad.

Ángela quedó fascinada con los preparativos de la boda de sus sueños. Aunque sabía que no sería ella quien organizara cada detalle, había elegido todo tal y como alguna vez lo imaginó cuando apenas era una niña.

Después de todo, casi todas las niñas sueñan alguna vez con caminar hacia un altar vestidas de blanco; con tener un día en el que todas las miradas estén puestas sobre ellas y celebrar la unión con el amor de su vida.

¿Quién no querría vivir un momento así?

Sin embargo, antes de ese gran día tendrían que viajar a República Dominicana para asistir al juicio. Ya no había tiempo para casarse antes, como habían planeado inicialmente, y aquello preocupaba profundamente a Nikolais.

Lo único que esperaba era que ese viaje no hiciera sufrir nuevamente a Ángela.

Según la madre de la joven, los noticieros seguían hablando del caso. Durante los últimos días, Adalia había anunciado, por medio de su abogado, que se declararía culpable y que buscaría llegar a un acuerdo con la fiscalía. Esa decisión podía jugar a su favor y reducir considerablemente la condena.

Su defensa insistía en que ella no había actuado como cómplice, sino que había ayudado a Luis porque estaba siendo amenazada y temía por la seguridad de su familia. Aquellas declaraciones habían sido publicadas en varias entrevistas y ya circulaban por todo el país.

Pero ni Nikolais ni Gabriel creían una sola palabra de esa historia.

Para ellos, lo único importante era sacar definitivamente a esa mujer de sus vidas y poder regresar a República Dominicana sin seguir cargando con aquella pesadilla.

—Entonces, ¿cuándo se van? —preguntó la reina mientras tomaba tranquilamente su té.

Como de costumbre, a Ángela le habían servido una taza de café. En esta ocasión, Nikolais también decidió acompañar a su madre con una taza de té.

—Mañana. El juicio empieza el martes, pero preferimos llegar un día antes. Será una jornada muy agotadora para todos y quiero que salgamos de casa con la mente tranquila —respondió Nikolais.

Marbella comenzó a cortar una manzana en pequeños trozos.

—Dejen a las niñas aquí. Todavía no se cumplen los tres meses de la visa y, además, están felices con las hijas de Joshua. Nunca había visto a mis sobrinas disfrutar tanto de unas niñas que conocieron hace tan poco tiempo.

Por un instante, a Nikolais le vino a la mente la escena que había descubierto entre Darleni y Josh. Sin embargo, decidió guardar silencio.

Todavía no era el momento de hablar de aquello.

—Ellas se quedarán. Pero debemos llevarnos a Dieguito; es un testigo importante y tendrá que declarar si el tribunal lo considera necesario.

La reina bajó la mirada con tristeza.

—Es una pena que un muchacho tan joven tenga que pasar por algo así.

—Sí... lo es.

Nikolais terminó su té y se puso de pie.

—Voy un momento con mi padre para hablar del viaje.

Se inclinó para besar a su madre en la mejilla y luego hizo lo mismo con Ángela antes de salir.

Marbella sonrió al mirar a la joven.

—¿Ya quedaron listos los preparativos de la boda?

Ángela no alcanzó a comprender la pregunta.

Alisa intervino enseguida.

—Mi madre pregunta si ya terminaron de organizar la boda.

Luego respondió por ella.

—Claro que sí. Ángela tiene muy buen gusto. Será una boda preciosa.

—Ya quiero verla —comentó Marbella con ilusión.

—Tendrán que esperar un poquito más.

La reina volvió a mirar a Alisa.

—¿Ángela ha recordado algo?

—No lo suficiente para el caso. Según Gabriel, como ella no recuerda los hechos y Adalia decidió declararse culpable, probablemente lleguen a un acuerdo. No sé exactamente cómo funciona el sistema judicial en República Dominicana, pero espero que todo termine pronto.

Marbella asintió lentamente.

—Entonces falta muy poco.

—Eso esperamos —respondió Alisa.

Ángela sonrió y se acercó para sentarse al lado de la reina.

Mientras tanto, Nikolais entró en la oficina de su padre.

Le explicó con calma las novedades del caso.

El rey suspiró profundamente y cruzó los brazos.

—Tu novia no recuerda nada. Eso puede ser peligroso. Esa mujer podría inventar cualquier historia y muchos terminarían creyéndola.

—Papá, recuerda que Ángela tiene un testigo. Diego declarará si es necesario. Él puede confirmar todo lo ocurrido.

Nikolais dejó escapar un largo suspiro.

—El problema es que ahora dicen que Adalia se declarará culpable. Ya prácticamente no habrá un juicio como tal; solo presentarán las pruebas para que el tribunal dicte sentencia. Encima quiere llegar a un acuerdo diciendo que ella también fue una víctima.

Negó con la cabeza.

—Ni ella misma se cree esa mentira —Nikolais tocó dos veces la madera de la mesa del rey y respiró hondo.

El rey arqueó las cejas.

—¿Y por qué decidió hacerlo justo ahora?

—No lo sé —El joven tomo una estatuilla que había en la mensa y la observo sin prestar atención a su figura —. Supongo que su abogado encontró la mejor estrategia posible —Dicho esto soltó la estatuilla poniendo la mano en su cintura, estaba completamente indignado por la situación.

Se dejó caer sobre el respaldo del sillón mirando hacia el techo.

—Yo solo quiero que esto termine, papá. De verdad... ya quiero que todo esto acabe.

El rey se levantó y le dio una palmada en el hombro.

—Y terminará. Ten paciencia.

Ambos salieron juntos de la oficina y caminaron hacia la sala donde las mujeres seguían conversando mientras disfrutaban del té.

La tarde transcurrió más rápido de lo que imaginaron.

A las seis en punto de la mañana siguiente sonó la alarma.

Nikolais abrió los ojos con desgano.

No tenía deseos de levantarse.

Ángela, en cambio, ya estaba despierta. Incluso se había levantado unos minutos antes para comenzar a preparar la maleta.

Él la observó durante unos segundos.




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