Crown, Love And A Cup Of Coffee.

70. Lo que viene

Ambos salieron de la habitación y los criados se encargaron de bajar las maletas.
Cuando llegaron al vestíbulo, Gabriel ya los esperaba para despedirse del rey y la reina antes de partir.

Tras un largo abrazo y un beso de despedida a Alisa, Gabriel subió al vehículo junto a Ángela, Diego y Nikolais. Robin iba al volante.

—No estarán mucho tiempo en República Dominicana. De hecho, creo que en menos de cuatro días todo habrá terminado. El juicio comienza el martes, aunque antes tienen una entrevista con la prensa.

—¿Una entrevista? —interrumpió Nikolais, frunciendo el ceño.

—Sí. En realidad es conveniente. La gente podrá ver el estado emocional de Ángela. Además... ¿has visto todas las entrevistas que ha dado esa mujer? Parece una celebridad.
Robin negó con desaprobación.

—Qué horrible que le den fama a alguien así.

Diego permanecía profundamente dormido durante el trayecto hacia el aeropuerto. Viajarían en el avión privado de la familia real.

Gabriel continuó:
—Y lo peor es que mucha gente cree que ella realmente es una víctima. Incluso dicen que Luis no debió morir, que la policía abusó de su autoridad y que debieron negociar con él.

Nikolais soltó un suspiro incrédulo.
—¿No me habías dicho que intentaron llegar a un acuerdo?

—Lo intentaron, pero Luis nunca aceptó. Solo quería escapar con Ángela. Ya no había otra opción. Era él... o ella. El victimario o la víctima.

Nikolais miró por la ventana unos segundos antes de responder.

—Y yo habría escogido a Ángela mil veces. Puede sonar cruel, pero me alegra que ese hombre esté muerto. No habría soportado verlo sentado frente a mí en un juicio.

Gabriel negó con la cabeza.
—Hablas como alguien muy cruel.

Nikolais se encogió de hombros.
—Tal vez... pero fui yo quien pasó noches enteras pensando que Ángela iba a morir.

El vehículo se detuvo frente al avión.
Robin ayudó a despertar a Diego y todos caminaron hacia la aeronave.
—Nos vemos de este lado —se despidió Robin.

Nikolais lo abrazó con fuerza.
—Como muy tarde el viernes estaremos de regreso. Y celebraremos juntos.

—Eso espero.
Robin volvió al automóvil mientras el resto subía al avión.

Ya acomodado en su asiento, Nikolais volvió al tema.
—Entonces... entrevista, juicio...

—Y después podrán regresar a Dinamarca —añadió Gabriel—. Antonia ya terminó el trámite de la visa, así que viajará con ustedes cuando regresen.

Nikolais volvió a fruncir el ceño.
—¿De verdad es necesaria otra entrevista?
Gabriel soltó una pequeña risa.

—Ya sabes cómo es la prensa dominicana. Dicen que ustedes son muy altaneros porque nunca aparecieron en la primera.

Ángela abrió los ojos con sorpresa.
—¿Altaneros?

—¡Por Dios! —protestó Nikolais—. Estamos hablando de la salud mental de Ángela. ¿Qué esperan que digamos frente a una cámara?

Gabriel simplemente se encogió de hombros.
—La gente es extraña.

El vuelo transcurrió sin novedades. Horas después aterrizaron en el Aeropuerto Internacional de Las Américas, en Santo Domingo.

Apenas bajaron del avión y caminaron hacia la zona de equipajes, una multitud de fotógrafos y camarógrafos apareció desde la sala de espera.
Los flashes comenzaron a iluminar el lugar.
Ángela sintió un nudo en el estómago.

Aquello era parecido a lo que había vivido en Dinamarca, pero esta vez era diferente. Ahora todas aquellas cámaras parecían recordar el juicio que estaba por comenzar.

Instintivamente se acercó un poco más a Nikolais.
Al otro lado del área de espera, Antonia levantó un cartel para llamar su atención.
Mientras tanto, Diego, Gabriel, Rafael y uno de los agentes formaron un pequeño cordón para impedir que los periodistas se acercaran demasiado.

—¡Por fin llegaron! —exclamó Antonia apenas estuvieron cerca.

Con delicadeza le retiró el gorro a su hija para revisar la herida de su cabeza.
—No te preocupes. Ha recibido los mejores cuidados —comentó Nikolais.

Antonia abrazó a Ángela con fuerza.
Luego miró a Diego.
—Dieguito, tu mamá está desesperada por verte.
El muchacho sonrió.
—Yo también quiero verla.

Al llegar a la residencia, varios periodistas aguardaban frente al portón principal.
Las cámaras volvieron a dispararse mientras el vehículo esperaba autorización para entrar.
Minutos después, el automóvil se detuvo frente a la mansión.

—¡Dios mío! Ya estaba desesperada.
La madre de Dieguito prácticamente corrió hasta abrazar a su hijo. Sus hermanas hicieron lo mismo entre lágrimas y sonrisas.

Ángela observó la escena con una sonrisa.
Después saludó a varios empleados de la casa, quienes la recibieron con evidente alegría.

—¿Y la señora Mercedes no vino? —preguntó una de las criadas.

Ángela sonrió.
—Esa mujer decidió quedarse disfrutando de Dinamarca por una temporada —Las mujeres quedaron satisfecha con la respuesta y entraron a la sala.

Subió lentamente las escaleras hasta su habitación.
Al entrar, encontró todo exactamente igual a como lo había dejado. Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Hogar, dulce hogar...

Se dejó caer sobre la cama.
Pocos segundos después entró Nikolais.
Se quitó los zapatos y se dejó caer a su lado.

—Madre mía... qué cansancio.

Suspiró mirando el techo.
—Ángela... ¿cuándo podremos ser felices sin preocuparnos por nada?

Ella volvió la cabeza hacia él.
—No lo sé.

—Espero que no sea demasiado tarde. Ya siento que me estoy poniendo viejo.

Ángela soltó una risa.
Sin embargo, apenas se incorporó, un fuerte mareo la obligó a correr hacia el baño.
Nikolais se levantó inmediatamente.

—¡Amor! ¿Qué pasa? ¿Estás bien?
Ella asintió mientras recuperaba el aliento.
Nikolais cambió rápidamente las sábanas que se habían ensuciado.




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