Ángela salió del juzgado en brazos de Nikolais, envuelta en un mar de lágrimas.
Todos entendían por qué lloraba. Hasta ese momento ella no conservaba aquellos recuerdos y, para su mente, cinco años de prisión parecían una condena demasiado dura para una amiga a la que alguna vez quiso profundamente.
Pero la verdad era otra.
Ángela lo había recordado todo.
Mientras escuchaba el testimonio de Dieguito sintió como si cada palabra fuera despertando lentamente su memoria, masajeando cada rincón de su cerebro. Sin embargo, fue el desgarrador llanto de Adalia lo que terminó de romper el muro que mantenía ocultos aquellos recuerdos.
De pronto volvió a verse encerrada.
Recordó las veces que lloró hasta quedarse sin voz, cuando le suplicaba desesperadamente a su mejor amiga que se arrepintiera antes de que fuera demasiado tarde. Recordó el terror de quedarse sola con Luis, los golpes, las amenazas, el miedo constante de morir... y el dolor que sintió al comprender que Adalia nunca pensó realmente en salvarla.
Aquellas imágenes regresaron todas al mismo tiempo.
—Cálmate, Ángela... ya pasó. Y créeme, ella ya está pagando por lo que hizo.
Ángela negó con la cabeza entre sollozos.
—Lo recuerdo, Nikolais... lo recuerdo todo.
El príncipe abrió los ojos con sorpresa.
—¿De verdad?
—Me duele... me duele mucho. No quiero sentir esta pena.
Lo abrazó con todas sus fuerzas mientras los fotógrafos y camarógrafos intentaban detener al grupo que caminaba apresuradamente hacia los vehículos.
Nikolais cerró los ojos un instante.
Había esperado que ese momento nunca llegara.
Sabía que recuperar la memoria significaba abrir heridas que nunca habían cicatrizado; simplemente habían permanecido escondidas.
—Será mejor darle un tranquilizante para que pueda dormir —comentó Gabriel mientras abría la puerta del vehículo.
Ángela entró primero.
Después subió Diego y, por último, Nikolais, quien inmediatamente volvió a rodearla con sus brazos.
—Todo empezará a cambiar... te lo prometo.
Pero Ángela rompió a llorar nuevamente.
—¡No quiero volver a la casa! ¡No quiero! ¡No quiero!
Su voz estaba llena de desesperación.
Aquella mansión era el lugar donde todo había comenzado. Ahora que recordaba cada detalle, sentía que volver allí era regresar al mismo infierno.
—Está bien, amor... está bien.
Nikolais acarició su cabello.
—Antonia, vayan ustedes a la mansión con Rafael. Nosotros iremos a otro lugar.
La madre de Ángela negó con la cabeza.
—Quiero estar con mi hija. Llévame donde ella vaya.
Subió al automóvil y minutos después llegaron al mismo hotel donde Alisa se había hospedado la primera vez que visitó República Dominicana.
Ángela entró lentamente en la habitación.
Cada rincón despertaba un recuerdo diferente.
Era como si todos hubieran estado esperando el momento exacto para regresar.
Entró al baño apresuradamente y apoyó el rostro sobre el lavamanos intentando controlar el llanto.
Nikolais llegó detrás de ella.
Con delicadeza la abrazó y la apartó del lavabo.
—Ven conmigo.
La llevó hasta la cama y le dio el medicamento para tranquilizarla.
Pocos minutos después, el sueño comenzó a vencerla.
—Definitivamente... este es el peor día de nuestras vidas —murmuró Dieguito mientras se sentaba al borde de la cama.
—Lo sé.
Nikolais levantó la vista hacia la madre del muchacho.
—Él volverá con nosotros a Dinamarca. Será mejor que permanezca los tres meses de la visa allá.
La mujer asintió.
—Mientras tanto, usted puede quedarse en la mansión con sus hijas. Hay habitaciones de sobra.
—Gracias.
—Prometo cuidar de Diego como si fuera de mi propia familia.
La mujer sonrió con gratitud.
—Lo sé, Nikolais.
Diego abrió apenas un ojo.
—Mamá... es un príncipe. Debes decirle "Alteza Real".
Nikolais soltó una pequeña risa.
—No hace falta. Ni tú tampoco.
Miró a ambos con sinceridad.
—Ustedes ya forman parte de esta familia.
Los ojos de la mujer comenzaron a humedecerse.
—Muchas gracias... De verdad. Usted ha sido muy bueno con nosotros desde aquel día.
—Es lo menos que puedo hacer. Diego sufrió mucho... y gracias a él fue posible completar el rescate.
El cansancio comenzó a vencer también a Nikolais.
Bostezó lentamente.
—Los dejaré descansar —dijo la madre de Diego mientras se levantaba—. Iré a preparar la ropa de mi hijo.
—Ve tranquila. Yo quiero quedarme un rato más con Ángela.
La mujer salió de la habitación y encontró a Gabriel hablando por teléfono con Alisa.
—¿Quién iba a imaginar que justamente el último día de todo esto ella recuperaría la memoria?... Sí... recordó absolutamente todo.
La madre de Diego pasó junto a él.
—Me voy a la mansión.
—Espera un momento.
Gabriel señaló hacia el pasillo.
—Rafael está afuera. Él la llevará.
La mujer agradeció y continuó su camino.
Mientras tanto, en Dinamarca, Alisa caminaba de un lado a otro de la habitación mientras hablaba con Gabriel. Las niñas la observaban preocupadas.
—Me imagino lo difícil que debió ser todo eso... —susurró ella.
Gabriel apoyó la espalda contra la pared.
—Ahora sí va a necesitar mucha ayuda psicológica. Ni siquiera quiso regresar a la mansión porque todo le trae malos recuerdos.
—Qué triste...
Darleni se acercó inmediatamente.
—¿Cómo está mi hermana?
Alisa acarició su cabello.
—Mañana regresaremos temprano. Nikolais canceló la entrevista con la prensa. Dice que Ángela contará su historia únicamente cuando ella se sienta preparada.
Gabriel sonrió levemente.
—Y tiene razón. Solo ella decidirá cuándo hacerlo.
Guardó unos segundos de silencio antes de continuar.
—Ese hombre destruyó gran parte de su vida. Nadie puede obligarla a hablar antes de tiempo.
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Editado: 16.07.2026