En la mañana, Ángela despertó temprano sintiendo que la habitación le daba vueltas y vueltas. Miró por la ventana y se apoyó en ella. Nikolais abrió los ojos y, al verla en ese estado, se levantó de inmediato. Caminó hacia ella y la abrazó por la espalda.
—Amor, buenos días. Ya terminaste de planear con Alisa; ahora te toca planear conmigo.
—¿Qué hay que planear? —preguntó ella sin entender.
—Nuestra boda. ¿De verdad la quieres en el palacio de Holstein o en el palacio de Schleswig, donde viviremos?
—Nunca he ido al palacio de Schleswig, así que no podría decidirlo.
—Queda muy lejos de la ciudad. Es el palacio que la familia escoge para ir de vacaciones. Realmente es un paraíso, pero después de eso siempre permanece casi vacío, solo con mi tía Yanet y sus veinticinco sirvientes... todos varones.
—¿Todos hombres?
—Sí, pero no te preocupes, mi tía ya es una anciana. Los eligieron porque el palacio está muy cerca del bosque; de hecho, el bosque queda justo detrás y, a veces, entran...
—Entonces no quiero vivir allí.
Nikolais sonrió.
—Eso sucede porque solo hay veinticinco empleados. Si nos mudamos para acompañar a mi tía abuela, solo tendremos que contratar más personas. Incluso será bueno; ahora mismo mis fábricas no tienen nuevas vacantes, así que abrir otra fuente de empleo ayudará a muchas familias, sobre todo a la gente del pueblo.
—Está bien, contrata más personas entonces. ¿Cuántas habitaciones tiene? Sabes que, si está tan lejos como dices, habrá que darles alojamiento a los nuevos empleados.
—Hay un pueblito cerca del palacio. Literalmente parece sacado de un cuento. El pueblo está en la entrada de Schleswig y el palacio al final, justo antes del bosque. Después del bosque está el mar. No recuerdo cuántas habitaciones tiene porque solo vamos de vacaciones, pero es más pequeño que Holstein.
—Bueno... Holstein parece tener...
—Ochenta y tres habitaciones. Aparte del inmenso salón de fiestas, la cocina, la sala, la antesala, el comedor y, si se puede contar, la galería. Hablando de la galería... hoy iremos allí.
—¿A qué?
—A una cita. Quiero revivir nuestra primera cita. Han pasado demasiadas cosas y necesito tener un momento romántico contigo.
—¿Mejor que el de anoche?
—¡Ah! Yo tenía sueño y tú estabas un poco congestionada por el cambio de horario.
—Anoche pensé que ya estamos viejos.
Nikolais sonrió. Ángela le dio un beso en la mejilla y fue al baño. Se duchó, se vistió con ropa cómoda y esperó a que su novio terminara de arreglarse. Después salieron juntos hacia la sala.
—¡Nikolais, volviste! —exclamó Alexander al verlo.
—Sí. Anoche ustedes no estaban.
—Ángela, querida... —El joven le dio un beso en la mejilla.
Ella lo observó con más atención. Se parecía un poco a Nikolais, aunque era mayor y tenía un aire juvenil.
—Anoche estuvimos en mi graduación.
—¡Oh, por Dios! Me la perdí —murmuró Nikolais decepcionado.
—No te preocupes. Ya oficialmente soy doctor.
—Eso me alegra mucho. Ángela, él es doctor.
—¿Doctor? ¿Qué edad tiene? —preguntó ella sorprendida.
—Muchísimo —respondió Alexander.
Los tres soltaron una carcajada y pasaron al comedor para desayunar. Allí estaban la mayoría de los hermanos de Nikolais y también los tres adolescentes. Ángela saludó uno por uno, tal como había hecho Gabriel la primera vez, y finalmente abrazó a la reina con una sonrisa.
Por la tarde, Robin llevó al grupo al palacio de Holstein. Los adolescentes fueron a la playa con los demás jóvenes de la familia real, mientras Ángela y Nikolais permanecieron un buen rato pescando en un pequeño lago cercano al castillo.
Al poco tiempo llegó uno de los criados.
—Alteza, la galería ya está preparada.
El marinero los llevó hasta la orilla y caminaron juntos hasta el castillo.
Ángela se quitó las botas antes de entrar.
—¿Te gustó pescar? —preguntó Nikolais.
—Sí, mucho. Me gusta. Es divertido... aunque tocar los peces me da un poco de asco.
Él soltó una risa.
—En el palacio de Schleswig hay un lago muchísimo más grande que este. Si este castillo estuviera en medio de aquel lago, casi ni se notaría.
—¿No es peligroso?
—Para nada. Yo he nadado allí muchas veces. Solo tiene muchísimos peces y a veces te asustan cuando se acercan. Lo único malo es en temporada de lluvias; entonces sí es peligroso navegar.
—Está bien... ¿Qué pasa? ¿Y eso para qué es?
—Ya conoces la regla. Cuando tengo una sorpresa para ti...
—Debo cerrar los ojos... aunque ya sé que es.
—No está preparado igual que la última vez, así que seguirá siendo una sorpresa.
Nikolais le cubrió los ojos con una tela y la condujo lentamente hasta la galería.
Cuando estuvieron frente al lugar, retiró la venda.
—¡Dios mío, Nikolais! ¡Qué exagerado! ¿Qué harán con todas estas flores?
Ángela caminó maravillada hacia el centro.
Una gran alfombra cubría el suelo. Encima había una canasta con frutas, panes, quesos y distintos platillos, rodeados de cientos de flores.
—¿Exageré? Un poco, sí. Pero la mayoría de las flores pueden volver a plantarse o llevarse al palacio. Ellos decidirán.
Le indicó que se sentara y luego tomó asiento a su lado.
—No podremos comer toda esta comida. Se desperdiciará.
—Lo sé. Por eso les avisé a las niñas que, cuando regresaran de la playa, vinieran aquí. Pero mientras tanto... comamos nosotros.
Ángela sonrió.
Miró todo a su alrededor, maravillada.
A veces le costaba creer cómo había cambiado su vida. Antes no tenía prácticamente nada y ahora solo debía pedir cualquier cosa para obtenerla.
Sin embargo, no quería convertirse en alguien que solo recibiera sin aportar nada.
Entonces recordó el título que había aceptado.
—Ya sé qué haré cuando tenga oficialmente el título.
—Cuéntame.
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Editado: 16.07.2026